Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Apuntes para una reflexión sobre la "Educación de la ciudadanía"

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Sócrates

Para decirlo, pues, brevemente: los que cuidan de la ciudad han de esforzarse para que esto de la educación no se corrompa sin darse ellos cuenta, sino que, en todo, han de vigilar de modo que no haya innovaciones contra lo prescrito ni en la gimnasia ni en la música. Antes bien, deben vigilar lo más posible y sentir miedo si alguno dice:

la gente celebra entre todos los cantos
el postrero, el más nuevo que viene a halagar sus oídos.

Ni crean ni celebren que el poeta habla de cantos nuevos, sino de un género nuevo de canto. Porque ni hay que celebrar tal cosa ni hay que hacer semejante suposición. Se ha de tener, en efecto, cuidado con el cambio y con la introducción de una nueva especie de canto y hay que tener el convencimiento de que, con ello, todo se pone en peligro porque no se pueden remover los modos musicales sin remover, al mismo tiempo, las más grandes leyes.

Platón. La República.

[…] a no estar dotado de una naturaleza excepcional, no podrá ser, jamás, hombre de bien el que no hubiese empezado a jugar, de niño, entre cosas hermosas para seguir aplicándose, más tarde, a todo lo semejante a ellas y la indiferencia magnifica con que, pisoteando todos estos principios, no atiende, en modo alguno, al género de vida de que proceden los que se ocupan de política; antes bien, le basta para honrar a cualquiera con que éste afirme ser amigo del pueblo.

Platón. La República.

Y no da acogida a máxima alguna de verdad ni la deja entrar en su reducto si alguien le dice que son distintos los placeres que traen los deseos justos y dignos de los que responden a los deseos perversos, y que hay que cultivar y estimar los primeros y refrenar y dominar los segundos, sino que a todo esto vuelve la cabeza y dice que todos son iguales y que hay que estimarlos igualmente.

Vaciando, pues, de todo aquello el alma de su prisionero y purgándole, como a iniciado en grandes misterios, es entonces cuando introducen en él una grande y brillante comitiva en la que figuran coronados la insolencia, la indisciplina, el desenfreno y el impudor. Y elogian y adulan a éstos llamando buena educación a la insolencia, grandeza de ánimo al desenfreno y hombría al impudor.

 

Platón. La República.

Pues que el padre se acostumbra a hacerse a hacerse igual al hijo y a temer a los hijos y, el hijo, a hacerse igual al padre y a no respetar ni temer a sus progenitores a fin de ser enteramente libre […] eso y otras pequeñeces por el estilo: allí el maestro teme a los discípulos y les adula. Los alumnos menosprecian a sus maestros y, del mismo modo, a sus ayos y, en general, los jóvenes se equiparan a los mayores y rivalizan con ellos de palabra y de obra, y los ancianos, condescendiendo con los jóvenes, se hinchan de buen humor y de jocosidad imitando a los muchachos por no parecerles agrios ni despóticos.

Platón. La República.

Platón

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

25 septiembre, 2007 a 13:39

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