Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for enero 2006

Las "democracias avanzadas" y 1984

with 2 comments


 ¿No ves que la finalidad de la Nueva Lengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimen mental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado está decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre?
George Orwell, 1984.

 

El hombre que ocupa la presidencia del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pronunciado una frase en la que afirma algo.

Esto, en un hombre que, normalmente, utiliza sólo la sonrisa, la frase hecha, el lugar común, el chiste, el chascarrillo y la arenga para convencidos, es una novedad que debe de ser bienvenida pues nos brinda la rara ocasión de indagar en el pensamiento de nuestro presidente.

ha dicho Zapatero, seguramente no con la intención de que pase a una antología de frases célebres sino para salir al paso de una coyuntura para él difícil.

En una “democracia avanzada” lo peor es dar una batalla por las palabras y los conceptos

Si examinamos la frase en su contexto, que es el de la actual discusión del Estatuto de Cataluña y, concretamente, la definición de ésta como nación, a nadie se le escapa su trascendencia.

El asunto, tal como está planteado, es como sigue:

Efectivamente, Cataluña puede ser considerada una nación. Existe, no obstante, el problema de que definirla como tal en su texto estatutario implica dos hechos:

1. Una plausible incompatibilidad con el texto y con el espíritu de la Constitución española del 78 que define a España como única nación.

2. La posibilidad de que, en la siguiente generación, como ya han anunciado los partidos independentistas catalanes, se demande, sobre la base de tal definición, la creación de un Estado catalán independiente.

Sobre esto se podrán tener todas las opiniones que se quiera pero lo que señor Presidente no puede es hacer como si se tratara de un mero debate semántico sin consecuencias. Al contrario. Los partidos catalanes defensores del estatuto, sin ir más lejos, sí que parecen estar más que dispuestos a dar la batalla por la palabra “nación”.

El que al Presidente del Gobierno, que es la persona más obligada a respetar y defender las continuidad normativa del Estado de Derecho que gobierna, el asunto le parezca banal y prescinda de atender a las consecuencias que mañana pueda tener el que hoy escribamos una cosa u otra en el Estatuto es, cuando menos, preocupante. Para el señor Rodríguez Zapatero, más que malo, es peor, dar la batalla por el concepto de nación.

El que considere malo dar la batalla por esta palabra y por este concepto sólo nos puede hacer pensar que lo que pretende es evitar el debate de reforma constitucional que debería implicar la introducción de la palabra Nación en el Estatuto catalán en el sentir de muchos. En el sentir de, aproximadamente, el 50% del cuerpo electoral español.

En resumidas cuentas: la frase vendría a distraer la atención de una chapuza jurídica que rompe el consenso constitucional y que, como dije antes, sólo se explica por la urgencia que tiene el señor Zapatero de superar la difícil coyuntura en que se halla el estatuto por él promovido.

Hasta aquí el análisis de la frase del Presidente en su contexto. Vemos, que en dicho contexto, el Presidente renuncia a causar cualquier molestia por la palabra ‘nación’ e, incluso, haciendo de la necesidad virtud, se inventa la frase de marras para que, encima, nos pongamos contentos por vivir en una “democracia avanzada”.

Sin embargo, lo que aterra, es el análisis de la frase en sí; de la frase desnuda; de la frase descontextualizada. Y aterra porque nos deja entrever lo que entiende el Presidente por “democracia avanzada”.

Lo primero que se nos ocurre es que, ni en una democracia avanzada ni en una dictadura incipiente, ni en una monarquía absoluta y, ni siquiera, en una charla de café, los conceptos ni las palabras que los expresan, son cosa baladí. Cualquier discusión que no sea un diálogo de besugos debe de partir de la precisión conceptual y de la decencia intelectual de utilizar las palabras que más se ajusten a los conceptos que queremos expresar.

El señor Presidente considera mala la batalla por las palabras y los conceptos cuando ¿qué es el pensamiento humano sino confrontación de conceptos mediante palabras?.

Viene a decirnos que en una “democracia avanzada” estos conceptos ya deben estar lo suficientemente claros como para no tener que discutirlos y precisarlos.

