Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Odio vesánico a la Hispanidad

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Cuando hablamos de civilización cristiana las gentes de nuestro tiempo en su conjunto piensan que hablamos de antiguallas y de músicas celestiales.

Cuando denunciamos que el fin último de la izquierda, de toda la izquierda –de manera más o menos consciente–, es su destrucción, las gentes creen que exageramos.

Gravitando sobre nuestra civilización, nacida de aquélla pero distinta –peor–, gravitan dos mil años de la misma y da por supuesto que el avance moral que significó la aparición del cristianismo para la Humanidad, ha existido toda la vida; que ha sido siempre así, que siempre será así y que quienes damos el coñazo anunciando la amenaza de su destrucción somos unos plastas.

No es así: frente al cristianismo –basta leer a Menéndez Pelayo– se han alzado la herejía y el error casi desde su misma aparición. Algunas de esas herejías se han movido en el campo de lo meramente teórico, de lo elucubrativo; tal la arriana. Pero la inmensa mayoría de ellas, desde la gnóstica –al menos en su jactancia– hasta la marxista, están cortadas por el mismo patrón; patrón diseñado para, lisa y llanamente, acabar con él.

El catolicismo no es sino el desarrollo de ese cristianismo que, enriquecido por el atisbo de la verdad del pensamiento griego y por las costumbres romanas, iluminó y civilizó al mundo a lo largo de esos dos mil años, su interpretación en cada tiempo bajo el magisterio de la Iglesia romana y, muy particularmente, la lucha frente al error y la herejía. (No hablo aquí del cisma oriental, que es asunto diferente).

Así, el magisterio de Roma ha tenido que condenar en nuestros tiempos reciente errores tales como el subjetivismo, el materialismo, el liberalismo (político) y el socialismo pero, en esencia, el error, la herejía es sólo una: frente a la convicción cristiana de que existe un orden natural que el Hombre no puede cambiar y que la libertad humana debe ceñirse a él:

in necassaris auctoritas, in dubiis libertas et in omnibus charitas,

se alza, en razón del libre albedrío que Dios le ha dado, la convicción moderna de que tal orden natural o Ley de Dios no existe y que, en consecuencia, cualquier cosa que yo piense o que yo obre es lícita y admisible con el sólo límite de que no reporte un mal inmediato al prójimo.

Y, también en su consecuencia, para este error filosófico, el magisterio de la Iglesia –la civilización cristiana– no es sino superstición que ha mantenido durante dos milenios oprimido y aherrojado al Hombre: cosas de curas de las que la Ilustración vino a liberarnos.

El marxismo –hoy neomarxismo– no es sino el extremo de tal error y en él podemos ver cómo el error lleva a la aberración y las imágenes aberrantes que hoy estamos viendo del ataque vesánico a los símbolos de la Hispanidad, no se deben, como se piensa de manera simple, a viejas rencillas comerciales y coloniales entre el mundo anglosajón y el hispánico, no.

Se debe a que la Hispanidad, España, ha sido, si no el principal, uno de los principales adalides de ese magisterio católico y, así, quienes niegan la Ley de Dios, odian y odiarán siempre a España. Ello explica, también, el hecho insólito, inexistente en nación ninguna de que a la izquierda española le chirríen nuestros símbolos y nuestras tradiciones. El asunto tiene profundas raíces filosóficas.

Por otra parte, la Iglesia de nuestros días no ayuda. Al revés, sea por ignorancia, sea por miedo, sea porque muchos católicos han caído el error, no es ya que haya hecho dejación de su deber de magisterio: es que condesciende, complace y mira hacia otra parte ante el error.

De esta manera, para conocer su magisterio, debemos remontarnos a antes del Concilio Vaticano II. Copio de una Apologética publicada en 1958 y perdóneseme lo largo de la cita pero, como la Jerarquía está tocando el violón, tiene uno que acudir a estas cosas:

Prueba quinta: frutos admirables producidos por el Cristianismo.– Este testimonio constituye otra prueba luminosa de la divinidad de la Religión Cristiana; porque ella fue la que realizó en el mundo la restauración del individuo, de la familia y de la sociedad, iluminándolos, mejorándolos y haciéndolos felices; todo lo cual es otro gran milagro moral.

Ahora bien, una religión que obra tales prodigios, superiores al poder humano, tiene que ser una religión divina (números 130 y 136).

Luego los frutos y fecundidad del Cristianismo prueban su divinidad.

La prueba que se deduce de los frutos prodigiosos producidos por el Cristianismo en el mundo exige un gran desarrollo, propio más bien de las grandes obras apologéticas. Aquí nos basta con una breve argumentación, reservando el hacerlo un poco más ampliamente al final del tratado tercero, donde se exponen los beneficios que el mundo debe a la Iglesia.

Para tener una idea de la maravillosa restauración del mundo llevada a cabo por la Religión Cristiana, hay que conocer el estado en que aquél se hallaba antes de la venida de Jesucristo.

1.º Estado del mundo antes del Cristianismo. Es bien conocido por la historia.

a) En todas partes, aún en las naciones más civilizadas y sabias, a excepción del pueblo judío, reinaban los errores más absurdos y groseros: el politeísmo, el fatalismo, el materialismo, eran lo que formaba la base de la vida intelectual y moral de toda la humanidad. «Una sola nación adoraba al verdadero Dios; las otras se prosternaban ante los astros, las plantas, los animales y los ídolos de piedra o de madera. La tierra no era más que un inmenso templo de ídolos».

b) A estos errores, correspondían las costumbres más abyectas y depravadas: los filósofos y el Senado Romano toleraban los más desenfrenados vicios: la lujuria, la glotonería, la embriaguez, la avaricia… tenían sus altares; la justicia, la honestidad, las leyes más santas, eran menospreciadas y con todo descaro infringidas. La humanidad se revolvía degradada en el fango de todas las inmundicias.

Tal era, en resumen y como en cifra, el estado de degradación y de corrupción profunda en que se encontraba el mundo antes de la venida de Jesucristo.

2.º Estado del mundo después de Jesucristo. También es bien conocido el cambio maravilloso obrado por el Cristianismo en el mundo desde que dio comienzo el imperio de la cruz. La Religión Cristiana fue la que restauró al individuo, la familia y la sociedad; en una palabra, a la humanidad entera, levantándola de la degradación y envilecimiento en que la tenía sumida el paganismo.

a) El Cristianismo iluminó a los hombres con la luz del Evangelio: individuos, familias, pueblos (aún los más bárbaros y salvajes), naciones, el mundo entero, han sido esclarecidos por la llama de la verdad. A todos ha hecho accesibles, lo mismo a los sabios que a los ignorantes, las más altas y sublimes verdades (núm. 278). Entretanto que las demás filosofías y falsas religiones dejan al hombre sumido en la ignorancia, sólo el Cristianismo resuelve con soluciones claras y precisas todos los problemas que interesan a la humanidad. «Un niño cristiano, dice Jouffroy, que sepa bien el Catecismo, sabe más acerca de las grandes cuestiones y problemas de la vida que todos los sabios de la antigüedad y que todos los filósofos del paganismo».

b) El Cristianismo, disipando las tinieblas intelectuales y los errores seculares que envolvían al mundo antiguo, y reemplazando el culto de los ídolos por el culto del verdadero Dios, transformó las costumbres e hizo brotar por doquiera una rica eflorescencia de las más heroicas virtudes, como la castidad perfecta, la humildad, la abnegación, la caridad, el amor a los enemigos, etc. Y estas virtudes se ven florecer en todos los tiempos, en todos los países, en todas las clases sociales, al amparo de la Cruz de Cristo; mientras que todas las filosofías y religiones distintas de la Cristiana, fueron siempre impotentes para hacer florecer ninguna de estas virtudes.

c) El Cristianismo, finalmente, no se limitó a iluminar a los hombres con el faro brillante de la verdad ni a sacarlos de la abyección en que estaban sumidos, sino que llevó su civilización a la sociedad entera, haciendo imperar, contra la tiranía y el despotismo, la libertad, pero moderada con el respeto a la autoridad, como nacida del mismo Dios; contra la crueldad del paganismo, la caridad; contra la fuerza bruta con que era tratado el vencido y el prisionero, la justicia y la piedad. «El corazón del mundo pagano sólo sabía rendirse ante la fuerza, o encerrarse en el egoísmo más feroz; y el Cristianismo supo encontrar el secreto maravilloso de abrirlo, no solamente a la voz del derecho y de la justicia, sino también a las inspiraciones fecundas y a las suaves efusiones de la misericordia y de la caridad. Mientras que la antigüedad pagana no tenía para los pobres y enfermos sino desprecio y abandono, la nueva religión logró inspirar respeto hacia esas calamidades y sufrimientos, creando a este fin instituciones de caridad y despertando por doquiera sublimes vocaciones para la virtud y el heroísmo».

