Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos

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La batalla de la llamada mafia rosa (conjunto de grupos de personas homosexuales organizados para convencer a la Humanidad de que esa orientación del apetito sexual es tan natural como la heterosexual) es una batalla que, junto a otras tales como la del feminismo o la del ateísmo (hoy tapado con la piel de cordero del laicismo) lleva décadas librándose sobre los tristes campos del siglo XX y forma parte de una guerra cuya finalidad es la derrota de los valores tradicionales de nuestra cultura, para crear un ser humano hecho conforme a las divagaciones intelectuales de la izquierda. Y, como tales valores tradicionales se anclan y tienen su base en el orden natural del Universo, al fin, tal pretensión de cambiar la forma de ser del ser humano no puede menos que ir contra la propia naturaleza del ser humano y, por ende, de acabar creando un ser humano más infeliz.

Comprendo que, dicho así, lo acabo de decir no deja de ser un aserto injustificado y que, con la misma justificación, es decir, con ninguna justificación, se podría decir lo contrario. Intentaré razonarlo.

Intentaré razonarlo desde el pensamiento biológico, no desde el moral, porque esta pobre gente entiende la moral (son palabras textuales que, en cierta ocasión me dijo una progre) como “el conjunto de normas que se han inventado los curas para fastidiar al personal”. No llegan ni a comprender que la Moral, en el fondo, no es sino “el conjunto de normas que la Humanidad ha ido descubriendo a lo largo de los milenios para conseguir el mayor grado de felicidad posible” y, esto, aunque a primera vista pueda parecer que tal o cual precepto moral coarta la libertad individual o produce, en un caso concreto, más infelicidad que felicidad. Pero la Moral es eso. Debe de ser eso. Si no fuera así, tendrían razón los progres: la finalidad de la moral sería fastidiar a la gente.

Pero dejemos esto que, como digo, es demasiado para el body de los que no ven más allá de sus narices.

El aserto de que tan natural es la homosexualidad como la heterosexualidad no se sostiene a la luz de la Biología y, más concretamente, a la luz de la Teoría de la Evolución.

Como sabemos, a grandes rasgos, en la Tierra apareció hace unos cuatro mil millones de años (no tenemos ni idea de cómo fue ello) algo que llamamos “vida”. Una de las características de esa vida es su diversidad que la vemos en la infinidad de especies animales, vegetales y procariotas que nos rodean y de entre las cuales, la nuestra, la humana, es una más.

¿Para qué se necesita tal diversidad? La pregunta es finalista: en realidad no se “necesita” para nada. En el Universo lo mismo hubiera dado que surgiera vida en la Tierra como que no lo hubiera hecho y, aparecida, lo mismo hubiera dado que perdurara como que hubiera desaparecido a los diez minutos de aparecida.

Hagámosnosla, no obstante. Hagámos (aunque estemos razonando en términos estrictamente biológicos) como si la Biología tuviera algún fin: ¿para qué se necesita tal diversidad? La respuesta es sencilla: para garantizar su persistencia. La vida en su esencia (siempre hablando en términos estrictamente biológicos) no es sino una cadena de ADN (ARN en unas pocas especies víricas) que se copia y se reproduce a sí misma. Lo que vemos en forma de individuos vivos no es sino el envoltorio que asegura que dicha cadena de ácido nucléico pueda seguir reproduciéndose a sí mismo.

Así, la diversidad, la variación de las especies, lo que asegura es que dicha replicación de la cadena de ADN pueda seguir produciéndose en un entorno hostil y cambiante. Si el ADN no cambiara al tiempo que se replica y, con él, los individuos y las especies que determina, hace mucho que habría desaparecido de la faz de la Tierra. La multiplicidad de su apariencia permite que si una de sus infinitas formas es inhábil para subsistir en unas determinadas condiciones ambientales, existan muchas otras formas que sí pueden hacerlo y así se garantiza su permanencia.

Cada vez que la cadena de ADN se reproduce a sí misma lo hace no de manera exacta, al modo con el que copiamos un CD, sino introduciendo en el cambio pequeñísimas variaciones (que denominamos mutaciones) y que hace que la cadena hija se parezca a la paterna pero no sea exactamente igual a ella. Esto es lo que produce la variación de la cadena de ADN y lo que, en fin, determina la variabilidad en los individuos primero y, después en las especies.