Y lo segundo que no podemos por menos que hacer es acordarnos de Orwell. Dice en 1984:

«La Nueva Lengua era el idioma oficial de Oceanía y había sido ideada para hacer frente a las necesidades ideológicas del Ingsoc, o Socialismo Inglés. Hacia el año 1984, todavía no había nadie que la utilizara como único medio de comunicación, hablada ni escrita. Los artículos importantes del Times estaban escritos en ella, pero esto era una hazaña que sólo podía ser llevada a cabo por especialistas. Se esperaba que la Nueva Lengua reemplazaría a la Vieja Lengua (el inglés estándar, que podríamos llamar) hacia el año 2050. Mientras tanto, iba ganando terreno de manera ininterrumpida, conforme todos los miembros del Partido tendían a utilizar, cada vez más, las palabras y las construcciones gramaticales de la Nueva Lengua en su hablar cotidiano. La versión utilizada en 1984, plasmada en las ediciones novena y décima del Diccionario de la Nueva Lengua, era sólo provisional y contenía muchas palabras superfluas y formas arcaicas que deberían ser suprimidas más tarde. La versión que nos concierne aquí es la final, la perfecta, la contenida en la oncena edición del Diccionario.»

«El propósito de la Nueva Lengua no era únicamente el proveer de un medio apropiado para que los devotos del IngSoc expresaran su visión del mundo y sus hábitos mentales, sino, además, para hacer imposible cualquier otra forma de pensamiento. Se pretendía que, una vez que la Nueva Lengua hubiera sido adoptada y olvidada la Antigua, un pensamiento herético, -esto es, un pensamiento discrepante de los principios del IngSoc- no pudiera ser, literalmente, ni siquiera pensable, al menos hasta donde los pensamientos dependen de las palabras. Su vocabulario estaba construido para dar una expresión exacta y, a menudo, extremadamente sutil, a cualquier significado que quisieran expresar los miembros del Partido, al tiempo que se excluían todos los demás significados, así como la posibilidad de alcanzarlos de manera indirecta. Esto se hizo, en parte, mediante la invención de palabras nuevas pero, fundamentalmente, mediante la eliminación de palabras indeseables y quitando a tales palabras sus significados heterodoxos, e, incluso, en la medida de lo posible, cualquiera de sus demás significados. Por dar un ejemplo: la palabra ‘libre’ existía aún en la Nueva Lengua, pero sólo podía ser utilizada en declaraciones tales como ‘este perro está libre de piojos’ o ‘este campo está libre de malas hierbas’. Pero no podía ser utilizada en su antiguo sentido de ‘políticamente libre’ o ‘intelectualmente libre’ dado que ni la libertad política ni la libertad intelectual existían ni siquiera como conceptos y eran, por consiguiente, innombrables. Del todo aparte de esta supresión definitiva de las palabras heréticas, la reducción del vocabulario fue vista como un fin en sí misma, de manera que a ninguna palabra que pudiera ser prescindible, se le permitió que sobreviviese. La Nueva Lengua fue diseñada, no para ampliar el ámbito del pensamiento, sino para empequeñecerlo…»

Parece que Orwell hubiera resucitado nada más que para relatar las argucias dialécticas de nuestra izquierda. O será que la izquierda siempre y en todas partes ha sido así. En cualquier caso ¡Vaya si hay que dar la batalla por las palabras y los conceptos, señor Presidente! ¡Y tanta más batalla cuanta más cuota de poder tengan ustedes, los socialistas, porque, si no, que Dios nos pille confesados!

Vínculos:

Zapatero dice que reconocer el sentimiento nacional catalán no afecta al modelo de Estado. El Periódico.
La palabra del presidente del Gobierno
. Agapito Maestre. Libertad Digital.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

18 enero, 2006 at 18:42

Publicado en Política

Tagged with , ,

El discurso de las armas y las letras

leave a comment »


 

El discurso de las armas y las letras.

El apunte de ayer me hizo releer el "Discurso de las armas y las letras" de don Quijote.

No pude por menos que acordarme del discurso que pronunció en Sevilla hace unos días el Teniente General Mena con ocasión de la celebración del la Pascua Militar. Discurso en el que recordó el Artículo 8 del Título Preliminar de la Constitución Española de 1978 y que ha levantado ampollas en los que ansían ver aparecer un espadón porque un espadón justificaría sus razones y, sobre todo, sus sinrazones.

 Este artículo dice:

"Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional."

Y decía don Quijote:

 "…dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios; y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas."

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

12 enero, 2006 at 20:42

Publicado en Comentarios

¡Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles!

leave a comment »


 

¡Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles!