Como consecuencia necesaria, la religión de Jesucristo ha hecho que a las legislaciones paganas, al despotismo y a las innumerables torpezas por ellas consagradas, sucediera una nueva legislación impregnada toda ella de su espíritu. Mediante su doctrina sobre el origen y el fin del hombre, ha devuelto a éste su personal nobleza. Sin caer en la anarquía, ha sabido librarse del yugo despótico y embrutecedor de su semejante, a fin de someterle sólo a aquel de quien desciende toda potestad sobre la tierra. Así es como se han cicatrizado las llagas profundas y humanamente incurables del paganismo: la esclavitud y el despotismo… la tiranía del Estado que absorbía todas las individualidades… y la barbarie de las relaciones internacionales.

En resumen. La transformación del mundo, naturalmente imposible, se ha realizado en todos los lugares donde el Cristianismo ha podido establecerse. Por el contrario, en donde el Cristianismo no ha penetrado, ha subsistido, casi sin cambio alguno, el mismo estado antiguo de las vergonzosas miserias del mundo pagano.

***

¿Es exagerada la afirmación «Un niño cristiano que sepa bien el Catecismo, sabe más acerca de las grandes cuestiones y problemas de la vida que todos los sabios de la antigüedad y que todos los filósofos del paganismo»?

¿Se enseña hoy el Catecismo a los niños? pregunto. O estamos todos educados a la manera rousseauniana en el mito del buen salvaje.

***

El ataque vesánico que hoy estamos viendo en América y en Europa, muy significativamente en España, tiene esta raíz filosófica. Cuando, hace casi veinte años, los talibanes destruías estatuas budistas nos parecían salvajes y nos parecía imposible que esto pudiera suceder en nuestro mundo. Nos lo parecía así porque, insisto, estábamos bajo el paraguas de dos mil años de civilización cristiana. Hoy, tan sólo veinte años después vemos que sí puede suceder, sucede y, lo que es más, sucede con el beneplácito, disculpa y justificación de mucha parte de la gente heredera de aquella civilización. Véase Irene Montero.

Sin embargo, quienes sí creemos en la existencia de ese orden natural, de esa Ley de Dios, y creemos que es imposible vivir sin él; que, sin él, el Hombre se embrutece y la sociedad se desintegra, a tal creencia la llamamos providencia divina y, fiados en ella, sabemos que la actitud de estas bestias conllevará, antes o después, su propia destrucción.

No obstante, conociendo también que la divina providencia no disculpa la providencia humana, es menester que, como nos dijo Francisco Franco en su Testamento Político:

«No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y, para ello, deponed, frente a los supremos intereses de la Patria y del pueblo español, toda mira personal».

recordémoslo, pues,  tengamos muy presente qué están haciendo estas bestias, por qué lo están haciendo y no dejémosles pasar ni una sin escupirles a la cara su propio odio. Cristóbal Colón, fray Junípero… lo que hicieron fue llevar la civilización cristiana a tierras y gentes que la desconocían: esto es lo que incita su odio.

***

Vínculos:

De Oñate a la jungla. Jesús Laínz. Libertad Digital.
Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia. Conceptos Esparcidos.
España. Personalismo y crisis de la razón católica. David González Alonso.

Pese al odio a España, la Hispanidad triunfa . TLV1.


Los talibanes cumplen su promesa y destruyen la mayor estatua de Buda. ABC.
Irene Montero no condena el ataque a la estatua de fray Junípero Serra y pide la revisión crítica del pasado. ABC.
Virgen de la Sapiencia. Antiguo escudo de la Universidad Literaria de Valencia vandalizado y eliminado por el PSOE.
Árbol de odio. Phillip W. Powell.
Trump prepara un decreto para endurecer las penas contra quienes derriben o vandalicen estatuas. ABC.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 junio, 2020 at 9:58

Los cerdos socialistas: la utilización del insulto en el debate político

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FGS entrevistó ayer, en su programa Es las mañana de Federico, a Iván Espinosa de los Monteros y, durante la entrevista, surgió el asunto del tratamiento formal entre las personas en un contexto político tan enrarecido como el que estamos viviendo desde hace ya demasiado tiempo.

Cuando digo personas hablo en general, no refiriéndome sólo a los políticos sino incluyendo en la denominación a los cerdos socialistas y comunistas y a la fracción no marxista pero sí deficiente mental que les vota y que es responsable último de que esta gentuza detente hoy el poder en España.

Abogó Espinosa de los Monteros en el programa por el tratamiento respetuoso no obstante las diferencias ideológicas:

Desde la enorme distancia ideológica que nos separa, yo procuro ser correcto, educado, cortés…

no sin dejar de señalar lo difícil que es ante la susceptibilidad y la exquisitez de estos indeseables cuando se les levanta la voz:

el secretario general del Partido Comunista montó un escándalo tremendo porque le llamamos comunista… al secretario general del partido comunista… y le pareció insultante.

Justificó su actitud –actitud cierta y generalizada en VOX:

Nosotros somos educados, somos correctos, probablemente somos el grupo que tiene mejor comportamiento precisamente porque, tenemos tal fuerza de convicción, tenemos las ideas tan claras, que no necesitamos ni gritos, ni aspavientos, ni agresiones verbales.

En el programa intervenía, también, Eduardo Inda, quien no acababa de comulgar con esa actitud:

Pero, don Iván, ser educado con alguien que a usted le metería en la cárcel… yo no sería educado; yo es que ni le saludaría: yo no colegueo con gente como Iglesias, que me quiere meter en la cárcel… yo, si tuviera al lado al señor Iglesias, no digo que le escupiera, que no le escupiría, porque soy una persona educada pero, desde luego, jamás le saludaría, ¡vamos, ni le saludo nunca!

Me interesó la discusión porque vengo, desde enero pasado, utilizando el insulto, no tanto como desahogo –que también– pero sí como arma de un enfrentamiento civil que quiero fomentar.

Mi tesis es que, durante la época desastrosa de la Transición, las gentes de derechas hemos vivido acobardados, haciéndonos perdonar la vida, en tanto que las izquierdas, ante esta actitud nuestra, se han venido creciendo hasta, volviendo a lo que siempre han sido,  recuperar su querencia revolucionara con la insolencia y con el odio que vemos en nuestros días.

Mi tesis es, pues, que debemos tratar de conseguir que esa parte de la sociedad que ha dominado el discurso político y social hasta ahora –incluyo a los progres– vaya sintiéndose desasosegada y sintiendo la sensación de rechazo que hemos sentido los demás durante cuarenta años; conseguir que las palabras socialista y comunista dejen de tener ese significado, esa connotación positiva, progre, guay, que hasta ahora han tenido y pasen a significar en el ideario de las gentes lo que estas doctrinas son realmente en la Historia de la Humanidad: error filosófico, cochambre intelectual y, en la práctica, pobreza esclavitud y muerte.

En este sentido, el hecho de que el secretario general del Partido Comunista se sienta insultado por que le llamen comunista me parece un avance significativo. Extravagante, chusco y divertido, pero significativo.

Y esta tesis la mantengo, no por afán de desquite, sino como manera –una más– de plantar cara al movimiento totalitario que estas bestias están instaurando ya sin disimulo ninguno mediante el enfrentamiento civil que, a estas alturas, considero conveniente para que los simples se den cuenta de que no son todos iguales como, cobardemente, sostiene mucha gente para eludir el problema.

