Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for julio 2006

Los enemigos de la civilización cristiana no duermen

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Los enemigos de la Civilización Cristiana no duermen.

Es hiriente y nauseabundo que, cuando el PSOE está negociando con ETA el borrón y cuenta nueva; cuando se nos pide, por parte de ese PSOE hipócrita, que olvidemos los crímenes de la banda terrorista en aras de la paz; cuando ese PSOE mentiroso y marrullero dice querer el gran consenso con el Partido Popular para que la paz con la ETA pueda llegar a buen puerto, es hiriente y repugnante, digo, que, al mismo tiempo, ese PSOE trapacero, haya promovido anteayer una resolución de condena del franquismo por parte del Parlamento Europeo.

No pretendía con ello este PSOE ruin y miserable resarcir ninguna injusticia histórica. No. Eso era la disculpa hipócrita.

Hace unos meses tuvo la oportunidad, en ese mismo Parlamento, de condenar los crímenes de la barbarie estalinista y se negó a hacerlo.

Tiene todos los días la oportunidad de condenar a la dictadura cubana, mil veces más sanguinaria que la franquista y, para más inri, aún viva, y se niega sistemáticamente a hacerlo.

Este PSOE revanchista no pretende, pues, resarcir injusticias sino dos cosas bien distintas:

Uno. Ganar hoy la Guerra Civil que promovieron en 1936 y que perdieron en 1939 (recordemos cómo una de las primeras declaraciones del infame Zapatero, apenas ganadas las elecciones, fue recordar a su abuelo muerto en aquella Guerra) y

Dos. Marcar un hito más en su estrategia de arrinconamiento del PP y de catalogarlo como partido fascista y antisistema. En este sentido, ya se puede vanagloriar este PSOE nauseabundo de haber obtenido de multitud de individuos y organizaciones derrotados en la Guerra Civil, entre otros, Otegui, declaraciones pidiendo la ilegalización del Partido Popular por haberse negado a participar en la pantomima de la susodicha condena en el Parlamento Europeo.

Sin embargo, la jugada no le ha salido al PSOE tan bien como pensaba.

Como resulta que, aún entre las plumas y las voces que más están combatiendo el intento totalitario socialista de implantar en España el pensamiento único, todavía hay mucha reticencia cobarde a la hora de hablar con claridad y con justicia del General Franco, me ha sido difícil darme cuenta cabal de esta noticia y me he tenido que dirigir directamente a la página web del Parlamento Europeo, en la que se explica lo que verdaderamente sucedió.

Y lo que sucedió es que no ha habido tal condena del régimen del General Franco por parte del Parlamento Europeo.

Resulta que doscientos diputados pidieron "un debate sobre la condena al régimen de Franco" (obsérvese lo tortuoso de la sintaxis). Resulta que la Conferencia de Presidentes no aprobó dicha petición y consideró más oportuno que el asunto se limitara a una declaración del Presidente, señor Borrell, seguida de una exposición del pensamiento de los distintos grupos parlamentarios al respecto.

Aún así, el acto me parece extemporáneo e injusto, pues el Parlamento Europeo debería de haberse dado cuenta de que no estaba enjuiciando un hecho histórico sino que se estaba inmiscuyendo en la política interna de uno de sus países miembros y que, con dicho acto, se metía de hoz y coz, y tomaba partido, en la turbulenta política española actual.

Mi rechazo más tajante y absoluto a dicha intromisión del Parlamento Europeo en la política interna de mi país. Como ciudadano español y europeo, le manifiesto mi repulsa y mi sensación vivísima de que, con su pantomima del otro día, ha favorecido la opción política que yo rechazo para España y ha perjudicado a la que yo defiendo. Sin ir más lejos, ha dado pie para que Otegui, repito, haya solicitado la ilegalización del PP. Y, para decirlo sin tanto rodeo ni zarandaja: el Parlamento Europeo se ha inmiscuido en el juego electoral español favoreciendo al PSOE y perjudicando al PP. Así de claro.

Si el PP fuera un partido antidemocrático la cosa tendría su justificación, dado que las reglas del juego con las que estamos jugando en Europa son las de la democracia. Pero resulta que el PP no es un partido antidemocrático. Antes bien, cualquiera que sea el juicio que merezca el franquismo y cualquiera que sea la procedencia individual y colectiva del PP, es evidente que el PP es el partido que ha aglutinado a la derecha española en torno a la transición democrática; ha actuado en todo momento con un respeto exquisito a la Constitución y, hoy, frente a la embestida totalitaria de Zapatero, es el único dique que queda en España como defensa de dicha Constitución, de la separación de poderes y de la unidad de España.

Por lo demás, ya digo que no hubo tal condena y todo quedó en la reiteración por parte de los partidos de izquierda de los mitos y mentiras que mantienen incólumes sobre el franquismo a pesar de la apabullante bibliografía que los desmonta y de la que no quieren ni oír hablar para no abjurar de sus benditas creencias.

Nadie recordó allí a conocidos demócratas como Winston Churchill, cuando defendía a Franco frente a los ataques del partido laborista inglés, o como el General De Gaulle, cuando, ya jubilado y sin ninguna necesidad de hacerlo, quiso venir a España a visitar al General Franco.

Es muy de agradecer, sin embargo, la defensa que de Franco hizo el diputado polaco, señor Gyertich, ciudadano de una nación que tuvo que sufrir la invasión nazi y la invasión soviética y que tuvo el valor de afirmar que "gracias a la Iglesia, al Ejército y a Franco, el ataque comunista contra la España católica se pudo superar." Eso fue, exactamente, lo que pasó.

Añadió este señor su "preocupación por el bloque socialista y anticatólico de esta Cámara", preocupación muy justificada y que comparto en toda su extensión. Sí. Fuera del inmenso poder mediático de la izquierda y de su falta de escrúpulo para pervertir a las instituciones como, en este caso, el Parlamento Europeo, quedan voces como las de este diputado polaco a las que no les atemoriza decir la verdad por mucho que se alborote el gallinero izquierdista.

A esas voces me sumo y manifiesto, sin el odio ni el rencor con el que la izquierda ha removido este asunto, pero sí con la tranquilidad y convicción más absolutas, mi respeto y mi reconocimiento a la Dictadura del General Franco.

Y, para acabar, cuelgo aquí el testamento político del Caudillo como respuesta serena al atropello de la izquierda y a la cobardía de la derecha europeas:

«Españoles: al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno en su presencia, pues quise vivir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquéllos que lo fueron de España, a la que amo y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida que ya sé próximo.

»Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra Patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis en todo momento el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.

»No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y, para ello, deponed, frente a los supremos intereses de la Patria y del pueblo español, toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de España exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la Patria. Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y España y abrazaros a todos para gritar juntos por última vez en los umbrales de mi muerte ¡Arriba España! ¡Viva España!»

Tenía razón el Caudillo: Los enemigos de la civilización cristiana no duermen.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

6 julio, 2006 at 12:01

Publicado en Política