Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for noviembre 2006

Javier Moreno y los (nefastos) periódicos

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Javier Moreno, director de ese periódico nefasto, El País,  que sostiene al gobierno del no menos nefasto Zapatero nos suelta hoy un artículo de opinión titulado Nación, diálogo y (buenos) periódicos. Lo de “buenos” debe de ser una impúdica mirada de reojo al suyo.
Como es habitual en la línea de ese periódico (el más comprado y de los menos leídos, pues sabemos cómo los progres continúan con la inercia de adquirirlo aunque no tengan estómago suficiente para digerirlo), el artículo al que me refiero es otro monumento a la tergiversación y a la contradicción.
Comienza haciendo lo que parece una llamada a la libertad de prensa recordando la sentencia que condenó a Arthur Miller durante la etapa de la “caza de brujas” en los EEUU por negarse a colaborar con el Comité de Actividades Antiamericanas durante la guerra fría contra el comunismo.
El artículo, digo, parece, en su comienzo, un alegato a la libertad de prensa. Pero no. Más bien viene a ser justo lo contrario.

No es sino la enésima repetición del viejo truco de poner en labios del adversario político lo que no dice para luego rebatirlo con la facilidad con la que se pueden rebatir los argumentos estrambóticos que el propio director de El País inventa.

O no inventa: quizá su intelecto es tan inane como su protegido Zapatero y cree de verdad en la persistencia de los modernos trabucos, los curas integristas y demás espantajos que el autor de ese bodrio se deleita en pintar para asustar a la ñoñería progresista y llenar de apariencia razón lo que no razona y no es más que apelación a la víscera de la caverna roja para intentar convencer a su convencida parroquia de lo bueno que es Zapatero, que viene a modernizar el país, y lo mala que es la derecha, que trata de evitar esa modernización al tiempo que organiza de forma efectiva la resistencia frente a todo cambio.

A esta derecha, para él tan inmovilista, la llama restos del autoritarismo vocinglero heredado del franquismo que deben ser liquidados de una vez ¡Toma ya! Y tiene la cara dura de decir esto invocando Arthur Miller, condenado, precisamente, por poner en riesgo la estabilidad democrática de los EEUU. ¡Justo de lo que él está acusando a la derecha española y a los escasísimos medios periodísticos que la apoyan! Fijémosnos en el adjetivo vocinglero que, en el sentir de este tío, debe de ser extirpado. No está hablando de ningún movimiento que intente derribar nuestro sistema político por las armas, no. Está hablando de ideas, para él autoritarias, que se expresan de manera, para él, vocinglera. Vocinglera: de voz. Es decir: debe de ser liquidada la voz que molesta a Moreno, a El País y a Zapatero. ¿Os acordáis de aquello de que el pensamiento no delinque? ¿Recordáis aquello de que en democracia ninguna voz debe de ser acallada? Bueno, pues parece que eso está pasando a la Historia en la Democracia avanzada de Zapatero: hay voces vocingleras que deben de ser liquidadas.

El artículo es largo y no me hubiera llamado la atención de no haberlo visto citado en el diario electrónico e-noticies. Lo he leído y la entrada que escribo aquí, con el preámbulo que antecede, es sólo para comentar una de sus frases:

Mientras tanto, la derecha (que ya es “nacional”, pero igualmente antimoderna), tras ocho años en el poder en los que organizó con ahínco todas las trincheras posibles para fosilizar a España alrededor de una idea periclitada de patria y religión,…

Esto, además de ser falso, nos hace ver cuál es el mundo al que nos están llevando Zapatero y El País.

Es falso porque el PP, durante los ocho años que gobernó no organizó con ahínco ninguna trinchera para fosilizar a España en ninguna idea periclitada. Antes bien, dio por sentado (como lo dieron los demás gobiernos anteriores, incluidos los de González) el marco constitucional de convivencia en el que todos estábamos de acuerdo antes de que viniera Zapatero a alterarlo sin consultar con nadie. Y eso, con el complejo que tenía la derecha de que la llamaran fascista y antimoderna, haciendo todo lo posible para intentar caer bien a progres como el señor Moreno. Que no nos cuente historias este señor. El PP gobernó durante ocho años un país moderno que parecía que tenía claro adonde iba. No nos cuente la historia como a él le hubiera gustado que fuera.