El asunto viene de muy lejos y lo traté hace años en Pepiño Blanco sienta ‘doztrina’ acerca del insulto, a raíz de que este socialista, hablando de la condena a FJL por insultar al gilipollas de Gallardón, por denuncia de éste, se mostrase hipócritamente compungido por la utilización del insulto en el debate político.

Allí recordaba una parte de la retahíla que estas bestias nos han venido dedicando durante décadas: fascistas, fachas, casposos, retrógrados, ultramontanos, xenófobos, genocidas, Brunete mediática, yihad hispánica, follacabras y, recientemente (por aquellas fechas), los epítetos de pajilleros, reprimidos, puteros, siniestros, que el cerdo de Anido, a la sazón director de la SER, dedicó a FJL, Pedro J, Alfonso Ussía y Cristina Schlichting en un artículo que escribió titulado La baba en la pluma y que cómo sería que la página web de la SER intentó, sin éxito, retirarlo.

Más recientemente, hemos visto al mismísimo VICEPRESIDENTE DEL GOBIERNO, el cerdo de Iglesias, llamarnos a los afiliados a VOX, inmundicia DESDE LA TRIBUNA DE ORADORES DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS.

Mi reflexión es: ¿qué diferencia hay entre inmundicia y cerdo? Si el vicepresidente del Gobierno me llama a mí inmundicia, ¿por qué yo no le puedo llamar cerdo a él?

Pues por eso: porque están crecidos y, ante el servilismo y la bajeza que hemos mostrado ante ellos y ante su ideología perversa, al paso que instauran su revolución neomarxista, consideran natural llamarnos inmundicia desde las instituciones.

***

Dijo José Antonio:

¿Quién ha dicho –al hablar de «todo menos la violencia»– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que, cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Pasando ahora por encima de lo de la dialéctica de las pistolas –los tiempos son otros y, al menos de momento, los marxistas aun no las han sacado– eso es, justamente, lo que está sucediendo: un ataque a la Patria y a la Justicia por parte de estas bestias. Y, por supuesto, con insulto y recochineo ya que no –de momento– pistolas.

No es, pues, cuestión de que nos insulten; es cuestión del odio con el que se han lanzado a abordar esta legislatura revolucionaria y que pudo verse –ya no se cortan ni un pelo– en el debate de investidura del cerdo socialista Sánchez en enero:

No se trata, pues, de que nos insulten; se trata, como dijo el gilipollas de Balldoví, en un chiste que debió hacerle tanta gracia a sí mismo que se pasó el debate repitiéndolo, de que los reaccionarios vamos a tener que tomar tila para sufrir la legislatura del pacto de socialistas, comunistas y separatistas. Es decir, este imbécil, en vez de subir a la tribuna para defender una investidura que él cree útil para el bien de la Nación, a lo que sube es a decirle a la mitad de esa Nación que se vaya preparando y que tome tila.

Y, ¿quieren que les tratemos con respeto? ¿con consideración? ¿con cortesía? ¡Váyase usted a la mierda! A este tío lo que hay que responder es que la tila se la tome su puta madre.

Y la cuestión es que, en ese mismo debate en el que Balldoví hizo el chiste de la tila, el candidato Sánchez habló de un cordón sanitario que no se iba a dirigir a las personas, sino a las ideas “extremistas”.

Insultan, pues. Vienen insultando desde hace décadas y, además, últimamente, buscan la muerte civil de la mitad de la población que les es desafecta y la instauración de un régimen totalitario neomarxista.

***

Ante todo ello, nos tenemos que defender y no descalifico ninguna de las tres posturas que se pueden adoptar para hacer frente a la embestida de estos animales. Las tres me parecen no sólo aceptables y útiles sino, además, complementarias:

1. La de personas como Espinosa de los Monteros, Ortega Smith, Cayetana Álvarez de Toledo y otras cuya solvencia intelectual permite un discurso tan contundente como templado y tan infinitamente distante de la inanidad del del enemigo que le encorajina y le pone de los nervios.

2. La intermedia de Inda y Okdiario que, sin caer en el insulto, postula el golpe certero donde más les duele y la manifestación explícita del desprecio que estas bestias debe inspirar en toda persona bien nacida, y

3. La de la clase de tropa que, como yo, opta por el enfrentamiento verbal crudo y descarnado mediante el apóstrofe, la imprecación y el dicterio, llámese insulto.

Tildar a los cerdos de cerdos, por otra parte, no es ninguna enormidad. Sin perdón –dijo Cervantes– así se llaman. En tales animales personalizó Orwell –por algo sería– a los comunistas y, en fin, si Pablo Iglesias sr. entendía lícita cualquier violencia contra Calvo Sotelo –al final, asesinado por estas bestias– yo, en los tiempos que vivimos, entiendo moral e intelectualmente lícito el insulto.

***

Como digo, espero que estas tres actitudes converjan y coadyuven para que, algún día, España abomine del marxismo y del socialismo.

***

Volviendo, para acabar, a la tertulia de Es las mañana de Federico a la que aludí al principio, lo que sí rechazo tajantemente es la opinión de la señora que participa en ella –no sé ahora mismo quién es– y dice:

De todas maneras, que los políticos se saluden, no creo que sea nada nocivo para la opinión pública; al revés. Se puede discrepar y se puede ir a fondo en los debates pero yo creo que mantener las formas y mantener un mínimo de cordialidad alivia mucho en esta época tan polarizada.

Señora que sigue creyendo en la mentira de la Transición, manteniendo su discurso imbécil de buen rollo que nos ha traído hasta aquí y que cree que el problema de nuestra época es la polarización y no, como es, la revolución.

Como tampoco entiende, en fin, que siendo como son virtudes la mansedumbre, la mesura y el comedimiento, no lo pueden ser hasta el extremo de caer en la indignidad.

***

Siendo el primero en deplorar el tono del debate político que existe en nuestra patria, entiendo que su tono agrio no es el principal problema y que el insulto, como arma catártica en un momento en que, acabadas las contemplaciones, lo que se necesita es una catarsis, es arma lícita y, creo, útil. Así están las cosas.

***

Vínculos:

Pepiño Blanco sienta ‘doztrina’ acerca del insulto. Conceptos esparcidos.
El día de hoy. Conceptos esparcidos.
El derecho a insultar. Pío Moa.
Isabel San Sebastián y la jauría de izquierdas. Conceptos esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

26 junio, 2020 at 11:23

La distancia social

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El pasado 26 de feberero se me ocurrió escribir en este blog una entrada que titulé De la educación de los niños y del coronavirus. Me decidió a hacerlo el asunto de la reforma educativa, mi convicción antigua de que es imposible el consenso a ese respecto con las bestias marxistas y actuó como desencadenante las palabras de la comunista Irene Montero arrogándose el derecho de educar a los niños como quieran los comunistas.
 
Eran los días inmediatamente anteriores a que cayera sobre nosotros la catástrofe del coronavirus y la entrada trataba más de la educación moral que del coronavirus. Aunque no teníamos aun idea cabal de sus dimensiones dramáticas, ya el virus andaba en boca de todo el mundo y copaba los espacios informativos, razón por la cual se me ocurrió enlazar al asunto de la educación de la juventud, en su dimensión moral y estética, con éste del miedo al virus, siendo la tesis fundamental de la entrada la desmoralización, enervación y deshumanización con las que el marxismo cultural intenta destruir a las sociedades occidentales y sus valores clásicos y cristianos.
 
Ciertamente, en aquellos días, yo pensaba que esto del coronavirus iba a ser poco más que una gripe común y corriente. Las dimensiones dramáticas, sin embargo, con las que, tan sólo pocos días después, pude comprobar se presentó, me han hecho dudar mucho acerca de la conveniencia de mantener publicada o no tal entrada. Decidí, al fin mantenerla, por un lado, por honestidad intelectual y, por otro, por considerar que la desgracia que hemos vivido debe de ser mejor calibrada, libre de carga emocional, con la perspectiva del tiempo.
 
