Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for abril 2006

Perversión

with 3 comments


 
Perversión.

Atendiendo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española observamos un salto semántico entre el verbo pervertir, que significa, en una primera acepción, ‘perturbar el orden o estado de las cosas’ y, en la segunda, ‘viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc.’, y su adjetivo derivado perverso, que significa ‘sumamente malo, depravado en las costumbres u obligaciones de su estado’.

Su etimología latina vacila también a la hora de condenar al vocablo con una significación rotundamente peyorativa. Así, vemos que el sustantivo perversitas vale lo mismo que ‘extravagancia’, ‘absurdo’, ‘trastorno’, ‘corrupción’ o ‘depravación’; el adverbio perverse, ‘mal’, ‘torcidamente, o ‘de manera viciosa’; el adjetivo perversus, ‘torcido’, ‘vuelto del revés, ‘defectuoso’, ‘inoportuno’ o ‘pervertido’, y el verbo perverto, ‘revolver’, ‘trastocar’, ‘desordenar’, ‘destruir’ o ‘profanar las ceremonias religiosas’.

Se mueve, pues, la palabra dentro de un espectro semántico que oscila entre la utilización de algo con una finalidad diferente a aquélla para la que fue creado, con tan sólo una leve connotación peyorativa, y la falta moral grave, pero, en cualquier caso, notamos que, para que haya perversión, es preciso aceptar la existencia de un orden previo que se rompe cuando ella actúa.

Si negamos la existencia de un orden natural, el corolario es que no hay perversiones naturales.

Si negamos la existencia de un orden moral, el corolario es que no hay perversiones morales.

No siempre, sin embargo, la perversión, trae acarreado un mal. Al menos, un mal evidente. Puede, incluso, en ocasiones, aparecer revestida de utilidad y aun de bondad. Las cucharas, por ejemplo, han sido creadas para que nos llevemos los alimentos desde el plato a la boca. Si yo utilizo una cuchara para, pongo por caso, escarbar en la arena, estoy haciendo un uso ‘perverso’ de la cuchara, aunque no haga con ello nada moralmente malo ni censurable.

Si alguien quisiera romper un orden cualquiera podría hacerlo de dos formas: o negando a las bravas la existencia misma de dicho orden o acudiendo a la perversión del mismo para minarlo. La primera sería la forma revolucionaria; la segunda la forma cínica.

No sé bien si la izquierda, que gobierna en España en nuestros días, y sus compañeros mártires, los progres, niegan, en el fondo de su alma, la existencia de un orden moral y natural o, sencillamente, lo conocen y van a destruirlo enardecidos por no sé qué cólera divina. Tendríamos que ir sondando las conciencias de cada uno de los seres que simpatizan con ella para resolver el enigma.

Lo que veo claro es que, si lo conoce, va a destruirlo. Y lo está haciendo utilizando el método cínico.

El cinismo es la escuela filosófica que creó Diógenes el cínico, esto es Diógenes el perro (Kynos: perro). Los atenienses llamaban perro a Diógenes porque disfrutaba escandalizándolos. Defecaba en el ágora y les decía: “¿veis como no pasa nada?”. Obraba torpemente con su cuerpo en el templo y decía: “¿veis como no pasa nada?”.

Esto es el cinismo.

Se opone a la hipocresía en que ésta reconoce la existencia del bien y del mal, en tanto que el cinismo la niega.

Por eso decía don Quijote que entre un bueno y un malo, él se quedaba con el bueno; pero que, entre un malo y un hipócrita, se quedaba con el hipócrita.

Por eso se ha dicho que la hipocresía es el tributo que la maldad rinde a la virtud.

Por eso decía Unamuno que, en este mundo, sólo se puede ser cínico o hipócrita y, añadía, que él sería cínico si no fuera porque el cinismo es la peor de las hipocresías.

Desde que comenzó la llamada Transición en nuestra Patria no se ya cuántos gestos hemos recibido desde el poder político (con ánimo coercitivo, claro), ante los cuales muchos no nos atrevíamos a decir: “esto no me gusta” y, si lo decíamos, se nos respondía con el “pero ¡si no pasa nada! ¿no veis que no pasa nada?”.

Unas veces, estos gestos provenían de los gobiernos de la izquierda.

Otras, de los de la derecha. ¿Por qué? ¿porque la derecha liberal ignora también la existencia del orden moral y natural? ¿porque la derecha liberal quería caer simpática a la izquierda? No sé, pero también estos gestos han venido de ella.

