Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Carta abierta a un juez sectario.

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Carta abierta a un juez sectario

Don Baltasar Garzón:

Sin apenas tiempo en estos días para asomarme a nuestra deplorable actualidad política, al hacerlo, aprisa y corriendo, esta tarde me encuentro con la noticia de que usted se ha sumado a Llamazares y Blanco para pedir que Aznar “pueda ser juzgado por la guerra de Irak”, mediante un escrito que publica en El País.

Dice usted, textualmente, que “debería profundizarse sobre la eventual responsabilidad penal de quienes son o fueron responsables” de aquella contienda.

El desánimo, la turbación y la indignación que me ha producido la lectura de su artículo son el motivo de que, suspendiendo quehaceres que tenía programados para esta tarde, los abandone y me dirija a usted a través de esta carta abierta.

No es que yo tenga de usted una opinión elevada, señor Garzón y, en el fondo, no puedo decir que su artículo me sorprenda. Me indigna pero no me sorprende. Su actuación en el caso de los peritos a los que usted acusó de falsificar un documento en el que se relacionaba a ETA con el 11-M, acabó por disipar las pocas dudas que me pudieran quedar sobre su sectarismo de usted.

A pesar de ello es usted, al fin y al cabo, un juez. Ocupa usted una magistratura y, a sus palabras, no se les puede aplicar la misma atención que a las de seres partidistas e indigentes intelectuales como los señores Llamazares y Blanco.

Los señores Llamazares, Blanco y toda la caterva izquierdista que ocupa el poder en nuestra Patria y que vive de él o que pulula en torno a él utilizó el eslogan de “¡Aznar asesino!” como elemento fundamental de su acceso al poder y lo sigue utilizando, últimamente, como espantajo que saca a relucir de manera sistemática cada vez que se queda con las vergüenzas al aire, a la manera de aquel mal barítono que, dicen, cada vez que le salía un gallo lanzaba el grito de ¡Viva Cartagena! para ganarse la condescendencia del auditorio y para que éste le pasara por alto el gallo.

Ya conoce usted cómo esta caterva de izquierda utilizó la guerra de Irak y los atentados del 11-M en Atocha para acceder al poder.

Ya conoce cómo, desde entonces, su único argumento ante los mil y un desmanes que está cometiendo el gobierno Zapatero es gritar “¡Aznar asesino!”

¡Qué digo lo conoce! ¡Si hasta usted mismo puso su grano de arena para que la versión zapateril del 11-M no sufriera con el asunto aquel de los peritos! ¿Recuerda el celo que puso usted entonces para meter en la cárcel a dos personas que luego resultaron inocentes, señor Garzón?

Pues bien, como le decía, a pesar de que la opinión que yo tengo de usted es pobre y no la puedo expresar con la claridad que me apetecería dada, precisamente, esa magistratura que usted ocupa y el respeto que se le debe, por eso mismo, también, tengo que decirle que su artículo me parece cobarde, innoble y del todo impropio de un juez.

Los jueces, señor Garzón, pueden opinar sobre política y pueden expresar sus opiniones en artículos periodísticos.

Lo que no pueden o, a mi modo de ver, no deben, es lanzar sospechas de criminalidad sobre personas concretas en artículos de periódico.

Llamazares, Blanco, Zapatero… pueden hacerlo y lo hacen. Les sirvió para acceder al poder y les sirve para mantenerse en él. Ya les conocemos y estamos resignados a que así sea.

Usted no puede.

Usted no puede, en asunto tan grave como es acusar de presunta criminalidad a un expresidente del gobierno español, a un presidente de los Estados Unidos y a un premier británico, tirar la piedra y esconder la mano.

Y no puede usted, señor Garzón, porque los ciudadanos entendemos que usted es, a pesar de todo, un juez. Y entendemos que, siendo, como es, un juez, antes de escribir semejante enormidad, usted ha tenido que hacer una reflexión profunda y grave del asunto, considerando, esencialmente, sus elementos jurídicos.

Se lo diré de otra forma: yo esperaría de un ser como Zapatero o como Llamazares o como Blanco que publicaran un artículo en un periódico acusándome a mí, pongo por caso (y perdone la inmodestia) de un hecho criminal si con ello (que no es el caso) fueran a sacar rédito electoral.

De un juez no puedo esperar semejante actitud. Si un juez conoce, sospecha o intuye que yo he cometido un delito debe juzgarme. Lo que no puede es escribir un artículo en El País diciendo que piensa que le han dicho que se dice que no sé quién debería profundizar en la indagación de dicho supuesto delito mío porque, si lo hace así, lo que está haciendo es lanzar insidias contra mi persona ¿lo comprende usted?

Máxime si consideramos que usted ya tiene experiencia en la persecución, jurídicamente fundamentada, de presuntos criminales y que, en semejante cruzada en la que usted anda embarcado, no hace acepción de personas y ni siquiera le importa que sean nonagenarios.

Digo jurídicamente fundamentada, aunque a mí me parece que en lo que usted anda embarcado es en lo del vae victis! y en lo de a moro muerto, gran lanzada. Y, por supuesto, en lo de sirvo a mi señor.

Su artículo, pues, señor Garzón, me parece innoble y sectario por este motivo. Un juez debería hacer un mínimo intento de disimular sus visceralidades y sus fobias ideológicas.

Como juez que es, si ve indicio de delito, debería encontrar algún camino mejor para perseguirlo que vomitar odio en un artículo periodístico.

Como magistrado que es debería conocer que, equivocada o no, justa o injusta, aquella intervención fue aprobada por el Parlamento español.

Me parece usted un juez sectario. Justo lo que no debe ser un Juez.

Además, dese usted cuenta: los señores Llamazares, Blanco, Zapatero… ya han utilizado el eslogan “¡Aznar asesino!” ad nauseam. Vomitar, ya han vomitado toda la bilis que tienen y, en su escalada de despropósitos, mezquindades y villanías ya no les quedan más basura propagandística verbal que verter que no sea repetirlo.

Usted, con su artículo, por ser usted juez, dese cuenta de que lanza un órdago. Los ciudadanos asumimos, como le decía, que, por ser usted juez, la sospecha que lanza en dicho artículo tiene detrás un convencimiento grave y una fundamentación jurídica.

Si es así, debe usted ser consecuente. Si tiene usted lo que hay que tener ¡no nos confunda con esa insidia mezquina! ¡Promueva usted un procedimiento judicial contra Bush, Blair y Aznar! ¡No sea cobarde!

Con Pinochet se atrevió. ¿Por qué no con Bush, Aznar y Blair? Usted es un juez. Estas cosas no nos las debe de contar en los periódicos. Actúe como juez si está tan convencido y es tan valiente. No nos diga que alguien ¿quién? debería hacer ¿qué? Actúe.

Hágalo así. A no ser, claro, que su artículo de El País no sea otra cosa que una muestra más de la bazofia que destila la mala baba de la izquierda que nos gobierna, a la que usted sirve, y que utiliza para confundir a las masas y lavarles el cerebro.

Suyo,

Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 marzo, 2007 a 21:14

Publicado en Política

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