Pero la perla es lo de idea periclitada de patria y religión. Ahí el tío este se descubre.

¿Periclitada la idea de patria? Pero, vamos a ver, Moreno. Si lo que estás intentando defender en tu artículo es el federalismo y ves a este federalismo como la solución a los problemas catalán y vasco, ¿de dónde te crees que proceden esos problemas más que de la pervivencia del concepto de “patria” en muchos catalanes y vascos? Y esto es un sentimiento noble. El amor a la Patria es un sentimiento noble que sólo seres degradados como tú o embrutecidos como los que tú embruteces pueden entender como despreciable y periclitado (lo de periclitado es por las ganas que tienes de que periclite para que todos tengamos de la idea de Patria el mismo concepto que tú tienes y os sea más fácil meternos en el redil de la Disneylandia zapateril).

¿Periclitada la idea de religión? ¡Tus ganas, Moreno! Eso es lo que estáis intentando y ahí te descubres. Pintas a la religión como el coco decimonónico que te gustaría que fuera para así no tener que combatir con tu descarriado intelecto lo que odias aunque  desconozcas o, precisamente, por desconocerlo. Pero no es eso la religión. La religión es la parte más esencial de la cultura de cualquier civilización. La existencia de una civilización sin religión es algo inédito en la Historia de la Humanidad. Quítale a un pueblo su religión y lo habrás desalmado.

Y en eso es en lo que estáis en El País. En desterrar de nuestra cultura, llámala española, llámala catalana, llámala vasca… llámala como te dé la gana, cualquier resto de lo que ha sido nuestra religión durante casi dos mil años. Ésa es la madre del cordero, Moreno. En ello andáis: en crear un mundo sin Patria y sin Religión.

Puede leerse aquí el artículo completo.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

22 noviembre, 2006 at 18:43

Publicado en Política

Un soneto me manda hacer Violante

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No fue éste un espacio cuya intención primera fuera la exposición impúdica de las ansias íntimas del alma, de las debilidades del corazón. Su título, Conceptos esparcidos, se lo robé al divino Lope con la intención de que fuera albergue de eso: fundamentalmente de conceptos, de razones.

Sin embargo, M. me pide que escriba algo acerca de ella. Las mujeres son así: lo ven todo muy fácil, sobre todo cuando se trata de “amarlas, adorarlas y obedecerlas” como viene a decir, sobre poco más o menos, la liturgia anglicana en las palabras con las que instaura el sacramento (si es que los anglicanos tienen sacramentos) del Matrimonio.

Lo ven muy fácil, digo. La tal Violante, puesta ante Lope, debió decirle algo así como me tienes que escribir un soneto.

Y me imagino al pobre Lope demudando la color, temblándole las piernas, sintiéndose íntima y profundamente incapaz de semejante obra, hilvanando aquel:

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto,

que no sé si a Lope le serviría de mérito con Violante, pero que, a los niños de mi generación, nos sirvió para memorizar las reglas del soneto:

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla, burlando, van los tres delante.

Bueno, pues, salvando las distancias, M. me ha hecho una petición semejante a la que Violante hizo al Fénix de los Ingenios. Traté de evadir el reto explicándole a esa mujer a la que adoro que soy absolutamente inhábil para escribir sobre el tema amatorio. Que una cosa es que la adore y otra que redacte nada sobre tal adoración pues, en todo caso, las cosas deberían de funcionar al revés: la certeza de su amor habría de ser la fuerza que despejara mi cabeza y me motivara y me inspirara para escribir sobre lo que deseo escribir, no sobre sentimientos pues, para ello, ya están Rubén Darío y Gustavo Adolfo Bécquer.

O Alejandra, sin ir más lejos.