En este in crescendo de la perversión hemos llegado a aceptar que se llame “matrimonio” a la unión homosexual, con clara perversión de la palabra matrimonio. El sexo aparece en la filogenia de las especies como un mecanismo más en la evolución de las mismas. Ni lo digo yo ni lo dice la Iglesia. Lo dicen la teoría genética y la teoría de la evolución. Frente a los organismos procariotas, que se reproducen por mera partición de su cuerpo en dos, aperecen, en la evolución de las especies que pueblan la tierra, los organismos eucariotas, los cuales, antes de reproducirse, juntan sus códigos genéticos; juntan e intercambian sus cadenas de ADN, y esto, y no otra cosa, es el sexo desde el punto de vista biológico. Los detalles son demasiado largos de explicar y no hacen al caso, pues pueden leerse en cualquier manual de Biología.

En resumen, tan sexuadas son las coles de Bruselas como, el señor secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG, señor Zerolo: si el polen de la col de Bruselas cae en pistilo apropiado, triunfa en la razón de su ser y nace otra col de Bruselas discretamente distinta de su antecesora. Si no, se pierde en la esterilidad. Y si las coles de Bruselas tuvieran libre albedrío y alguna de ellas decidiera hacer caer su polen en el pistilo de una amapola, sería muy dueña de hacerlo, claro. Pero estaría haciendo una utilización perversa de su polen.

Ocurre que, en las especies superiores de la evolución filogenética, la Naturaleza ha encontrado el mecanismo del “placer” como uno más de coincidencia del sexo femenino y masculino, única coincidencia reproductora. Y ocurre que todas las civilizaciones que en el mundo han sido han sometido el concepto de matrimonio a esta verdad biológica y a este orden natural. Mejor dicho, el concepto de matrimonio se deriva de ella. Y ocurre que, en nuestra cultura, esta verdad se ha sublimado en el matrimonio de los hombres con las mujeres, en forma monogámica y enriquecido por el amor, la simpatía, la comprensión, la ayuda mutua; se ha enriquecido, para algunos, de la gracia sacramental y, en cualquier caso, ha formado la célula básica de nuestra sociedad y de todas las sociedades de todas las culturas que en el mundo han sido.

Ocurre, pues, que si –por personalizar– el señor secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG, señor Zerolo, matrimonia con otro señor invocando a que tiene tanto derecho a ser feliz como cualquier hijo de vecino heterosexual, lo que está haciendo el señor Zerolo es confundir la finalidad del matrimonio con los mecanismos que la naturaleza emplea para atraer a los sexos, dígase placer, dígase, en el ser humano, amor, simpatía, cariño…

He aquí una muestra de perversión del concepto de matrimonio.

La izquierda misantrópica y gobernante dio carta de naturaleza legal, hace unas semanas al matrimonio homosexual. Pervierte con ello el concepto de matrimonio y nos dice, cínicamente “¿veis como no pasa nada?”. Y muchos de nuestros conciudadanos, personas cercanas a nosotros y queridas nos dicen, cariacontecidas y con un lejanísimo asomo de duda, como esperando nuestra aquiescencia, “todo el mundo tiene derecho a ser feliz”. Bien. No sé. No sé si la felicidad es un derecho. Pero, aunque lo sea, es error confundir la felicidad con la satisfacción del placer hedónico cuando éste se enfrenta a la ley natural.

Esto, el matrimonio homosexual, digo, fue el trágala izquierdista de hace unas semanas. En cuestión de costumbres imaginaba yo que iban a satisfacerse con eso por una temporada larga.

Pero no. Felizmente casados el señor Zerolo y no sé qué otro señor del Partido Popular con seres de su mismo sexo ¡vivan las uniones estériles! la progresía militante se aburría y, mire usted por donde, tras disfrutar de la boda del señor Zerolo, fijó su atención en los monos y, considerándolos sujeto apto de escándalo para los que seguimos creyendo en la ley natural (que viene de la divina), inicia, en estos presentes días, una nueva normativa legal para hacerlos sujeto de los derechos humanos.

Pero el escrito de hoy se va haciendo demasiado largo y esta nueva perversión del concepto Humanidad precisa de nuevas reflexiones.En cualquier caso: ¡No pasa nada! ¡Que no decaiga! Calígula hizo cónsul a su caballo y no pasó nada (¿O sí?).

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

27 abril, 2006 at 20:59

Publicado en Política