Y, con la perspectiva del tiempo, empiezo a verla, quizá, menos impertinente cuando, empezando a levantarse las restricciones que se nos han impuesto a la población, empiezo a reparar menos en la amenaza y más en el comportamiento de las gentes. De la fauna humana.
 
A pesar de lo que escribí en De la educación de los niños y el coronavirus, ha sido tal la magnitud y el dramatismo de la pandemia que no critico las medidas excepcionales a las que hemos sido obligados: cuarentena, distancia social, mascarillas, guantes, hidrogeles alcohólicos… Entiendo que, como dije en aquella entrada, la provisión divina no excusa la humana y entiendo que a las situaciones excepcionales haya que plantarles cara con medidas excepcionales.
 
No voy a hablar aquí, pues, de esas medidas que el gobierno nos ha impuesto ―tal vez excesivas, en comparación con otras naciones y, por supuesto, muy criticables en lo que tienen de caóticas―, ni del lógico miedo que las personas puedan haber sentido y aun sientan, sino del mío al pensar que muchas de esas medidas y comportamientos hayan venido para quedarse y que la pandemia haya acelerado un comportamiento que la sociedad venía gestando desde hace muchos años.
 
En efecto, la superstición ―obsesión― por la higiene y el miedo a los gérmenes se viene alimentando desde hace mucho tiempo. Hace ya bastantes años, almorzando en la cafetería del lugar donde trabajo, se acercó una muchacha a la mesa en que lo hacía para pedirme el salero y lo cogió con una servilleta, supongo que para no contaminarse de vaya usted a saber de qué. El hecho me pareció extravagante por lo excesivo pero ―comprendiendo que el miedo es libre―, no le di mayor importancia. Sin embargo, poco después, la inspección de sanidad de la cafetería obligó a ésta a retirar los saleros y las vinagreras. Desde entonces ―hablo de años― tiene uno que ir mendigando un sobrecito de aceite y otro de sal para condimentar unas ensaladas que, aun así, acaban resultando, por lo crudo de la lechuga, más propias para caballos que para seres humanos.
 
Se trata de sólo una anécdota, pero mil detalles como éste nos van mostrando, poco a poco, la aparición de una humanidad cada vez más entontencida con estas cosas. Vemos cómo, personas que conocemos desde hace muchos, tienen hoy comportamientos de este tipo que no tenían cuando las conocimos. Quizá la machaconería de los anuncios publicitarios de detergentes en los que aparecen virus y bacterias caricaturizados con aspecto de monstruos que a toda costa debemos exterminar de lavabos y cocinas, hayan tenido mucha culpa de este cambio del ser humano occidental, principalmente de la mujer, suprema directora del comportamiento del varón y principal educadora de la prole.
 
Con todo y con eso, ahora que se van levantando las precauciones a que nos ha obligado el virus, me maravilla, me asombra y me causa desasosiego salir a la calle y ver cómo, aun ya sin obligación legal de hacerlo, la inmensa mayoría de la gente camina por ella con mascarilla. Más papistas que el Papa, es muy difícil encontrar a alguien que no la lleve y, aun los que la llevamos con las narices descubiertas (más por evitar roces y enfrentamientos que por otra cosa) somos bichos raros en esta avifauna de la que formamos parte. Más raros que el coronavirus.
 
Pero eso, ya, es lo de menos. No es que sea grato salir a la calle y ver a todos tus conciudadanos embozados como si estuvieras en el Japón, pero vivimos en una sociedad libre, el miedo es libre y somos seres libres en lo que se puede ser libre.
 
O, ¿no?
 
Pues según para qué. El asunto este de las mascarillas me ha hecho notar una tendencia al totalitarismo y al comportamiento dictatorial de mis compatriotas que me preocupa: mucha gente te empieza a mirar mal si no utilizas el artefacto e, incluso, a llamarte la atención si vas sin bozal. El argumento, esta gente, lo tiene a huevo, claro está: mi comportamiento negligente puede poner en riesgo su salud. Argumento, en principio, poco discutible pero que, como digo, no deja de preocuparme por dos motivos.
 
Uno, por la tendencia borreguna que implica, y que supone un campo abonado en gran parte de la sociedad para asumir con gusto la dirección totalitaria y, otro, porque creo ver en esta actitud un comportamiento inquisitorial que va más allá de la legítima preocupación por la salud propia para entrar en el campo de, lisa y llanamente, de tocarle las narices al prójimo. Ambos comportamientos hacen que uno comprenda a Arcadi Espada cuando nos habla de este país al que tanto odio.
 
José María García, por su parte, decía que, en este país, basta que le pongas a un tío un pito y una gorra para que se crea general con mando en plaza. Así, a la figura del balconazi de hace unos meses, cuando el gran encierro, ha sucedido, en el desencierro, la de la Stasi de Mercadona: gente que, como me sucedió el otro día en ese supermercado, llevando yo la mascarilla, como digo, caída, me dio unos golpecitos en el brazo diciéndome “la mascarilla” para, inmediatamente, perderse entre el gentío sin darme tiempo a reflexionar, seguirla y contestarle. Quizá porque no estuviera tan convencido ni de la razón de su reproche ni de la fuerza de su argumento.
 
Este segundo motivo no es, sin embargo, el más importante. Estas pejigueras han sucedido siempre en ocasiones similares y en La gripe de 1918 en Burgos pueden verse algunos ejemplos chuscos de ellas.
 
Y, sin llegar a estos extremos, el temor a acercarte a otras personas, los rodeos para evitarlo, la tontería de chocar los codos, el no saludar dando la mano a los señores o dando un beso a las señoras, el caminar en el sentido que te indican flechas pintadas en el suelo… tantos pequeños detalles que se van haciendo dueños de nuestro comportamiento, me hacen pensar que el himno de estos días no sea, como dicen, el Resitiré, del Dúo Dinámico, sino, parafraseándolo, el Vivir así, no es vivir, amor, de Camilo Sexto.

 

 
No quiero decir con esto que, en una situación de excepcionalidad y de riesgo como la que vivimos se deban aceptar comportamientos irresponsables, negligentes.
 
Entiendo que el miedo forma parte de la naturaleza humana y es, en sí, un mecanismo adaptativo de defensa ante situaciones ciertamente o probablemente peligrosas. Es natural que el ciervo, al ver al lobo, huya corriendo. No critico el miedo, y, mucho menos, la prudencia, en sí mismos. De lo que hablo es del miedo irracional y neurótico. De ese miedo a morir de patada de conejo.
 
Lo que critico es el exceso y lo que, sobre todo, manifiesto es mi temor de que esto haya venido para quedarse y no sea sino la antesala de un paso más en el entontecimiento ya bastante avanzando del mundo, sino de cosas peores en lo social y en lo político:
 
En su entontecimiento y en su encierro, gustoso y contento, en la granja orwelliana.
 
Este escrito no es, fundamentalmente, una crítica política a nadie. Todo el mundo que me conoce sabe de mi odio hacia los socialistas y sabe que sólo quisiera tener más capacidad de odiar para odiarlos más. Me doy cuenta, también, de la pésima gestión que han hecho y de su utilización partidista de la pandemia: el empeño de Marlasca en multar a Rajoy por salir a dar su trotecillo en una calle desierta durante el confinamiento mientras los cerdos comunistas lo rompían en el entierro de Anguita es una pequeña anécdota significativa.
 
Sin embargo, no me gusta utilizar el asunto del coronavirus para criticar su gestión de la crisis que ha causado por la sencilla razón de que, aunque tuvieran conocimiento y aviso de la llegada de la pandemia, nadie, al principio, podía llegar a imaginar que iba a hacerlo en la forma dramática que lo ha hecho. No voy, pues, a ello.
 
A lo que voy es a que el golpe de Estado que los socialistas en alianza con los comunistas vienen desarrollando (desde antes del coronavirus) va a encontrar, en esta forma de ser mayoritaria de la sociedad, si no una receptividad franca, sí un terreno fácil para germinar en él, máxime si tenemos en cuenta que tal forma de ser sí es transversal. Muy transversal.
 
¿Puede la sociedad, a través del Estado, restringir nuestras libertades, aun la de ir por el mundo sin mascarilla, en pro de la salud pública? Ciertamente, de manera coyuntural y hasta cierto punto, puede. Pero sólo hasta cierto punto y en una coyuntura muy justificada.
 
