Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Don Teodoro Llorente. Un poema suyo y una visita al monumento que le recuerda.

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Don Teodoro Llorente.

Un poema suyo y una visita al monumento que le recuerda.

 

“El monumento urbano es la tipología decimonónica por excelencia, por su difusión,
su variado desarrollo y las implicaciones artísticas y extra-artísticas que reúne.
Erigidos por concurso, encargo o suscripción, representan todos los valores del ciudadano porque,
además de constituir piezas indispensables del amueblamiento urbano sin las cuales la ciudad sería distinta,
engrandecen al hombre con el pasado o con las virtudes de otros, es decir, le definen socialmente y,
al mismo tiempo, proyectan su mensaje ejemplarizante.”
TIPIFICACIÓN  DE  LA  ESCULTURA  EN EL  S. XIX

 


Don Teodoro Llorente

Ayer fui a visitar el monumento escultórico que recuerda, en esta maravillosa ciudad de Valencia, al poeta valenciano don Teodoro Llorente Olivares. Podía haber ido a visitar la Ciudad de las Ciencias, cosa que aún no he hecho porque ni me interesan estos alardes que hacen las ciudades para atracción del turismo ni encuentro ningún elemento estético en el hormigón armado. Por eso, ayer, domingo que tenía para mi asueto, en vez de ir a dar solución a esta grave carencia mía de no haber ido aún a la Ciudad de las Ciencias, me fui a ver el memorial que digo.

Me doy cuenta de que, tanto la sencillez de los versos de don Teodoro como el academicismo del monumento que lo recuerda en Valencia se dan de bofetadas con el sentido actual de la estética.

Por eso, precisamente, los traigo hoy aquí a colación: porque, entre las vanguardias y el clasicismo, aunque sea decadente, me quedo con el clasicismo.

Sin más comentarios, dejo hoy aquí, unas fotos del mismo acompañadas de uno de sus poemas.

 

Testament

 

  Quan jo muiga, amada esposa,

si tu vius i no’t fa nosa,

tanca-m els ulls, tos espills!

Si es morta ma companyera,

lo que ella amorosa fera,

feu-ho vosaltres, mos fills.

 

De fe i humiltat en prova,

amortalleu-me ab la roba

del bon pare Sant Francés;

de corones i garlandes,

de creus, insignies i bandes,

vanitats! no m poseu res.

 

En les mans el Sant Rosari

vull portar; l’escapulari

del Carme penjat al pit;

i, com signe ben notori

del meu ditjós desposori,

l’anell d’or ficat al dit.

 

Quan me porten a la fossa,

davant, insignia gloriosa,

vaja ben alta la Creu;

si acompanyar-me’s dignaren

els que en vida m’estimaren,

tal favor els pague Déu.

 

Passeu-me per la Capella

de la Verge pura i bella,

patrona dels valencians;

i quan arribe a la porta,

canten en veu no molt forta

un responso els capellans.

 

Pera guardar més despulles,

baixant a terra les fulles

no planteu ningún ploró:

planteu un xiprer, que apunte

dret al cel, i al cel sen munte

com sen munta l’oració.

 

L’oració, que tota pena

conhorta, dolça cadena

que unix els vius i els difunts,

això, mos fills, vos demane:

que pregueu vos encomane

sempre agermanats i junts.

 

Pregueu a Déu que m perdone

i la santa gracia’m done,

ja que, indigne pecador,

si molt faltí en esta vida,

mon ànima malferida

sempre ha estat plena d’amor!

 

L’amor sant, divina essencia,

endolse vostra existencia,

donant-vos ditjes sens fi;

i quan, tranquila i confiada,

alceu al cel la mirada,

enrecordeu-vos de mi.

 

I vosaltres, els insignes

trovadors, més que jo dignes

del que m doneu dolç tribut,

per treure d’ell l’armonia

que jo encontrar no sabia,

prengau mon pobre llahut.

 

La Musa volguda i santa

que les glories patries canta,

mare amorosa, el posà

en les meves mans febroses

quan, coronada de roses,

del llarg somni despertà.

 

Més inspirats i més destres,

oh nobles amics, oh mestres

del Gai Saber triomfador!,

feu vibrar totes ses cordes,

cantant ab triples acordes

a Fe, la Patria i l’Amor.

