Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for junio 2007

Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos

with 10 comments


La batalla de la llamada mafia rosa (conjunto de grupos de personas homosexuales organizados para convencer a la Humanidad de que esa orientación del apetito sexual es tan natural como la heterosexual) es una batalla que, junto a otras tales como la del feminismo o la del ateísmo (hoy tapado con la piel de cordero del laicismo) lleva décadas librándose sobre los tristes campos del siglo XX y forma parte de una guerra cuya finalidad es la derrota de los valores tradicionales de nuestra cultura, para crear un ser humano hecho conforme a las divagaciones intelectuales de la izquierda. Y, como tales valores tradicionales se anclan y tienen su base en el orden natural del Universo, al fin, tal pretensión de cambiar la forma de ser del ser humano no puede menos que ir contra la propia naturaleza del ser humano y, por ende, de acabar creando un ser humano más infeliz.

Comprendo que, dicho así, lo acabo de decir no deja de ser un aserto injustificado y que, con la misma justificación, es decir, con ninguna justificación, se podría decir lo contrario. Intentaré razonarlo.

Intentaré razonarlo desde el pensamiento biológico, no desde el moral, porque esta pobre gente entiende la moral (son palabras textuales que, en cierta ocasión me dijo una progre) como “el conjunto de normas que se han inventado los curas para fastidiar al personal”. No llegan ni a comprender que la Moral, en el fondo, no es sino “el conjunto de normas que la Humanidad ha ido descubriendo a lo largo de los milenios para conseguir el mayor grado de felicidad posible” y, esto, aunque a primera vista pueda parecer que tal o cual precepto moral coarta la libertad individual o produce, en un caso concreto, más infelicidad que felicidad. Pero la Moral es eso. Debe de ser eso. Si no fuera así, tendrían razón los progres: la finalidad de la moral sería fastidiar a la gente.

Pero dejemos esto que, como digo, es demasiado para el body de los que no ven más allá de sus narices.

El aserto de que tan natural es la homosexualidad como la heterosexualidad no se sostiene a la luz de la Biología y, más concretamente, a la luz de la Teoría de la Evolución.

Como sabemos, a grandes rasgos, en la Tierra apareció hace unos cuatro mil millones de años (no tenemos ni idea de cómo fue ello) algo que llamamos “vida”. Una de las características de esa vida es su diversidad que la vemos en la infinidad de especies animales, vegetales y procariotas que nos rodean y de entre las cuales, la nuestra, la humana, es una más.

¿Para qué se necesita tal diversidad? La pregunta es finalista: en realidad no se “necesita” para nada. En el Universo lo mismo hubiera dado que surgiera vida en la Tierra como que no lo hubiera hecho y, aparecida, lo mismo hubiera dado que perdurara como que hubiera desaparecido a los diez minutos de aparecida.

Hagámosnosla, no obstante. Hagámos (aunque estemos razonando en términos estrictamente biológicos) como si la Biología tuviera algún fin: ¿para qué se necesita tal diversidad? La respuesta es sencilla: para garantizar su persistencia. La vida en su esencia (siempre hablando en términos estrictamente biológicos) no es sino una cadena de ADN (ARN en unas pocas especies víricas) que se copia y se reproduce a sí misma. Lo que vemos en forma de individuos vivos no es sino el envoltorio que asegura que dicha cadena de ácido nucléico pueda seguir reproduciéndose a sí mismo.

Así, la diversidad, la variación de las especies, lo que asegura es que dicha replicación de la cadena de ADN pueda seguir produciéndose en un entorno hostil y cambiante. Si el ADN no cambiara al tiempo que se replica y, con él, los individuos y las especies que determina, hace mucho que habría desaparecido de la faz de la Tierra. La multiplicidad de su apariencia permite que si una de sus infinitas formas es inhábil para subsistir en unas determinadas condiciones ambientales, existan muchas otras formas que sí pueden hacerlo y así se garantiza su permanencia.

Cada vez que la cadena de ADN se reproduce a sí misma lo hace no de manera exacta, al modo con el que copiamos un CD, sino introduciendo en el cambio pequeñísimas variaciones (que denominamos mutaciones) y que hace que la cadena hija se parezca a la paterna pero no sea exactamente igual a ella. Esto es lo que produce la variación de la cadena de ADN y lo que, en fin, determina la variabilidad en los individuos primero y, después en las especies.

Al menos ello fue así y sólo así durante muchos millones de años hasta que apareció, en la historia de la evolución, un segundo mecanismo mucho más sofisticado que la mutación y que garantizaba una variabilidad más intensa y perfecta. Este segundo mecanismo de modificación del ADN es el sexo.

En la reproducción asexual la cadena de ADN se reproduce sola. En la reproducción sexual sucede que se unen dos cadenas de ADN, una procedente de un individuo masculino y otra de otro femenino, intercalan y entremezclan sus partes (que se llaman nucleótidos) y lo que surge es una nueva cadena de ADN parecida a la paterna y a la materna pero no idéntica a ninguna de ellas.

Este maravilloso mecanismo, como digo, permite que la variación genética sea infinitamente más rica y eficaz que el de la reproducción asexual y fue el que permitió que infinidad de especies animales y vegetales se extendieran sobre un mundo que, hasta entonces, sólo había conocido la existencia de bacterias asexuadas y poco más.

El sexo no aparece, pues, en la historia de la evolución para proporcionar placer ni felicidad, argumento que utilizan los homosexuales, sino para lo que acabo de decir: para asegurar la permanencia de la vida sobre el planeta Tierra y su existencia implica, por definición, la existencia de individuos masculinos y de individuos femeninos y su realización implica, por definición, el encuentro del material genético de un individuo masculino con el de otro femenino.