Al menos ello fue así y sólo así durante muchos millones de años hasta que apareció, en la historia de la evolución, un segundo mecanismo mucho más sofisticado que la mutación y que garantizaba una variabilidad más intensa y perfecta. Este segundo mecanismo de modificación del ADN es el sexo.

En la reproducción asexual la cadena de ADN se reproduce sola. En la reproducción sexual sucede que se unen dos cadenas de ADN, una procedente de un individuo masculino y otra de otro femenino, intercalan y entremezclan sus partes (que se llaman nucleótidos) y lo que surge es una nueva cadena de ADN parecida a la paterna y a la materna pero no idéntica a ninguna de ellas.

Este maravilloso mecanismo, como digo, permite que la variación genética sea infinitamente más rica y eficaz que el de la reproducción asexual y fue el que permitió que infinidad de especies animales y vegetales se extendieran sobre un mundo que, hasta entonces, sólo había conocido la existencia de bacterias asexuadas y poco más.

El sexo no aparece, pues, en la historia de la evolución para proporcionar placer ni felicidad, argumento que utilizan los homosexuales, sino para lo que acabo de decir: para asegurar la permanencia de la vida sobre el planeta Tierra y su existencia implica, por definición, la existencia de individuos masculinos y de individuos femeninos y su realización implica, por definición, el encuentro del material genético de un individuo masculino con el de otro femenino.

El placer que origina el sexo (siempre hablando en términos biológicos) no es sino la herramienta de que se vale la Naturaleza, en algunas especies, para que los dos sexos se encuentren y pueda tener lugar el intercambio del material genético de ambos. Eso y no otra cosa, es el placer sexual en términos biológicos.

En la especie humana, el acercamiento entre los dos sexos se produce mediante la atracción sexual pero ni siquiera en todas las especies esto es así. Muchos vegetales, por ejemplo, utilizan a los insectos que los polinizan. La abeja, en este sentido, sería, en las plantas de romero, el equivalente del apetito genésico en el ser humano.

No estoy ignorando que el ser humano sea algo mucho más rico que una mera especie animal más. No estoy diciendo que los aspectos placenteros, afectivos y culturales que envuelven la sexualidad humana dejen de ser algo bueno y valioso en sí mismos.

Lo que digo es que cualquier desviación del objeto sexual fuera del propio que corresponde al encuentro del hombre con la mujer es contraria a la esencia biológica del ser humano. Es contraria a la Naturaleza del ser humano. Es una perversión en el sentido de una utilización de algo con una finalidad distinta de aquella para la que fue craedo (vide mi entrada Perversión de abril del 2006). Y, siendo la relación heterosexual una perversión contraria a la Naturaleza del ser humano, no se puede pretender ni que sea natural ni que, como dicen, su reconocimiento social en plano de igualdad con la relación heterosexual, vaya a hacer más feliz al ser humano.

¿Que la homosexualidad existe, ha existido y existirá? Sí. ¿Que las personas que la padecen son tan dignas de respeto como cualquier otra? También. ¿Que se nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino y hacer llegar a la conclusión de que es una opción personal más en igualdad de condiciones con la tendencia heterosexual? No.

La mafia rosa tergiversa las cosas. En la tradición de la izquierda de manipular el lenguaje para pseudoconvencer con sofismas se han inventado recientemente, el término “homófobo” para designar a cualquiera que se atreva a poner en duda la idéntica legitimidad de ambas opciones sexuales. Homófobo lleva la desinencia “fobo” de fobia, esto es, odio. Es mentira. Ni el pensar ni el expresarse en los términos que acabo de hacerlo implica odio hacia nadie.

Es una palabra creada, como tantas otras, para manipular la inteligencia de las masas, criminalizar el pensamiento contrario a su tesis y ¿quién sabe si, algún día, elevarlo a delito en el Código Penal?

Zapatero y su camarilla, siempre atentos a fomentar y dar alas a cualquier movimiento que mine la moral y las costumbres tradicionales, basadas, como decía al principio, en el orden natural de las cosas, se apresuraron, hace meses en llamar matrimonio al amancebamiento de personas del mismo sexo; en las televisiones públicas y privadas se hace alarde cada vez más descarado de lo “normal” que es la relación homosexual; las calles de Madrid, estos días (no sé si con la complacencia de Ruiz Gallardón), se ven invadidas de pasmarotes homosexuales haciendo alarde de gestos, que aún cuando tuvieran razón y su opción fuera tan legítima como la heterosexual, no dejarían de ser zafios, groseros y obscenos, y la bandera de colorines, estandarte de la mafia rosa, ondea en los edificios oficiales de Cataluña.