 

Canteu la Fe, llum segura

que a l’humana criatura,

si enfosquix son seny el mal,

entre nuvolades negres

mostra’ls resplendors alegres

de son regne celestial.

 

Canteu la Patria; i si a terra

baixa l front, en mala guerra

ferit, digau a una veu

que aquell que la desampare,

fill bort de tant bona mare,

no tindrà perdó de Déu.

 

Canteu l’Amor, que agermana

tota la familia humana,

que entre tots partix el pa

i, en nostres vies asproses,

lliris entre carts, i roses,

a pomells esclatar fa.

 

I si la gloria vos dóna

la cobejada corona

d’un regnat que no té fi,

penseu quant ple d’alegria

jo en vostre front la voria,

i enrecordeu-vos de mi.

 

      

Cuando muera, amada esposa,

si vives tú y no te estorba,

cierra mis ojos, ¡tu espejo!

Si ha muerto mi compañera,

lo que ella, amorosa, hiciera,

hacedlo los hijos míos.

De fe y de humildad en prueba

amortajadme la ropa

del buen padre san Francisco;

de coronas y guirnaldas,

cruces, insignias ni bandas,

vanidad ¡nada ponedme!

En mis manos el Rosario

quiero llevar, el escapulario

del Carmen colgante al pecho;

y, cual signo bien notorio

de mi feliz desposorio,

el anillo de oro al dedo.

Y, llevándome a la fosa,

delante, insignia gloriosa,

bien alta vaya la Cruz.

Si a acompañarme se dignan

los que me amaron en vida,

Dios les pague tal favor.

Pasadme por la capilla

de la Virgen pura y bella,

patrona de valencianos;

y, cuando llegue a la puerta

con voz no fuerte me canten

responso los capellanes.

Para guardar mis despojos,

del que caigan a la tierra

las hojas, ninguno llanto

plantéis: plantad un ciprés

que apunte derecho al cielo

y que al cielo se remonte

como asciende una oración.

Esa oración que cosuela

la pena, dulce cadena

que une a vivos y difuntos;

esto, hijos míos, os pido:

que recéis os encomiendo

siempre hermanados y juntos.

Pedid a Dios me perdone

y me de la santa gracia

pues, indigno pecador,

si mucho pequé en la vida,

mi ánima malherida

siempre fue llena de amor.

Santo amor, divina esencia,

que endulce vuestra existencia

y que os dé dicha sin fin;

y cuando quieta y confiada,

al cielo alcéis la mirada,

haced recuerdo de mí.

Y, vosotros los insignes

trovadores que yo más dignos

del que me dais dulce don

para de él sacar la armonía

que yo encontrar no sabía:

coged mi pobre laúd.

La Musa querida y santa

que las glorias patrias canta

lo pone, madre amorosa,

en las mis manos fibrosas,

cuando, ornada de rosas

despierta de largo sueño.

Más inspirados y diestros

¡oh, amigos nobles! ¡maestros

del gayo saber triunfante!

haced que vibren sus cuerdas

y todas con acordes canten

la Fe, la Patria, el Amor.

Cantad la Fe: luz segura

que a la humana criatura

ofuscada por el mal,

entre los negros nublados

muestra el resplandor alegre

de su reino celestial.

Cantad la Patria: si a tierra

baja la frente en la guerra

herido, decidle a una sola voz

que aquel que la desampare

hijo de tan buena madre

no tendrá perdón de Dios.

Cantad al Amor que hermana

toda la familia humana

que parte el pan entre todos

y, en nuestras ásperas vías,

lirio entre cardos, y rosa,

estallar hace a las frutas.

Y si la gloria os otorga

la codiciada corona

de un reinado sin final

pensad con cuánta alegría

la vería en vuestra frente

y de mí haced recuerdo.

(Traducción: Carlos Muñoz-Caravaca Ortega)

 

He aquí algunos vínculos en los que se pueden hallar poemas de don Teodoro Llorente:

Poesía breve.

Magisteri Teatre – Mag Poesia.

La Barraca. Teodor Llorente.

La nova era.

Poesies triades.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

8 octubre, 2007 a 12:27

Publicado en Poesía

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