El placer que origina el sexo (siempre hablando en términos biológicos) no es sino la herramienta de que se vale la Naturaleza, en algunas especies, para que los dos sexos se encuentren y pueda tener lugar el intercambio del material genético de ambos. Eso y no otra cosa, es el placer sexual en términos biológicos.

En la especie humana, el acercamiento entre los dos sexos se produce mediante la atracción sexual pero ni siquiera en todas las especies esto es así. Muchos vegetales, por ejemplo, utilizan a los insectos que los polinizan. La abeja, en este sentido, sería, en las plantas de romero, el equivalente del apetito genésico en el ser humano.

No estoy ignorando que el ser humano sea algo mucho más rico que una mera especie animal más. No estoy diciendo que los aspectos placenteros, afectivos y culturales que envuelven la sexualidad humana dejen de ser algo bueno y valioso en sí mismos.

Lo que digo es que cualquier desviación del objeto sexual fuera del propio que corresponde al encuentro del hombre con la mujer es contraria a la esencia biológica del ser humano. Es contraria a la Naturaleza del ser humano. Es una perversión en el sentido de una utilización de algo con una finalidad distinta de aquella para la que fue craedo (vide mi entrada Perversión de abril del 2006). Y, siendo la relación heterosexual una perversión contraria a la Naturaleza del ser humano, no se puede pretender ni que sea natural ni que, como dicen, su reconocimiento social en plano de igualdad con la relación heterosexual, vaya a hacer más feliz al ser humano.

¿Que la homosexualidad existe, ha existido y existirá? Sí. ¿Que las personas que la padecen son tan dignas de respeto como cualquier otra? También. ¿Que se nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino y hacer llegar a la conclusión de que es una opción personal más en igualdad de condiciones con la tendencia heterosexual? No.

La mafia rosa tergiversa las cosas. En la tradición de la izquierda de manipular el lenguaje para pseudoconvencer con sofismas se han inventado recientemente, el término “homófobo” para designar a cualquiera que se atreva a poner en duda la idéntica legitimidad de ambas opciones sexuales. Homófobo lleva la desinencia “fobo” de fobia, esto es, odio. Es mentira. Ni el pensar ni el expresarse en los términos que acabo de hacerlo implica odio hacia nadie.

Es una palabra creada, como tantas otras, para manipular la inteligencia de las masas, criminalizar el pensamiento contrario a su tesis y ¿quién sabe si, algún día, elevarlo a delito en el Código Penal?

Zapatero y su camarilla, siempre atentos a fomentar y dar alas a cualquier movimiento que mine la moral y las costumbres tradicionales, basadas, como decía al principio, en el orden natural de las cosas, se apresuraron, hace meses en llamar matrimonio al amancebamiento de personas del mismo sexo; en las televisiones públicas y privadas se hace alarde cada vez más descarado de lo “normal” que es la relación homosexual; las calles de Madrid, estos días (no sé si con la complacencia de Ruiz Gallardón), se ven invadidas de pasmarotes homosexuales haciendo alarde de gestos, que aún cuando tuvieran razón y su opción fuera tan legítima como la heterosexual, no dejarían de ser zafios, groseros y obscenos, y la bandera de colorines, estandarte de la mafia rosa, ondea en los edificios oficiales de Cataluña.

Todo muy normal.

O tempora! O mores!

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 junio, 2007 at 11:26

Publicado en Política

"Sueño" de Cristóbal de Castillejo

with one comment


Sueño
 
 
Yo, señora, me soñaba
un sueño que no debiera:
y es que por mayo me hallaba
en un lugar do miraba
una muy linda ribera,
tan verde, florida y bella
que, de miralla y de vella,
mil cuidados deseché
y con solo uno quedé
muy grande, por gozar della.
 
Sin temer que allí podría
haber pesares ni enojos,
cuánto más dentro me vía,
tanto más parecía
que se gozaban mis ojos
 
Agua muy clara corría,
muy serena al parecer,
tan dulce si se bebía
que mayor sed me ponía
acabada de beber.
Si a los árboles llegaba,
entre las ramas andaba
un airecillo sereno
todo manso, todo bueno,
que las hojas meneaba.
 
Buscando dónde m’echar,
apartéme del camino
y hallé, para holgar,
un muy sabroso lugar
a la sombra de un espino
do tanto placer sentí
y tan contento me vi,
que diré que sus espinas
en rosas y clavellinas
se volvieron para mí.
 
En fin, que ninguna cosa
de placer y de alegría,
agradable ni sabrosa,
en esta fresca y hermosa
ribera me fallecía.
Yo, con sueño no liviano,
tan alegre y tan ufano
y seguro me sentía,
que nunca pensé que había
de acabarse’allí el verano.
 
Lejos de mi pensamiento
dend’a poco me hallé,
que, así durmiendo contento,
a la voz de mi tormento
el dulce sueño quebré;
y hallé que la ribera
es una montaña fiera
muy áspera de subir,
donde no espero salir
de cautivo hasta que muera.

Cristóbal de Castillejo.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

5 junio, 2007 at 11:26

Publicado en Poesía

Lela

leave a comment »


Lela

 


Están as nubes chorando
por un amor que morreu;
están as rúas molladas
de tanto como choveu.
 

Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro:
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos;

Non me deixes

e ten compasión de min:
sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.

Dame alento das túas palabras,

dame celme do teu corazón,
dame lume das túas miradas,
dame vida co teu dulce amor.
 

Castelao/Núñez. 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

3 junio, 2007 at 20:10

Publicado en Canciones

Tagged with , ,