O el injustamente desconocido Garci Sánchez de Badajoz, que se volvió loco por un desamor semejante al suyo y hasta le tuvieron que encerrar allá por los tiempos de los Reyes Católicos, pero que escribió genialidades como ésta:

Ánimas del Purgatorio
que en cien mil fuegos andáis
batallando:
si mi mal os es notorio
parecéos ha que estáis
disfrutando…

en las que no se  puede expresar con mayor ni más moderno sentido del humor el tormento que causa el desvío del objeto adorado. Porque, ya digo que, cuando Garci Sánchez escribió esto no es que inventara, no. Es que, de verdad, cuando lo escribió, sufría como un condenado semejante desvío. Y, tanto lo sufría, que acabó loco y, por loco, encerrado, aunque la superstición de los tiempos dudase entre si había enloquecido de amor o, por sus culpas, había sido poseído por el diablo.

Las penas del Purgatorio, efectivamente, comparadas con las que M. me hizo pasar, deben ser asunto baladí, tal y como Garci Sánchez relata con esa sencillez y ese sentido del humor insuperables.

Y, ahora, me pide que escriba sobre ello…

Retorno al título de este espacio: Conceptos esparcidos. Como digo, pertenece a un soneto de Lope del que, no obstante ser conocidísimo, diré aquí de él los dos primeros versos:

Versos de amor, conceptos esparcidos,
Partos de mis sentidos abrasados…

Es decir, Lope cayó.

Imposible no obedecer a M. Y, además, como diría don Alfonso VII en La Venganza de don Mendo:

…pero cuando amor azota
y clava su dardo cruel,
tienen que rendirse a él
lo mismo el Rey que la Sota.

Así, confirmando ante mí y ante el mundo entero que la amo y justificándolos con las palabras que preceden, dedico a M. estos versos. Son provisionales. Siempre he dicho que un poeta debe de guardar los poemas que escribe en un cajón y dejar pasar un par de años para, al cabo de los cuales, ver si han resistido o no el paso del tiempo. No obstante, las circunstancias mandan y ella me lo ha pedido. Perdóneseme el exceso.

Esto te escribo, M.:

Si pudiera
del pasar del tiempo
las horas abstraer
y que el día primero que te viera
fuera ayer.

¡Si, otra vez, te encontrara!
Si el azar me colocara
frente a la ilusión que fuiste;
si otra vez me dejara
llevar de tu blanda mano
al mundo que tú inventaste,
a la ilusión que creaste,
al fingir con que afirmaste,
a la verdad que fingiste…

¡Ay! Si el reloj comenzara
a caminar hacia atrás
y, en ese caminar,
imposible, hacia detrás,
me volviera a colocar
frente a la mujer que fuiste…

…si pudiera ser verdad
suceso tan imposible
como el que te digo aquí,
todo el amor que te di,
todo, te lo volvería a dar.
Pues lo he querido guardar
y ahí anda, dentro de mí.
Y ahí está, mi dulce amor:
aguardando que,  hacia atrás,
comiencen a caminar
las saetas del reloj;

que, haciendo como si no,
en su esférico rodar,
paren y rueden atrás:
que yo te vuelva a encontrar,
que tú me encuentres a mí,
y que el tiempo que perdí,
lo quieras tú recobrar
y tenerlo para ti.

Contad si son catorce y está hecho.

En Valencia, a 4 de noviembre del dos mil seis,
festividad  de san Carlos Borromeo,
arzobispo de Milán y adalid de la Contrarreforma tridentina.

Nota: Casi cinco años después de redactar esta entrada, mientras ando tratando de arreglar los desastres que en este blog han ocurrido en el curso de su traslado desde su ubicación original en Windows Live Spaces a WordPress, me doy de bruces con ella y mi primer impulso al releerla es borrarla por lo impúdico que me resulta ahora hacer ostentación de sentimientos íntimos que a nadie importan y que, además, tanto desentonan de la línea del blog. Más, ¡qué quieren ustedes! Por aquel entonces, yo era así, cometí la locura de publicar lo que antecede y decido, como acto de honestidad conmigo mismo, no borrarla. Por lo que respecta al poema, como digo en el texto, quien se dedica a escribirlos debe de guardarlos en un cajón algunos años y, al cabo de ellos, releerlos para ver si han resistido el paso del tiempo. Debo decir que, éste, no lo ha resistido, mas, con todo y con eso, aquí dejo la entrada tal como la escribí y publiqué hace cinco años, con tan sólo un adecentamiento en su tipografía y alguna mínima corrección.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

4 noviembre, 2006 at 22:04

Publicado en Mis poemas, Poesía