Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

La Coca-Cola.

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Se dice que la Coca-Cola, cuya fórmula, como todo el mundo sabe, es un escrupuloso secreto industrial, no es sino una modificación de la tradicional bebida española conocida como "zarzaparrilla".

El devenir de los tiempos y la simpleza intelectual de la izquierda hizo que esta bebida, como digo, de probable ancestro hispano, llegara a identificarse con el imperialismo yankee y, por ende, ha suscitado y suscita el rechazo de la progesía militante.

Aun recuerdo como, siendo yo niño, mi padre, q.e.p.d., rojo declarado en los tiempos de la oprobiosa dictadura del General Franco, aunque, en el fondo bellísima persona (que, muchas veces, una cosa no quita a la otra), me decía: "hijo, cada Coca-Cola que te bebes es un vietnamita que matan los americanos."

En aquellos tiempos aún duraba la guerra del Vietnam, era uno de los referentes preferidos por los rojos de entonces y a mí me parecía una guerra eterna, pues perduraba desde lo más remoto a lo que mi memoria infantil podía remontarse y, por la monotonía con la que se repetían las noticias sobre la misma, un día sí y otro también, me parecía que iba a durar para siempre.

Hasta hace unos meses, años quizá, parecía que la inquina ésta contra la Coca-Cola se había mitigado un tanto (un tanto bastante, si se me permite la hipérbole vulgar). En el mundo plácido y anodino en el que vivíamos antes del atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York y de la llegada de Zapatero a la presidencia del Gobierno español, parecía como si a la gente de la izquierda española hubiera dejado de preocuparle lo que bebía o dejaba de beber el prójimo y como si la vieja inquina contra la Coca-Cola hubiera desparecido de sus mentes.

La conmoción que causó aquel atentado, sin embargo, cambió el rumbo de las cosas y pudimos ver cómo  la vieja antipatía renació, en principio, a manos musulmánicas que intentaron lanzar (no sé si sigue en el mercado) una Coca-Cola musulmana cuyo nombre no recuerdo ahora con precisión, pero que se llamaba Meca-Cola o algo así.

Pues bien, hace unos días me sorprendió (y mira que va siendo difícil que me sorprenda ya nada), en el diario electrónico e-noticies, la noticia de cómo el catalanismo de izquierda rescataba esta olvidada bandera y creaba una Coca-Cola autóctona llamada Cola-Lliure.

Basta ver el nombre de la tal cola para que nos podamos dar cuenta, sin necesidad de explicarlo pormenorizamente de cómo su creación se inscribe en la línea de pensamiento rojo-progre-musulmánico y, ahora, también, catalanista, que vengo diciendo.

Es la enésima vuelta a mezclar las churras con las merinas y a confundir la catalanidad con las memeces de la izquierda.

Su distribuidor, el señor Ramón Carner, dice la reseña de e-noticies, quiere llevar su producto a Madrid “porque allí hay muchos catalanes.”

Personalmente, raramente tomo Coca-Cola aunque, de vez en cuando, puede apetecerme prescindir durante la comida del vino tinto o de la cerveza y aplicarme a ella. A estas horas de la noche soy, sin duda, declarado partidario del JB con hielo. En cualquier caso, quiero decir, ni soy un fanático de la Coca-Cola ni tengo ninguna animadversión contra ella. Cuando me apetece una la pido y me la bebo y, fuera de aquel recuerdo de la infancia que antes relaté, no hago mayores reflexiones sobre el asunto.

Tampoco quiero hacer cuestión de que nadie intente lanzar al mercado bebidas de cola con la marca que le dé la gana y ganar dinero con ello.

A lo que voy es que me parece ridículo o triste o ambas cosas, aún justificándolo con la disculpa del marketing, el encasquetarle al producto el nombre de Cola-Lliure o el justificar la necesidad de su existencia por la existencia de catalanes en el mundo. Nuestra izquierda autóctona, empero, entre otras muchas carencias, adolece de la del sentido del ridículo hasta el punto de que, una vez hecho su sitio la Cola-Lliure en las estanterías de los supermercados y en los refrigeradores de las cafeterías para regocijo de los paladares catalanes, no sería sorprendente que nos desayunáramos uno de estos días con una Zapatero-Cola, que estimulara las infinitas ansias de paz en quien la consume. ¿Inverosímil? Recordemos lo de "Montilla, ¡qué maravilla!" "Montilla l’aliment que necesita Catalunya," con la musiquilla del anuncio de Nocilla, en la campaña electoral de las pasadas elecciones catalanas.

La noticia ésta me ha recordado que, hace unos meses, en Madrid, en una plazuela situada entre la Gran Vía y la Plaza de Isabel II, encontré un restaurante tarraconenense donde servían calçots.

Los calçots son manjar indubitablemente catalán que me enloquece y que lamentaría no poder volver a degustar antes de morir. Como, por otra parte, dudo de que yo pueda volver algún día a Cataluña por miedo, no miedo físico, sino miedo moral, a que la diferencia idiomática y el envenenamiento sobrevenido a la vida política española en los últimos años, dé inicio a ningún roce entre hermanos, celebré el haber encontrado este rincón de Cataluña, cuyo nombre lamento no recordar ahora, en el centro de Madrid y poder volver a gustar en él de la delicia del’s calçots sin esos miedos.

Perdóneseme la divagación. El humanitario deseo del señor Carner de que los catalanes desterrados en la árida meseta no quedaran privados de su Cola-Lliure me trajo a la memoria este rincón catalano-madrileño donde, sin tanto aspaviento misantrópico, se sirven calçots a todo el que de ellos guste. Al fin y al cabo, la Coca-Cola puede encontrarse en todas partes. Los calçots no son tan fáciles de encontrar fuera de Cataluña.

P.D.: Publicado este escrito hace unos días en mi blog, Conceptos esparcidos, de Libertad Digital, mi querido conmilitón de allí, Telesfor, me apunta que el restaurante al que me refiero pudiera ser La Huerta de Lleida, situado en la Cuesta de Santo Domingo, 16. Efectivamente, ése es y quede aquí constancia de mi gratitud a Telesfor por la reseña y de mi evidente equivocación al considerar tarraconense un restaurante, a todas luces, ilerdense.

 

La Huerta de Lleida.

Puede leerse aquí la entrada a la que me refiero de e-noticies.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

5 marzo, 2007 a 18:37

Publicado en Política

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