Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Nos toman por imbéciles

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Nos toman por imbéciles.
 

Nos siguen tomando por imbéciles. Lo peor de este gobierno socialista no es que esté haciendo mangas y capirotes del concepto consuetudinario de España ni que haya entrado arrasando los restos de nuestra decadente civilización a la manera en que lo hicieron los bárbaros del norte. Lo peor es que lo intenta hacer sin que nos demos cuenta, entonando, con cínica sonrisa el "¡pero si no pasa nada! ¿no veis como no pasa nada?" a que me refería en una entrada anterior de este blog.

Y, lo peor es que no deja de faltarles razón, porque es cierto que cuenta para eso con la cobardía, la complacencia y la imbecilidad de muchos de nuestros compatriotas que prefieren creer que, efectivamente, "no pasa nada".

Por ello, labor principal de nuestro gobierno es alimentar, cuidar y fomentar esta cobardía, esta complacencia, esta imbecilidad, esta inopia en la que muchos viven para que, por poner un ejemplo actual, la masa indolente no distinga bien la diferencia que hay entre la estafa de una empresa privada filatélica y el atentado que supone al estado de derecho y a nuestros derechos fundamentales; la detención ilegal de dos personas, sin pruebas, por parte de funcionarios policiales, por el mero hecho de pertenecer a un partido político al que el gobierno quiere demonizar y mandar a las tinieblas exteriores sin que la masa lo note.

Los hechos son así: esas dos personas, militantes del Partido Popilar, participaron en una manifestación en la que se abucheó a un ministro de tal gobierno en la que presuntamente (según él dijo), se le agredió, no se sabe muy bien si de un puñetazo en las costillas o de un golpe moral en su sensibilidad de prima donna.

El caso fue que la reacción histérica de este ministro, ahora retirado al cuidado de su familia, según nos cuenta, en su sierra de Alacaraz natal, desencadenó la caza de brujas que condujo a que el órgano propagandístico oficioso del PSOE, el periódico El País, a la manera en que Egin ¿señalaba? a ETA quién perturbaba, señaló a estos dos militantes del PP como cercanos al tumulto generado en torno del ministro-vedette.

El delegado del Gobierno en Madrid calculó, acto seguido, que "pronto habría identificaciones y detenciones".

Policías hoy condenados por estos hechos (a las penas mínimas, por mucho que digan que la sentencia es durísima), se apresuraron, a detener a esos dos militantes del PP sin prueba alguna y postergando a compañeros suyos que no estaban dispuestos a participar en el atropello y acusando  a estos compañeros, mezquinamente, de "apatía, desgana y falta de colaboración" según relata la sentencia.

Las televisiones públicas y privadas al servicio del gobierno, la prensa, las radios de la misma servidumbre, jalearon ad nauseam las detenciones y machacaron sobre la conciencia de la masa el mensaje tantas veces repetido de un Partido Popular cavernícola. Todo ello en la línea estratégica que lleva el PSOE para crear un nuevo régimen en el cual al PP sólo se le permita existir para dar a ese régimen apariencia de democracia, pero dejando bien claro dicha cualidad cavernícola.

El hecho es gravísimo y el Gobierno no debería mirar para otro lado.

Debería recordar –ahora que están con la monserga de la memoria históricaque, en el año 36, antes de que comenzara la Guerra Civil, la Guardia de Asalto, la policía gubernativa, entró en el domicilio del señor Calvo Sotelo, líder de la oposición al Gobierno izquierdista del Frente Popular, integrado por el PSOE (¿por qué pasan siempre estas cosas cuando el PSOE está en el poder?), lo subió a una camioneta con la excusa de llevarle detenido a la Dirección General de Seguridad y, en el camino, le pegaron dos tiros en la nuca.

Los resultados no son los mismos, ya lo sé. No es lo mismo que te tengan unas horas detenido mientras las televisiones te linchan moralmente que que te peguen dos tiros en la nuca. Algo vamos consiguiendo con el talante.

