Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Las "democracias avanzadas" y 1984

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 ¿No ves que la finalidad de la Nueva Lengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimen mental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado está decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre?
George Orwell, 1984.

 

El hombre que ocupa la presidencia del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pronunciado una frase en la que afirma algo.

Esto, en un hombre que, normalmente, utiliza sólo la sonrisa, la frase hecha, el lugar común, el chiste, el chascarrillo y la arenga para convencidos, es una novedad que debe de ser bienvenida pues nos brinda la rara ocasión de indagar en el pensamiento de nuestro presidente.

ha dicho Zapatero, seguramente no con la intención de que pase a una antología de frases célebres sino para salir al paso de una coyuntura para él difícil.

En una “democracia avanzada” lo peor es dar una batalla por las palabras y los conceptos

Si examinamos la frase en su contexto, que es el de la actual discusión del Estatuto de Cataluña y, concretamente, la definición de ésta como nación, a nadie se le escapa su trascendencia.

El asunto, tal como está planteado, es como sigue:

Efectivamente, Cataluña puede ser considerada una nación. Existe, no obstante, el problema de que definirla como tal en su texto estatutario implica dos hechos:

1. Una plausible incompatibilidad con el texto y con el espíritu de la Constitución española del 78 que define a España como única nación.

2. La posibilidad de que, en la siguiente generación, como ya han anunciado los partidos independentistas catalanes, se demande, sobre la base de tal definición, la creación de un Estado catalán independiente.

Sobre esto se podrán tener todas las opiniones que se quiera pero lo que señor Presidente no puede es hacer como si se tratara de un mero debate semántico sin consecuencias. Al contrario. Los partidos catalanes defensores del estatuto, sin ir más lejos, sí que parecen estar más que dispuestos a dar la batalla por la palabra “nación”.

El que al Presidente del Gobierno, que es la persona más obligada a respetar y defender las continuidad normativa del Estado de Derecho que gobierna, el asunto le parezca banal y prescinda de atender a las consecuencias que mañana pueda tener el que hoy escribamos una cosa u otra en el Estatuto es, cuando menos, preocupante. Para el señor Rodríguez Zapatero, más que malo, es peor, dar la batalla por el concepto de nación.

El que considere malo dar la batalla por esta palabra y por este concepto sólo nos puede hacer pensar que lo que pretende es evitar el debate de reforma constitucional que debería implicar la introducción de la palabra Nación en el Estatuto catalán en el sentir de muchos. En el sentir de, aproximadamente, el 50% del cuerpo electoral español.

En resumidas cuentas: la frase vendría a distraer la atención de una chapuza jurídica que rompe el consenso constitucional y que, como dije antes, sólo se explica por la urgencia que tiene el señor Zapatero de superar la difícil coyuntura en que se halla el estatuto por él promovido.

Hasta aquí el análisis de la frase del Presidente en su contexto. Vemos, que en dicho contexto, el Presidente renuncia a causar cualquier molestia por la palabra ‘nación’ e, incluso, haciendo de la necesidad virtud, se inventa la frase de marras para que, encima, nos pongamos contentos por vivir en una “democracia avanzada”.

Sin embargo, lo que aterra, es el análisis de la frase en sí; de la frase desnuda; de la frase descontextualizada. Y aterra porque nos deja entrever lo que entiende el Presidente por “democracia avanzada”.

Lo primero que se nos ocurre es que, ni en una democracia avanzada ni en una dictadura incipiente, ni en una monarquía absoluta y, ni siquiera, en una charla de café, los conceptos ni las palabras que los expresan, son cosa baladí. Cualquier discusión que no sea un diálogo de besugos debe de partir de la precisión conceptual y de la decencia intelectual de utilizar las palabras que más se ajusten a los conceptos que queremos expresar.

El señor Presidente considera mala la batalla por las palabras y los conceptos cuando ¿qué es el pensamiento humano sino confrontación de conceptos mediante palabras?.