Si no lo aceptamos como mera coyuntura obligada por fuerza mayor sino que empezamos a considerarlo como principio, esa misma sociedad que hoy me obliga a llevar mascarilla, mañana me puede obligar a vacunarme para intentar erradicar al coronavirus de la faz de la Tierra como se erradicó el de la vacuna: en su mundo disneylandesco, un mundo mejor es, qué duda cabe, un mundo sin virus y sin bacterias. Y, si mañana me obligan a vacunarme, pasado mañana, ¿quién sabe a qué me obligarán?
 
A esos extremos no puede obligar la sociedad. Al menos, una sociedad libre de personas libres.
 
¿No somos todos tan demócratas?
 
Esta misma forma de ser de la mayoría de la sociedad de la que vengo hablando puede hacer que, si se consigue una vacuna eficaz, haya colas para vacunarse; quiero decir, la inmensa mayoría de la población ―quizá yo mismo incluido― se vacune, quedando unos pocos reacios a hacerlo que no representarán ningún peligro para la sociedad puesto que, al estar inmunizada en su mayoría, esos reductos que pudiera hallar el virus en los rebeldes sean insignificantes de cara al riesgo.
 
Pero, vuelvo a preguntar: ¿no somos todos tan demócratas?
 
Si lo somos y esta cuestión quedara al arbitrio de la voluntad libre de cada uno pueden darse dos casos:
 
Que la mayoría se vacune, como he dicho antes, con lo que, muerto el perro ―o reducido a una aldea gala―, se acabó la rabia, o
que la mayoría no se vacune, con lo cual las cosas irán por sus cauces naturales, nos moriremos los que nos tengamos que morir y quienes no, irán adquiriendo, de una u otra manera, una inmunidad frente al virus y un modus vivendi con él como lo tenemos con todos los agentes infecciosos menos el antes mencionado de la vacuna.
 
En cualquier caso, eso sí sería una decisión democrática en la que la mayoría, sin necesidad de ninguna imposición, haría que las cosas fueran por uno u otro cauce.
 
Vuelvo a insistir en que no quiero ser maximalista. Los párrafos anteriores son una reflexión extrema. Pero creo que es una reflexión necesaria y no soy el único que se la viene haciendo. El pasado 11 de mayo, el filósofo Tomás Pollán, en un artículo de El Mundo titulado Los límites entre lo público y lo privado en estado de alarma analizados por nueve filósofos españoles, decía:
 
La ley común es la garantía de la ausencia de constricción para elegir las acciones y el tipo de vida que prefiera cada individuo, y la libertad individual es una condición esencial de la democracia. El poder estatal sólo puede ejercerse contra la voluntad de un ciudadano si se ejerce para evitar que perjudique a otros, y este perjuicio no puede ser ponderado ni a conveniencia del Estado ni a la de la hipersusceptibilidad de individuos con la piel muy fina.
 
Y continuaba:
 
El peligro de la situación actual está en que se aproveche la coyuntura para convertir un momento excepcional en permanente. Veremos.
 
Es, precisamente, el aprovechamiento de una coyuntura para hacer permanente las conductas de estos aciagos días lo que motiva estas líneas y lo que me preocupa: un mundo sin saleros y sin vinagreras en los restaurantes; un mundo de gentes embozadas haciendo el payaso, dando rodeos para mantener distancias sociales; un mundo de beatas de la higiene y de la salubridad que se escandalizan por que unos jóvenes rompan cuarentenas en bares clandestinos improvisados…
 
Está en la naturaleza del ciervo huir del lobo para que no se lo coma; entra dentro del orden natural de las cosas. La distancia social, empero, no forma parte de la naturaleza humana, antes bien, al contrario. Esperemos en Dios que las cosas se vayan enmendando y la naturaleza recupere su fuero.

 

Vínculos:

De la educación de los niños y del coronavirus. Conceptos esparcidos.
La gripe de 1918 en Burgos. Conceptos esparcidos.
Los límites entre lo público y lo privado en estado de alarma analizados por nueve filósofos españoles. El Mundo.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

21 junio, 2020 at 10:19

¿Puede don Juan Carlos ser juzgado?

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A nadie se le escapa el disgusto y desasosiego que a los constitucionalistas nos está causando la noticia de las presuntas irregularidades económicas que don Juan Carlos I pudiera haber cometido durante su reinado; noticia que viene rumoreándose desde hace algunos años y que arrecia estos días.

Como es lógico, no soy quién para pronunciarme ni sobre la veracidad ni sobre la repercusión penal que tales presuntas irregularidades puedan tener.

Todo lo que puedo decir al respecto es que, a lo que parece, aquellas palabras que Franco le dirigió en 1955:

Un príncipe debe tener en cuenta que toda la nación le está mirando y que debe dar pruebas de su moralidad absoluta, así como llevar una vida de verdadera austeridad. Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente.

le entraron a don Juan Carlos por un oído y le salieron por el otro.

Muy triste, muy desalentador, pero no voy a ello aquí.

***

La izquierda marxista, como es lógico, ha pedido, si no su procesamiento ―al menos por ahora―, sí la apertura de una comisión parlamentaria que investigue el caso y ante la que don Juan Carlos tendría que comparecer.

Al respecto, andan debatiendo unos y otros ―partidarios y contrarios a tal investigación―, acerca del concepto de inviolabilidad del rey. Tampoco, siendo lego en la materia, me voy a pronunciar sobre la figura de la inviolabilidad del Rey como la entiende la Constitución.

***

A los monárquicos se nos plantea, sin embargo, este dilema: ¿es lícito o no es lícito que se juzgue a don Juan Carlos?

***

Empezaré diciendo que la petición del partido comunista Podemos para que el rey asuma su responsabilidad, no responde ―evidentemente― a un deseo de este partido comunista de perseguir el bien común ni la salud de la Monarquía sino, como a nadie se le escapa, a dar un paso más en la revolución y cargarse esta figura.

Estamos viviendo estos días la arremetida de las bestias revolucionarias para acabar con la Constitución del 78 y su pieza clave ―al menos en lo simbólico― es la abolición de lo que ellos llaman monarquía y su substitución por una república.

El argumento es falaz toda vez que no vivimos en un régimen monárquico sino, en verdad, en uno democrático ―esto es, republicano― que conserva, a manera de ornamento, de respeto a nuestra tradición y hasta, si se quiere, de pequeño dique de contención a la cruda lucha partidista, la figura simbólica de la Corona, pero, propiamente hablando, no vivimos en un régimen monárquico.

Esto no importa mucho ni a los comunistas ni a los socialistas pues lo que están proponiendo no es un debate acerca de la mejor forma de gobierno en aras del bien público, sino la defenestración de nuestro régimen constitucional para volver a implantar un régimen totalitario, esta vez neomarxista.

En España, en nuestros días ―y, cuando digo en nuestros días, quiero decir en nuestros días desde 1864―, el concepto República implica esto: destrucción del orden natural, preterición de la media España que conserva recuerdo de su tradición, división y odio entre las personas y entre las tierras españolas. Implica, en una palabra, revolución. La revolución que tienen pendiente desde 1812.

La revolución española, inspirada en la francesa, se diferencia de ella en una sola cosa, a saber: nosotros no le cortamos la cabeza a ningún rey y esto, además de ser ―como decía antes―, un pequeño dique simbólico de contención a la arremetida de los revolucionarios contra la res publica sujeta, dirigida y gobernada por la ley natural ―cuya existencia ellos niegan―, es una espina que estas bestias tienen clavada desde el siglo XIX.

***

Por otra parte ―y a ello me referí hace unos años en Defensa de la Monarquía española―, lo que los liberales vienen llamando monarquía desde 1812 no es sino una componenda torpe ―voluntariosa, si se quiere― que intenta hermanar la revolución con un régimen civilizado de convivencia.

Si los franceses la contuvieron mediante el Directorio, nosotros venimos haciéndolo con el invento de la Monarquía constitucional, de ahí que, desde Isabel II, los llamados reyes de España no hayan reinado sino para compadrear con la izquierda. Acerca de ello escribí, también hace años, en Otra vez el Rey.

