Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

El Estatuto andaluz

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El estatuto andaluz

Las Constituciones se llaman Constituciones, barrunto yo, porque, constituyen algo con vocación de permanencia y ese algo es, nada menos, que el cimiento y la piedra angular del edificio legislativo de una nación.

Una nación puede preexistir a la Constitución y perdurar después de ésta. Es el caso de la nación española, que existía antes de la Constitución de 1812 y que perdura a pesar de los mil atropellos y villanías que contra ella hacen sus enemigos casi a diario desde hace doscientos años y que, si Dios lo quiere, pervivirá, aunque los socialistas y sus compañeros de viaje, la izquierda radical filocomunista y separatista, se dediquen, un día sí y otro también, a minarla, a socavarla, ya sea mostrando odiosas sus costumbres, ya sea intentando borrar sus signos de identidad, ya sea, como es el caso que me ocupa hoy, haciendo burla y escarnio de sus leyes.

A lo que voy con todo esto es a que, sin ser las Constituciones ni credos, ni dogmas religiosos, ni realidades inmutables, en su propia esencia llevan una vocación de pervivencia, de durabilidad, que hace que su modificación deba ser, en cualquier caso, asunto grave, muy anunciado, muy debatido por toda la nación, y justificado por una realidad sobrevenida que no estaba prevista cuando se redactó la Constitución original.

Y quien dice Constitución dice, mutatis mutandi, en nuestra España, Estatutos de Autonomía pues vienen éstos a ser la norma jurídica básica que fundamenta el edificio legislativo de las partes en las que la Constitución del 78 dividió a España.

¿Imagina alguien al Partido Demócrata estadounidense ganando unas elecciones de carambola y, sin que la ciudadanía norteamericana sintiera ni la más remota necesidad de ello, sin una reflexión seria por parte de toda ella, se dedicara a impulsar una reforma del "Estatuto de Tejas" (o como se llame allí) nada más que para subvenir a una necesidad tan grande como pudiera ser el que quedara reflejado por escrito en aquella carta magna que "Tejas se asienta al sur de los Estados Unidos, que es un territorio con gran diversidad paisajista, con importantes cadenas montañosas y que tiene una gran parte de su territorio articulado a lo largo del río Guadalquivir" nada más que para chinchar al partido Republicano y tildarlo de retrógrado y de fascista si se hubiera opuesto a tan necesario cambio estatutario?

Bueno, pues eso han hecho Chaves y Zapatero. Eso ha hecho el partido socialista con el Estatuto de Autonomía andaluz.

La necesidad tan grande de cambiar el Estatuto de Autonomía de Andalucía sin avisar a nadie era hacer puntualizaciones bucólico-geográficas como la que señalo y, ¡por supuesto! la que se deriva de que los catalanes han cambiado su Estatuto y, ¡por supuesto! los demás no podemos ser menos.

¿Es esto serio? ¿Es serio que la causa de cambiar una Constitución o un Estatuto de Autonomía sea que el vecino, a su vez, la ha cambiado y no vamos a ser nosotros menos?

Hoy podemos ver, con claridad meridiana, que el interés del PSOE en modificar el Estatuto de Autonomía catalán no era otro que el buscar su beneficio, su rédito electoral. Para ello, no le importó crear una atmósfera irrespirable en Cataluña, despertar odios y visceralidades como hacía décadas que no se veían en España, manipular los sentimientos de los catalanes y crear en esa región española un clima de frustración y de recelo hacia el resto de España que va a ser muy difícil que podamos superar por mucha buena voluntad que pongamos unos y otros.

Todo valía, a la hora de redactar aquel Estatuto, con tal de que el único opositor político de los socialistas, el Partido Popular, apareciera ante la opinión pública como un partido retrógrado, fascista, franquista y anticatalán.

Han intentado repetir la jugada en Andalucía pero les ha salido rana. Confieso que, en principio, me desconcertó la actitud del PP oponiéndose al Estatuto catalán y admitiendo el bodrio del andaluz.

Hoy, a la vista del "exito" del resultado del referéndum, comprendo que no podía ser de otra manera.

Cuando el adversario, mejor dicho, el enemigo, te lleva, quieras que no, al terreno del despropósito, pues… hay que jugar en el terreno del despropósito.

Si, siguiendo una actitud recta y consecuente, el PP hubiera pedido el NO en el referéndum para el Estatuto andaluz, dicho referéndum se hubiera planteado, como se planteó el catalán, en términos "PP sí", "PP, no". Es decir, el PSOE hubiera sacado a relucir el espantajo de un PP cavernícola y, confundiendo a la ciudadanía, hubiera cambiado la norma legal fundamental de Andalucía, no porque fuera necesario hacerlo, sino para eso: para que los andaluces pudieran rumiar lo perverso que es el PP.

Al PP no le han dejado otra opción que pactar esa reforma innecesaria. Resultado: casi nadie ha ido a votar. Por eso anda Chaves cabizbajo. Por eso se curaban en salud diciendo que la culpa de la abstención la tendría el PP (¡que malos! ¡no se oponen!). Por eso andan diciendo que los votos negativos provienen del PP.

Todo esto no indica más que el desprecio que los socialistas muestran por la Ley. Aunque se les llene la boca de decir lo contrario, semejante manipulación de las normas básicas de nuestra legislación, de nuestra convivencia, sólo muestran la falta de escrúpulo de un partido que cuanto antes desaparezca de la vida española, mejor.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

19 febrero, 2007 a 21:03

Publicado en Política

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