Viene a decirnos que en una “democracia avanzada” estos conceptos ya deben estar lo suficientemente claros como para no tener que discutirlos y precisarlos.

Y lo segundo que no podemos por menos que hacer es acordarnos de Orwell. Dice en 1984:

«La Nueva Lengua era el idioma oficial de Oceanía y había sido ideada para hacer frente a las necesidades ideológicas del Ingsoc, o Socialismo Inglés. Hacia el año 1984, todavía no había nadie que la utilizara como único medio de comunicación, hablada ni escrita. Los artículos importantes del Times estaban escritos en ella, pero esto era una hazaña que sólo podía ser llevada a cabo por especialistas. Se esperaba que la Nueva Lengua reemplazaría a la Vieja Lengua (el inglés estándar, que podríamos llamar) hacia el año 2050. Mientras tanto, iba ganando terreno de manera ininterrumpida, conforme todos los miembros del Partido tendían a utilizar, cada vez más, las palabras y las construcciones gramaticales de la Nueva Lengua en su hablar cotidiano. La versión utilizada en 1984, plasmada en las ediciones novena y décima del Diccionario de la Nueva Lengua, era sólo provisional y contenía muchas palabras superfluas y formas arcaicas que deberían ser suprimidas más tarde. La versión que nos concierne aquí es la final, la perfecta, la contenida en la oncena edición del Diccionario.»

«El propósito de la Nueva Lengua no era únicamente el proveer de un medio apropiado para que los devotos del IngSoc expresaran su visión del mundo y sus hábitos mentales, sino, además, para hacer imposible cualquier otra forma de pensamiento. Se pretendía que, una vez que la Nueva Lengua hubiera sido adoptada y olvidada la Antigua, un pensamiento herético, -esto es, un pensamiento discrepante de los principios del IngSoc- no pudiera ser, literalmente, ni siquiera pensable, al menos hasta donde los pensamientos dependen de las palabras. Su vocabulario estaba construido para dar una expresión exacta y, a menudo, extremadamente sutil, a cualquier significado que quisieran expresar los miembros del Partido, al tiempo que se excluían todos los demás significados, así como la posibilidad de alcanzarlos de manera indirecta. Esto se hizo, en parte, mediante la invención de palabras nuevas pero, fundamentalmente, mediante la eliminación de palabras indeseables y quitando a tales palabras sus significados heterodoxos, e, incluso, en la medida de lo posible, cualquiera de sus demás significados. Por dar un ejemplo: la palabra ‘libre’ existía aún en la Nueva Lengua, pero sólo podía ser utilizada en declaraciones tales como ‘este perro está libre de piojos’ o ‘este campo está libre de malas hierbas’. Pero no podía ser utilizada en su antiguo sentido de ‘políticamente libre’ o ‘intelectualmente libre’ dado que ni la libertad política ni la libertad intelectual existían ni siquiera como conceptos y eran, por consiguiente, innombrables. Del todo aparte de esta supresión definitiva de las palabras heréticas, la reducción del vocabulario fue vista como un fin en sí misma, de manera que a ninguna palabra que pudiera ser prescindible, se le permitió que sobreviviese. La Nueva Lengua fue diseñada, no para ampliar el ámbito del pensamiento, sino para empequeñecerlo…»

Parece que Orwell hubiera resucitado nada más que para relatar las argucias dialécticas de nuestra izquierda. O será que la izquierda siempre y en todas partes ha sido así. En cualquier caso ¡Vaya si hay que dar la batalla por las palabras y los conceptos, señor Presidente! ¡Y tanta más batalla cuanta más cuota de poder tengan ustedes, los socialistas, porque, si no, que Dios nos pille confesados!

Vínculos:

Zapatero dice que reconocer el sentimiento nacional catalán no afecta al modelo de Estado. El Periódico.
La palabra del presidente del Gobierno
. Agapito Maestre. Libertad Digital.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

18 enero, 2006 a 18:42

Publicado en Política

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2 comentarios

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  1. Tu presidente tienes los pies fríos….

    alexia

    26 enero, 2006 at 17:34


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