 

Así comienza la Ilíada, el más antiguo poema épico de la literatura griega. Es un poema épico, esto es, un poema que ensalza una hazaña militar. Como griego, está, también, en los fundamentos de uno de los pilares de nuestra cultura hispana.

Lo traigo a colación porque, en nuestros desgraciados tiempos, parece que hay que explicar que la milicia, el ejercicio de las armas, fue vista, en otros más felices y menos retorcidos, como vivero de virtudes nobles, forja donde se templaban valores profundos del ser humano y fuente de inspiración de todo un género literario que se llama, ya digo, Épica.

Uno de los signos que señalan la decadencia de una cultura es la despreocupación por su defensa armada. Para esto, como para casi todo, tenemos el paradigma en nuestra madre Roma. Sabido es más que de sobra cómo, a la par que el pueblo romano fue olvidando las virtudes republicanas y abandonándose a la molicie en los últimos siglos del imperio, dejó en manos de mercenarios extranjeros la tarea de su defensa militar.

Este desprecio hacia la milicia es propio, digo, de cualquier cultura decadente y, aunque no hubiera otros, bastaría su sola existencia para que nos diéramos cuenta de que la española lo es. Manipuladas las conciencias por la propaganda antibelicista de la ideología de izquierdas, parece que la igualdad: 

Milicia = Violencia = Maldad

es un axioma, es decir, una proposición tan clara y evidente que no precisa demostración.

Apareció la palabra violencia.

La palabra violencia causa tanto escándalo entre los progresistas directores de nuestras conciencias, y, en general, entre la mayoría de nuestros compatriotas entontecida por ellos, como podía causar la palabra coño entre las beatas de principios del siglo pasado.

Hace unos meses, en el transcurso de una guardia, atendí a uno de estos programas telebasura que se llaman reality-shows. Todo el mundo conoce el grado de violencia verbal gratuita que cabe en estos programas. Por lo visto, en una edición anterior de dicho espacio, una de las contertulias no pudo más y le soltó un tortazo a otra. La presentadora, una de estas niñas monas que presentan tales programas, estaba sofocadísima:

–"¡Ay!", decía, "¡con lo que yo odio la violencia!"

 Esta pobre mujer, la presentadora, digo, entendía por violencia el hecho de que un ser humano al que le están tocando las narices, llegue un momento en el que no pueda más y le suelte un tortazo a otro, pero no llega ni a atisbar que el programa que ella presenta no es otra cosa que una exhibición continua de violencia verbal y, ya digo, del todo gratuita. Del todo injusta por gratuita.

 Si acudimos al diccionario vemos que violencia es la cualidad de violento, entendiendo por violento el modo de obrar con ímpetu y fuerza. Y aquí cazamos el truco dialéctico de nuestros progresistas (los progresistas, la izquierda, son maestros en la utilización del sofisma). Substituyen la palabra fuerza por la palabra violencia, cargan a esta última de significación peyorativa y ya los tenemos listos para lanzarse contra cualquier violencia, justa o injusta, que no sea la suya propia, claro, porque ellos se reservan la utilización de cualquier tipo de violencia física, psicológica, verbal, legislativa… para llevarnos a todos a esa Disneylandia no violenta en la que quieren transformar nuestro mundo.

 La Humanidad nunca ha considerado malo el ejercicio de las armas sino, rotudamente, al revés. No creo preciso que me tenga que remontar a las disquisiciones filosóficas sobre la guerra justa ni volver a justificar la guerra defensiva. Creo que, con poco reflexión, se deshace la fórmula que escribí más arriba. Todos podemos imaginar infinidad de situaciones en las que la utilización de la violencia es, no sólo lícita, sino justa y buena:

"Esta paz es el verdadero fin de la guerra, que lo mesmo es decir armas que guerra",

dice don Quijote en su discurso de las armas y las letras.

El medio de trabajo de los militares es, pues, la utilización de la fuerza o de la violencia física, me da igual llamarlo de una forma u otra. O uno de sus medios. El principal. Esto es así, de la misma forma que los médicos utilizamos la terapéutica o los arquitectos utilizaban la tinta china antes de que apareciera el AutoCad. El que la utilicemos bien o mal, es harina de otro costal.

En resumidas cuentas, podríamos concluir, a grandes rasgos, que la milicia consiste en la utilización de la violencia física con la finalidad de resolver un hecho injusto.