Todo muy normal.

O tempora! O mores!

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 junio, 2007 a 11:26

Publicado en Política

10 comentarios

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  1.  
    Donde dice: "Y, siendo la relación heterosexual una perversión contraria a la Naturaleza del ser humano, no se puede pretender ni que sea natural ni que, como dicen, su reconocimiento social en plano de igualdad con la relación heterosexual, vaya a hacer más feliz al ser humano. " debería decir: "Y, siendo la relación homosexual una perversión…"

    Fortunato

    28 junio, 2008 at 19:09

  2.  
    (sin nombre)28 junio 19:09
    (http://cid-dcd542121b316dfa.spaces.live.com/)

     
    Donde dice: "Y, siendo la relación heterosexual una perversión contraria a la Naturaleza del ser humano, no se puede pretender ni que sea natural ni que, como dicen, su reconocimiento social en plano de igualdad con la relación heterosexual, vaya a hacer más feliz al ser humano. " debería decir: "Y, siendo la relación homosexual una perversión…"

    Tienes toda la razón. Agradezco tu corrección y, aun más, la atención con la que me has leído.
     

    Carlos

    28 junio, 2008 at 19:46

  3. Siguiendo tu razonamiento desde el pensamiento biológico se pueden llegar a muchas más conclusiones:
    – En la teoría de la evolución, sólo el más fuerte sobrevive. De ahí se deduce que atender a los más débiles, a los discapacitados, a los que tienen problemas… es antinatural.
    – En los humanos aparece un contrato antinatural, el matrimonio, cuya pilar de fidelidad no es demasiado plausible en la teoría de la evolución. El macho más fuerte es el que se reproduce y las hembras sólo quieren a ese macho.

    Unknown

    29 junio, 2008 at 16:08

  4. No sé si estás tratando de explicar que la sexualidad sin fines reproductivos es antinatural… Entonces es tan antinatural como vestirse, el arte, la religión, la solidaridad, la música, la literatura. Cultura, para diversos filósofos en distintas épocas, es todo lo opuesto a naturaleza. Por tanto, un poco más de cultura y no hablemos de pensamientos biológicos (que debe ser lo más antibiológico que hay) que no explican en realidad de lo que se está tratando. Y si no, me gustaría que me explicaras cómo una perversión como la homosexualidad deriva siempre de una relación heterosexual, porque de momento todos los gays y lesbianas proceden de un padre y una madre. Ser homosexual, como ser heterosexual, no es una opción. Es una cualidad innata en cada persona. No creo que ningún heterosexual pueda recordar el momento en que decidió optar por ser hetero y no homosexual o asexual o lo que sea. En cambio, sí que es fácil recordar el´momento en que uno decidió ser homófobo, heterófobo o hincha del Alcoyano.

    Unknown

    29 junio, 2008 at 16:33

  5. (sin nombre)
    29 junio 16:08
    (http://cid-441ca3e463eb7e9f.spaces.live.com/)
    Siguiendo tu razonamiento desde el pensamiento biológico se pueden llegar a muchas más conclusiones:
    – En la teoría de la evolución, sólo el más fuerte sobrevive. De ahí se deduce que atender a los más débiles, a los discapacitados, a los que tienen problemas… es antinatural.
    – En los humanos aparece un contrato antinatural, el matrimonio, cuya pilar de fidelidad no es demasiado plausible en la teoría de la evolución. El macho más fuerte es el que se reproduce y las hembras sólo quieren a ese macho.
    Sí, con la teoría de la evolución en la mano se podría llegar al razonamiento de que atender a los débiles es antinatural pero, en muchos mamíferos que viven de manera gregaria se da tal ayuda a los individuos más débiles. Por otra parte, yo no estoy diciendo que debamos condenar al homosexual. Sólo estoy diciendo que no es lo mismo, no es tan \’natural\’, la homosexualidad como la heterosexualidad.
    No acabo de comprender qué quieres decir con tu segunda observación. No obstante, es como dices y, en la especie humana, también sucede. La mujer ¿no prefiere al más fuerte? ¿no prefiere al triunfador?