No es, pues, que las cosas pinten muy bien ―ni siquiera en el mejor de los casos― para los que de verdad nos llamamos monárquicos y ciertamente lo somos por considerar a la Monarquía como mejor forma de gobierno.

El rey actual, don Felipe VI, con ser muchas las virtudes personales que le adornan, reina en el mismo sentido que vengo diciendo y, casado en matrimonio morganático con una progre prosocialista ―la de la cuchipandi y la del compi yogui―, por mucha conciencia que tenga de lo que significa ser rey, pocas esperanzas debemos tener en que su hija doña Leonor alcance a concebir la res publica en el sentido que la concebían Mariana o Vitoria sino, más bien, temer que lo haga en el sentido gramsciano en el que la eduquen Ortiz y el signo de los tiempos en los que le ha tocado nacer.

Así, detalles como la felicitación que la Casa Real hizo al aquelarre de maricas y lesbianas de 2017 no pueden ser más desalentadores.

Pero, así son las cosas: no como nos gustaría que fueran sino como son, y lo que hoy llamamos reyes de España seguramente no pueden hacer cosa muy distinta de lo que hacen porque el mundo camina por estos derroteros y España, hoy por hoy, no es sanable en el sentido que nos dejó dicho don Carlos VII:

Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto.

Sanable, aquí, quiere decir ajustada a la ley natural ―a la Ley de Dios― y conforme a ella en su ordenamiento político y social, que no otra cosa es el carlismo, en tanto que la revolución ―también la liberal―, niega y abomina de tal ajuste.

Con todo esto, lo que quiero decir, no es que, al defender lo que hoy llamamos monarquía española, quienes lo hacemos estemos defendiendo ningún régimen monárquico, porque éste no lo es, ni que dejemos de darnos cuenta de la perversión política que hoy rige a las naciones occidentales, sino que, simplemente, estamos tratando de evitar el mal mayor que significa la destrucción del estado de derecho ―que, hoy por hoy, lo es― a manos de los socialistas y de los comunistas que tratan de substituirlo por otro de corte totalitario.

Sin ser, de ninguna manera, sebastianismo, el asunto de la sanabilidad de España es algo que debe quedar para las futuras generaciones. Teniéndolo presente como lo tenemos, a las que hoy vivimos nos toca afrontar la tarea, mucho más urgente, de resistir la embestida comunista.

***

Planteado así el asunto, vuelvo a la pregunta que me hice al principio: ¿es lícito que se juzgue a don Juan Carlos por delitos que pueda haber cometido?

En sana doctrina monárquica, lo es.

Dice Francisco de Vitoria en El Estado y la Iglesia:

Investígase finalmente si las leyes civiles obligan a los legisladores y principalmente a los reyes. A algunos les parece que no, porque están sobre toda la república, y nadie puede ser obligado sino por un superior. Esto no obstante, más probable parece que las leyes también les obliguen. Se prueba, en primer término, porque un legislador que no cumpliese sus propias leyes haría injuria a la república y a los restantes ciudadanos, siendo él parte de la república y levantando las cargas de ella, conforme a su persona, cualidad y dignidad.

Mas como esta obligación es indirecta, se prueba de otro modo. La misma fuerza tienen las leyes dadas por el rey que si fuesen dadas por toda la república, como se ha dicho antes. Pero las leyes dadas por la república obligan a todos. Luego, aunque estén dadas por el rey, obligan al mismo rey.

Se confirma esta prueba. En el principado aristocrático los senatus consulta obligan a los mismos senadores, sus autores, y en el régimen popular los plebiscitos obligan al pueblo. Luego del mismo modo las leyes reales obligan a los reyes, y así, aunque pende de su voluntad el dar las leyes, no pende de ella el que obliguen o dejen de obligar. Ocurre aquí lo que en los pactos: pacta uno libremente, pero se obliga al pacto.

Para el filósofo es, pues, lícito y, por mucho que a los monárquicos ―dicho lo de monárquicos con todas las prevenciones que he expuesto―, nos duela, debemos asumir que, en sana doctrina monárquica, es así.

Otra cosa es que Pablo Iglesias aproveche la sana doctrina pro domo sua. Sabido es que a los comunistas les sucede lo que a los cerdos: cualquier cosa les sirve para medrar.

Ambas cosas son, pues, verdad: don Juan Carlos ―a reserva de lo que resulte del asunto jurídico de la inviolabilidad―puede ser juzgado y los comunistas están aprovechando esta triste ocasión para armar su labor de zapa de la civilización cristiana.

Militia est vita hominis super terram.

***

Nota: Apenas remitida esta entrada a la página de Facebook Carlistas (Comunión Tradicionalista), un administrador de la misma la elimina y me notifica:

No cabe en este grupo: ni difundir el desaliento, como si fuera todo inevitable; ni dar tratamiento real, ni alabar a las personas de los usurpadores, ni disminuir las responsabilidades de éstos.

Bien. Lo acepto, pero no creo haber hecho en mi escrito nada de lo que tal administrador dice que hago:

1. Con respecto a lo de difundir desaliento, no considero que lo sea la constatación del desastre que hoy vive nuestra patria y, con respecto a lo de como si todo fuera inevitable merece mayor desarrollo:

Las palabras que reproduzco del Testamento de don Carlos VII las llevo grabadas en el alma y no las he traído a colación al albur sino muy intencionadamente:

Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto.

Y las llevo grabadas en el alma porque me parecen una síntesis perfecta de los males que nos afectan desde la revolución a la que, hablando de desaliento, ignoro si alguna vez podremos vencer: el mismo rey emplea el condicional si: si España es sanable…

Como digo, lo ignoro y, en todo caso, no espero ver en mi generación tal sanación. Como digo también en el texto, entiendo que don Carlos, cuando dice sanable, se refiere a que las naciones, las sociedades, España en este caso, abominen del error subjetivista, vuelvan a admitir la existencia del orden natural y se gobiernen conformes con él.

El error de la filosofía subjetivista ha conducido a hacer que muchas personas piensen que tal orden natural no existe y, en consecuencia, tanto los individuos como las sociedades pueden vivir sin sujetarse a él y conforme a lo que les apetezca.

Mi pensamiento, y el pensamiento carlista, se asientan en la base de que ese orden sí existe y de que obrar en su contra o, simplemente, como si no existiera, sólo puede llevar al desastre, a la degradación y a la destrucción del individuo y a la disgregación de la sociedad.

En consecuencia, no soy pesimista con respecto a que, algún día, las sociedades occidentales, hoy embrutecidas, se reencuentren con él. Creo en la Providencia divina y entiendo, precisamente, por Providencia divina, esto: la propia naturaleza de las cosas hace que sean como son y si pretendemos que las cosas sean distintas a lo que su naturaleza les dicta, se destruyen. Creo, pues, que, algún día, la revolución se autodestruirá.

Ni soy, por tanto pesimista a largo plazo ni pretendo difundir desaliento pero, hoy por hoy, las cosas están así: estamos en una época revolucionaría que busca la destrucción de Dios y de su orden divino y, desconociendo los caminos del Señor, no sabemos si, como dijo don Carlos, España será algún día sanable.

2. Por lo que respecta a alabar a las personas de los usurpadores yo pensaba que, más bien, al revés, poca alabanza hacia ellos hay en mi escrito pero esto es lo de menos. Vayamos al reparo:

Por una parte, ―lo cortés no quita lo valiente― virtudes personales, humanas, se puede encontrar en cualquier persona por muy contrario que su pensamiento sea al de uno y yo, sin tener mayor simpatía por la dinastía isabelina, no dejo de verlas en sus miembros, don Juan Carlos incluido.