Esto sólo debería bastar para reconocer en la profesión de la milicia un ejercicio respetable y acallar a esa multitud de necios que farisaicamente se avergüenza de ella. Pero es que, además, hay que decir sin ningún miedo, como lo he dicho antes, que la milicia forja valores nobles en el hombre, mal que les pese a los pseudointelectuales. Lean el discurso íntegro de don Quijote en el que compara a las armas con las letras, alabando a ambas, pero concluyendo la superioridad de las primeras sobre las segundas:

Por cierto ¿qué fue don Quijote sino caballero? Y ¿qué significa allí ser caballero sino ser militar? ¿Ha reparado en esto la caterva de pacifistas que celebró el pasado año el quincuacentésimo año de la edición de su novela? ¿La han leído? La celebración de este aniversario por parte de los manipuladores de las mentes que nos gobiernan me hubiera causado risa de no haberme causado infinita ira.

Calderón glosó lo que significaba ser soldado en unos versos que aún hoy cantan nuestros militares.

 
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
 
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
 
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
 
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

Todo esto viene a cuento de la noticia que he escuchado esta tarde en el telediario de las dos y media. Parece ser que las tropas que teníamos en Irak en abril del 2004 asistieron, mirando sentadas en sus carros de combate, a un ataque armado de resistentes irakies contra nuestros aliados norteamericanos.

Me parece muy lícita la discusión de si la guerra de Irak es justa o injusta; de si debimos ir allí o no; de si debimos aliarnos a los norteamericanos o no. Pero, una vez que fuimos, la imagen de nuestros soldados mirando impasibles, sentados en sus carros de combate, el ataque a nuestros aliados sin mover un dedo sólo puede causarme vergüenza y asco.

Parece ser que el Ministerio de Defensa ha justificado tan vergonzosa dejación con la matraca de siempre de la misión de paz: un toque más en el lavado de cerebro; un paso más hacia Disneylandia a costa del honor de nuestros soldados.

¿Sería mucho pedir, dado que los tienen lejos de sus familias, a miles de kilómetros de la patria, sufriendo las mil privaciones que sufre todo soldado en campaña, que, al menos, no les hicieran hacer el ridículo?

Que, por otra parte, no es suyo; es nuestro ridículo. Es la sensación de ridículo de los que, a diferencia del señor Ministro de Defensa, no hemos perdido su sentido.

Así ha degenerado nuestra épica desde los campos de Ilion hasta los desiertos irakies.

¡Canta, oh diosa, la pachorra del señor Bono!

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 enero, 2006 at 19:25

Publicado en Comentarios

En el día de hoy

leave a comment »


 
Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.
 
Aquél ha perdido la Fe, ya nada puede perder.
Publio Siro.
 

En el día de hoy, lluvioso en la hermosa ciudad de Valencia, inicio este blog.

Hasta hace bien poco yo no sabía lo que era un blog. Hoy entreveo que viene a ser algo así como un diario personal que se diferencia de los diarios personales de toda la vida en dos hechos, a saber: uno que no se escribe en cuadernos de papel, sino en Internet, y, dos, que lo puede ver todo el mundo que esté de humor para acceder a él.

Su título, ‘Conceptos esparcidos’ se lo robo a Lope.

En su frontispicio coloco la frase que, hará ya sus quince años, quise que fuera el lema de mi vida ‘Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest’ (A quien ha perdido la Fe, ya nada le queda por perder). La transición del ateísmo a la Fe es un proceso complejísimo que acaba cristalizando (al menos, así nos lo parece cuando lo recordamos después) en uno o unos pocos hechos más o menos melodramáticos. En este sentido, el ‘Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest’ fue mi ‘Saulo ¿por qué me persigues?’ ya muy andado el camino de Damasco. No sé nada más de su autor, Publio Siro. Veo en Google que fue un escritor latino del siglo I a. de N.S. fecundo en frases sentenciosas. Más tarde les echaré una ojeada aunque, estoy seguro, ninguna superará en profundidad a la que antecede.

Aquí comienzo, pues, en el día de hoy, estos ‘Conceptos esparcidos’. Parafraseando a Tito Livio en las primeras palabras de su prólogo, pienso: ‘No sé si merecerá la pena…

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 enero, 2006 at 11:22

Publicado en Frases