    Carlos

    30 junio, 2008 at 7:59

  6. No. No estoy tratando de explicar que la sexualidad sin fines reproductivos sea antinatural. Vuelvo a repetir, por enésima vez, que lo que estoy tratando de explicar que, a la luz de la Biología y de la Teoría de la Evolución no podemos considerar iguales a la homosexualidad y a la heterosexualidad. Tus comentarios acerca de la cultura no hacen al caso de lo que digo.

    Carlos

    30 junio, 2008 at 8:03

  7. No acabo de comprender qué quieres decir con tu segunda observación. No obstante, es como dices y, en la especie humana, también sucede. La mujer ¿no prefiere al más fuerte? ¿no prefiere al triunfador?
    Yo dije: "El macho más fuerte es el que se reproduce y las hembras sólo quieren a ese macho." En la especie humana no sucede tal cosa. En la especie humana se reproducen todos los machos y cualquier hembra lo hace con el macho que quiera, y no, como señalé anteriormente, todas las hembras se reproducen con ese mismo macho alfa. Eso es lo que quise explicar y no se me entendió.
    Sí, con la teoría de la evolución en la mano se podría llegar al razonamiento de que atender a los débiles es antinatural pero, en muchos mamíferos que viven de manera gregaria se da tal ayuda a los individuos más débiles. Por otra parte, yo no estoy diciendo que debamos condenar al homosexual. Sólo estoy diciendo que no es lo mismo, no es tan \’natural\’, la homosexualidad como la heterosexualidad.
    Me sorprende ese "no es tan "natural"". Entonces tampoco será tan natural la ayuda al débil aunque otros mamíferos lo hagan. Otros mamíferos, primates incluso, también mantienen relaciones entre individuos del mismo sexo, por lo que igual es algo más natural de lo que afirmas. De todos modos, repito que me sorprende el ser o no ser tan natural. Algo es natural o no, no puede ser un poco natural, no permite comparaciones.
     

    Unknown

    30 junio, 2008 at 13:47

  8. No. No estoy tratando de explicar que la sexualidad sin fines reproductivos sea antinatural. Vuelvo a repetir, por enésima vez, que lo que estoy tratando de explicar que, a la luz de la Biología y de la Teoría de la Evolución no podemos considerar iguales a la homosexualidad y a la heterosexualidad. Tus comentarios acerca de la cultura no hacen al caso de lo que digo.
     
    Tampoco a la luz de la biología y de T. de la evolución se puede considerar igual al hombre y a la mujer, ni los negros y los blancos. Por cierto, si lo único que tratas de explicar es que la homosexualidad y la heterosexualidad no son iguales, pues gracias, pero eso es más que evidente, pero no sólo a la luz de la biología o de la T. de la evolución, sino socialmente, históricamente, …

    Unknown

    30 junio, 2008 at 13:55

  9. A la luz de la biología, en casi todas las especies de mamíferos hay un tanto por ciento de relaciones homosexuales.
    Lo que realmente ocurre, sin tanta pseudociencia de pacotilla, es que hay quien no soporta ver esas diferencias que llamas evidentes.
    ¿Que si, siendo lesbiana, me considero en paridad con los muchos modos de familia que en el mundo han sido en el curso del espacio y el tiempo? Pues si, sencillamente.
    ¿Qué puedo aportar como argumentación para ello? Pues simplemente: tú vive tu vida y a mi déjame en paz.

    Gema

    12 noviembre, 2016 at 2:29

    • Mi querida amiga,

      lo que pretende este escrito y su continuación https://cmcort.wordpress.com/tag/falacia-naturalista-de-hume/ es mostrar que sí existe una ley natural, no porque se les haya antojado a los curas o los moralistas, sino porque se halla en la esencia del ser humano. Por eso afronto el asunto desde el mero punto de vista bioquímico sin acudir a ninguna connotación moral. Su condición de usted es intrascendente a los efectos de esta discusión porque a lo que apelo es, precisamente, a la afirmación de la existencia de esa ley natural mientras que usted apela al sentimiento como fuente de ‘eticidad’. Le ruego relea el fragmento de José Ramón Ayllón.

      Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

      13 noviembre, 2016 at 6:49


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