Pero, lo que me parece fundamental de este reparo que me pone el administrador es la reducción simplista que implica su concepción del Tradicionalismo a una mera pelea dinástica. Al menos, así lo entiendo yo cuando leo que escribe la palabra usurpadores: ¿el problema es que una rama de una dinastía haya usurpado a otra la Corona? A mi modo de ver, ni mucho menos. ¡Ojalá ese fuera todo el problema! Si existen tales usurpadores es porque el cuerpo de la Nación estaba y está corrompido en el sentido en el que acabo de exponer: en su abandono en manos del relativismo primero y de la revolución después. La solución, pues, no es cambiar de Rey sino, vuelvo a don Carlos, la sanación de la nación:

Si España es sanable…

Y creo que es a esto a lo que se refería don Carlos cuando, en el mismo Testamento, nos dice:

Mi hijo Jaime, o el que en derecho y sabiendo lo que ese derecho significa y exige, me suceda, continuará mi obra. Y aún así, si apuradas todas las amarguras, la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial, estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás.

Reflexiónese sobre las palabras “en derecho y lo que ese derecho significa y exige” y, sobre todo y para lo que hace al caso, sobre cómo el Rey distingue entre la dinastía y la Causa.

Y, en fin,

3. ¿Disminuir su responsabilidad? No sé si lo he hecho; creo que no. Ciertamente, esta dinastía se ha prestado a colaborar con el error filosófico del que vengo hablando, a adornar la revolución y a darle apariencia de justificación adornándola con el glorioso la Corona de España. Quizá, el único argumento que disminuya su responsabilidad en esto sea el utilitario: su papel como dique muy relativo a la revolución franca y a la desintegración territorial de España pero, también quizá, en esto sí tenga razón el administrador y, para que se dé ese retorno de las cosas a su orden natural sea preferible el cuanto peor, mejor. Sobre esto ya reflexioné en España, antes rota que roja.

Vínculos:
El Estado y la Iglesia. Francisco de Vitoria. Scribid.
Anticorrupción acusa a Orleans en una comisión rogatoria a Suiza de «ocultar comisiones de Juan Carlos I». OKdiario.
Podemos pide una comisión de investigación sobre las cuentas del rey Juan Carlos en Suiza. OKdiario.
Palabras que el Caudillo Francisco Franco dirigió a S.A.R. el infante don Juan Carlos de Borbón en marzo de 1955. Conceptos esparcidos.
En defensa de la monarquía española. Conceptos esparcidos.
Otra vez el Rey. Conceptos esparcidos.
Testamento político de S.M.C. Carlos VII. Conceptos esparcidos.
Felicitación de la Casa Real a la fiesta del World Pride 2017.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

14 junio, 2020 at 8:38

Rafael Palacios. El pensamiento irracional

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En una entrada reciente de este blog, Los reptilianos existen y habitan entre nosotros, me ocupé en la reflexión de cómo el pensamiento racional, que suponemos en quienes se dirigen a nosotros con algún afán de magisterio, está siendo sustituido en nuestros tiempos por otro en el que la razón se deja dominar por la emotividad, por la fantasía y por la afectividad hasta acabar apareciéndosenos como un pensamiento pseudorracional cuando no, francamente disparatado en sus formas más extremas que podríamos denominar pensamiento Lankamp.

Las razones por las que esto está sucediendo serán, con seguridad, muchas.

En primer lugar, tal modo de razonar ha existido siempre: siempre ha habido personas cuyo pensamiento ni está ―ni tiene porque estar―, presidido de manera omnipresente por la razón. Pero, de lo que trato no es de su existencia, sino de su proliferación.

Y, como digo, las razones serán muchas: la práctica ausencia de lectura clásica; la importancia que han adquirido las películas de cine en la cultura de la mayoría de la gente que, quizá, esté borrando la frontera entre la realidad y la fantasía en muchas personas, sobre todo jóvenes. La facilidad con que cualquiera puede acceder, con una cámara y un micrófono, a miles de personas que aplauden su discurso, por muy disparatado que sea. La satisfacción espiritual que tal aplauso genera en esas personas. La necesidad de, para mantener tal audiencia, ir disparatado cada vez más el discurso, etc. y muchas otras que, seguramente, se me escaparán.

El asunto me preocupa porque este pensamiento irracional ―que antes se ocupaba de temas baladíes (fantasmas, extraterrestres, etc.)―, se está empezando a ocupar de asuntos políticos y sociales, de manera que se está propalando la impresión de que, por todas partes, estamos ―cuando digo estamos, en plural, me refiero a una colectividad imprecisa― subyugados por una conspiración dirigida por lo que se llama ―también de manera imprecisa―las élites.

Ciertamente, yo soy el primer convencido de la embestida de un movimiento neomarxista, gramsciano y dirigido por la izquierda política y por los medios de comunicación mayoritarios. Un movimiento que pretende dinamitar el orden natural y nuestra manera de ser tradicional fundamentada en éste y que trata de instaurar lo que se conoce como nuevo orden mundial.

De esto, a estas alturas, no creo que se necesite dar pruebas: la legislación que se está haciendo con respecto al movimiento lgtb, el menosprecio y el ataque a la religión católica, la falsificación de la Historia, la utilización política de minorías, el acoso y derribo que estamos viendo a la Presidencia de Trump desde su mismo comienzo etc., lo son más que evidentes.

Existe, pues, tal ―llamémosla― conspiración y sucede que, cada vez, más gente se está dando cuenta de ello.

El problema que trato aquí es que mucha de esta gente, ignorante y tan ayuna de lectura como empachada de películas de ciencia-ficción, vídeos de YouTube y búsquedas en Google como sola fuente de conocimiento, cree y sostiene que todo es conspiración, confundiendo ese movimiento neomarxista con una conspiración que está en todas partes: en la ciencia, en la medicina, en la Iglesia…

***

El asunto me viene preocupando. Soy antisocialista a muerte. Si tuviera un hijo, le haría jurar, como Amílcar Barca a Aníbal, odio eterno a los socialistas.

Afiliado a VOX desde el 6 de octubre de 2018, esto es, desde antes de que este partido diera la campanada en las elecciones andaluzas de diciembre de aquel año. Y me preocupa que personas cercanas a él incurran en este error, por no decir en estos disparates y en este engaño a los simples.

Y me preocupa porque, escuchando el enemigo globalista en nuestra boca tales disparates, lo que estamos haciendo es darle armas para combatirnos: si quienes dicen que la tierra es plana, que la señora de Trump es pleyadiana o que a las niñas de Alcacer las mató el rey Juan Carlos, son los mismos que denuncian y combaten el movimiento neomarxista, se sigue que tales gentes estamos como una cabra y que tan falsa es esa conspiración neomarxista como el terraplanismo.

***

Pesan sobre nuestras espaldas dos mil quinientos años de pensamiento racional, defendido, en los últimos dos mil, por el catolicismo que, desde sus mismos orígenes, tuvo que enfrentarse con las armas de la razón a la heterodoxia y a la herejía, argumentadas siempre mediante sofismas, sentimentalismos y este pensamiento irracional.

El marxismo ―hoy neomarxismo― es la peor de las herejías, hija del error filosófico del subjetivismo, y su combate hay que hacerlo con el arma de la razón, como siempre ha combatido la Iglesia Católica a la herejía, y no mediante el error; el error de utilizar para ello ese pensamiento irracional del que hablamos y que también hunde su raíz en el subjetivismo.

***


Para ilustrar mi pensamiento voy a utilizar un vídeo de YouTube de hace unos días en el que, uno de estos reptilianos, Rafael Palacios, pontifica acerca de la catástrofe del coronavirus.

Y lo ilustro con Palacios porque, frente a otros iluminados, pretende disimular su discurso con una apariencia de seriedad, abundancia de información y pseudorracionalidad de la que carecen otros. Y, también, porque su supuesta simpatía por VOX, le hacen más peligroso en el sentido al que antes me referí.

***

Hecho este preámbulo, quiero añadir, antes de continuar, que soy médico, que durante estos últimos meses he tenido que asistir a enfermos de la covid19 y que, por tanto, no estoy hablando a humo de pajas, aunque esa condición mía es lo que menos importa para este discurso.

***

Analizamos, pues, la intervención de Palacios.

Su tesis general es que la catástrofe que ha supuesto el coronavirus forma parte de esas conspiraciones que las élites gobernantes y la ciencia fomentan a mano a mano. Analicémosla:

Comienza diciéndonos, para empezar, que:

Prácticamente nadie que esté sano se ha muerto por el covid.