Pero el espíritu que impregna ambos hechos sí lo es. La utilización de las Fuerzas de Seguridad, la utilización de los Agentes de la Autoridad, que tienen en su mano el uso de la fuerza que la Autoridad delega en ellos exclusivamente para que defiendan legalidad, vemos cómo, en ambos casos, la utilizan de manera viciada contra el adversario político de esa Autoridad.

Este hecho gravísimo, que debería haber generado un debate nacional si viviéramos en un verdadero Estado de Derecho; este hecho gravísmo que debería de haber provocado una cadena de dimisiones de cargos publicos en asunción de una responsabilidad que no puede acabar en la condena de la, cuando menos, oficiosa complacencia de unos policías o, cuando menos, un mínimo gesto de constricción, un mínimo espíritu de enmienda, un amínima excusa por parte del PSOE, vemos que no, que nada de eso sino de todo lo contrario.

Fuera de la dimisión del Delegado del Gobierno, explícitamente citado en la sentencia, vemos que el PSOE se encastilla en el ataque como mejor defensa con argumentos que sólo se pueden entender si, efectivamente, se piensan que somos imbéciles. Así, mientras el ministro de defensa, señor Alonso, que, en el tiempo de los hechos era responsable político de la Policía dice en el Congreso que "la condena a los policías demuestra que el PP estaba intoxicando"; el secretario de Estado de Comunicación, señor Moraleda, nos tranquiliza respecto a la estafa de una empresa filatélica que providencialmente se ha destapado, ya digo, un día después de la sentencia de los policías, diciéndonos que "los españoles pueden estar tranquilos: el gobierno de Zapatero va a luchar contra la corrupción".

¡Pues no, señor Moraleda! No es menester que el Gobierno de Zapatero luche contra este tipo de estafas porque, para combatirlas y castigarlas, hace mucho que están contempladas en nuestro Código Penal. No se preocupe el señor Moraleda, que esto no deja de ser una estafa mercantil más, por mucho que a su Gobierno le haya venido de perlas para que los telediarios abran sus ediciones con ella y no con menudencias como detenciones ilegales de miembros de partidos opositores al Régimen.

Dese cuenta, señor Moraleda, que  lo que nos hubiera gustado escuchar de usted no es la predisposición del Gobierno a luchar contra la corrupción económica de particulares, que, "montillazos" aparte, se da por supuesta. Lo que nos hubiera gustado oír de usted es algo así como que "los españoles pueden estar tranquilos: el gobierno de Zapatero va a luchar contra la utilización perversa de las Fuerzas del Orden contra los enemigos políticos del gobierno de Zapatero en beneficio del gobierno de Zapatero para que el cuasimonopolio informativo del gobierno de Zapatero no pueda volver a sacar en primera a dos cavernícolas del partido opisitor del gobierno de Zapatero poco menos que intentando asesinar a un ministro (que en paz descanse en Alcaraz) tan simpático del gobierno de Zapatero y luego resulte que aquellos dos señores no hicieron nada." Esto nos hubiera tranquilizado a los españoles, señor Moraleda. Por contra, el que el gobierno de la nación distraiga su atención de aquel ataque al estado de Derecho y la aplique a las estafas filatélicas lo único que puede hacer es intranquilizarnos.

Nos toman por imbéciles. Es lo peor: que nos toman por imbéciles. Consideran cuando nos hablan que se están dirigiendo a un rebaño y, así, no es extraño que les parezca una idea brillante la de reconocer derechos humanos a los monos. No lo dicen en broma. Honestamente lo creen. Honestamente creen que el ser humano es así: poco más que un animal, poco más que un ser ovejuno al que se puede conducir con las técnicas con las que se conducen los rebaños.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 mayo, 2006 a 10:02

Publicado en Política

Una respuesta

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  1. "Zapatitos" no es de mi agrado, está separando  la unidad de España, pero como dicen: Teneis lo que os mereceis.
     

    Bluedream

    2 julio, 2006 at 15:15


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