Esto, sencillamente, no es así. Y no es así, no sólo con el covid; lo es con cualquier enfermedad banal: casi cualquier enfermedad, por leve que sea, puede complicarse y causar la muerte de una persona aunque no lo parezca. Sucede, sin embargo, que en la infección por coronavirus la mortalidad en personas sanas ha sido mucho mayor. Dramáticamente mayor.

Principia su tesis conspirativa diciéndonos que se han dado “órdenes para sedar a los ancianos enfermos sin prestarles otra asistencia”:

Hay una orden directa que ha ocurrido en España y se sabe perfectamente, que la orden era: sedación, no se puede hacer nada por ellos, dejadlo.

Lo que dice aquí es una ofensa para cualquier médico; ningún médico, a la hora de tratar a un paciente, va a hacerlo siguiendo las órdenes de nadie. Va a tratarle según los conocimientos médicos actuales, su propio conocimiento  y según su leal saber y entender. Ningún médico, conociendo que una supuesta “orden” que le den va a redundar en perjuicio de su paciente, va a cumplir tal orden.

Lo que aquí ignora Palacios es que, en Medicina, se entiende como catástrofe aquella situación en la que las necesidades superan con mucho a los recursos y, cuando, esto sucede hay que establecer preferencias. Es lo que se llama “triage” ―clasificación―y existe desde mucho antes de que apareciera el coronavirus. Es doloroso, es frustrante, pero, cuando esto sucede, hay que preferir a aquél que tenga mayores posibilidades de sobrevivir sobre el que tiene menos.

Con esto, no quiero decir que no se haya cometido errores muy dolorosos haciendo un corte tajante por la edad, pero hay que comprender las cosas: la catástrofe, en Medicina de catástrofes, se considera como caos o desorden. La misión del médico al enfrentarse a ella en su comienzo, no es la de prestar asistencia a todos y cada uno de los afectados, sino intentar ir introduciendo orden en el desorden y ello significa que no se puede prestar la asistencia como se presta normalmente y significa, también, que, efectivamente, se cometen errores.

Continuemos:

Durante los primeros días circularon varios mensajes de médicos por whatsapp

Hete aquí una muestra de lo que Palacios considera “fuentes”, “argumentos” y “documentación” para abonar su tesis: el whatsapp.

Lo que yo pienso es que los que han muerto ha sido a consecuencia de la mala praxis, de las letales recomendaciones de la OMS…

Pues, lo que yo pienso es que la Medicina se ha encontrado ante una situación desconocida y, como no puede ser de otra manera, no ha dispuesto de pautas de prevención y tratamiento efectivos para afrontarla.

Si, desde un primer momento, se hubiera sabido cómo tratarlo, seguramente hubieran muerto muy pocas personas.

¡Coño! ¡Claro! Y, si lo supiéramos ya, no estaríamos tan preocupados.

Un profesor mío de francés, cuando traducíamos una palabra castellana a ese idioma haciendo la pretendida trampa de decirla en castellano pero acabada en é nos decía:

Entonces el francesé sería muy facilé, señor fulané.

Pues eso: tiene razón Palacios: si supiéramos cómo se trata no habría habido tantos muertos.

Se refiere Palacios, también, a la utilización de las sales de quinina en el tratamiento y, aunque su discurso aquí es algo atropellado, habla de lo que él entiende como un veto hacia las mismas por parte de la UE y dice:

Nos encontramos ante un asesinato en masa preconcebido cuyos responsables son los jefes de la OMS.

Las sales de quinina se utilizaron ya en el tratamiento de la gripe de 1918. Su utilidad es dudosa pero, ante la carencia de tratamientos con efectividad clara, su uso es lícito. Tan lícito como que en los hospitales españoles, antes de que Trump las mencionara para rechifla general del rojerío, se estaban utilizando en España como tratamiento de prescripción hospitalaria, tanto para pacientes hospitalizados como para pacientes ambulatorios. No ha habido, pues, ningún veto a la hidroxicloroquina. Lo que ha habido ha sido un desabastecimiento debido a que La India, principal suministrador de su principio activo, cerró sus fronteras a la exportación.

Insinúa la especie de la “creación” del virus; habla del laboratorio de Wuhan y, en definitiva, aunque no afirma rotundamente su origen artificial, lo deja caer:

Aparte, ya, de la creación del virus, que ésa es otra película, claro.

No siendo impensable, en nuestros días, la creación artificial de un virus a la vez muy mortífero y muy contagioso ―al fin y al cabo, la ingeniería genética es capaz de crear razas vegetales resistentes a las plagas, por ejemplo― no tenemos, absolutamente, ninguna razón para pensar que esto haya sucedido con el coronavirus. Su genoma es conocido y está a disposición de todos los genetistas y virólogos del mundo. Si en ese genoma se detectaran secuencias imposibles de explicar por cambios naturales, por mutaciones naturales, nos enteraríamos todos. Otra cosa es que haya salido de manera accidental del laboratorio de Wuhan, pero el truco está en pasar subrepticiamente del argumento del origen artificial al de el escape accidental, con lo cual esta gente lo que hace es llevar a la mente del simple y del indocto la idea de que el virus lo han creado los chinos para cargarse a media humanidad.

Llegados a este punto del vídeo entra en el interlocutor de Palacios a rematar de cabeza introduciendo el tan querido argumento de esta gente: la herboristería:

Esto te lo puedo contar yo que, en mi familia, hemos tenido todos ―creo― el virus y nos lo quitamos con artemisa en un día o día y medio… te puedo asegurar que en mi caso funcionó de maravilla.

¿Qué decir? Aquí me remito a lo que dije en Los reptilianos..: con esta gente no merece la pena argumentar. Su sistema límbico, asiento de la afectividad y de las emociones, tiene hegemonía sobre su córtex frontal, asiento del pensamiento racional. Si argumentamos con razones, pensamos que se las estamos dirigiendo a la corteza frontal, pero, en realidad, ella las recibe sumamente influenciada por el sistema límbico y las rebota, con lo cual es como si estuviéramos hablando con la pared de enfrente. Aunque, bien es verdad que este interlocutor no es de los más cerrados y deja abierta la puerta a la duda:

También es verdad que hay gente que no tomó nada y, más o menos, también se libró… yo creo que, si no lo hubiéramos tomado no hubiera pasado nada.

Yo pienso lo mismo.

Aprovecho en este punto para volver a señalar la forma con la que este pensamiento irracional se esparce y multiplica:

Y compramos la última bolsita y ya no había más; dijo la chica: se ha agotado. Ya no hay.

Remata entonces Palacios:

Imagínate tú si esto lo supieran todos los españoles y todo el mundo tuviera su poquito de artemisa en su casa…

Sirva para el MMS lo dicho para la artemisa.

***

Y entramos ya en la conspiración pura y dura:

Todo aquello que cure van a perseguirlo… si tuviéramos los métodos para curarnos no dependeríamos del sistema sanitario que está controlado por ellos.

Y en la Filosofía:

Estamos viviendo el final de un paradigma en el cual la ciencia ha ocupado el papel de Dios.

En esto estoy de acuerdo con Palacios; esto siempre se ha llamado cientificismo ―ya Unamuno se ocupó de él―. No estoy seguro de si es verdad que estamos ante su final; no lo creo, pero estoy de acuerdo con Palacios. Sucede, sin embargo, como veremos más adelante, lo muy cientificista que es él.

Dice su interlocutor:

Si yo soy un profesional de la salud y alguien me dice que la artemisa cura, yo, ¿qué hago? ¿Lo niego o voy a investigarlo?

Es evidente que si algo se demuestra eficaz para tratar una enfermedad, ese algo pasa a formar parte del arsenal terapéutico de lo que esta gente llama medicina científica. El problema está en que hay que probarlo. Tiene que haber evidencia. Lo que no pueden hacer los médicos es hacer lo que se dice en YouTube que debe hacerse.

La especialización en las diferentes ramas del saber y, particularmente, en Medicina, ha hecho que no se comprenda el conjunto… si hay un especialista que sabe del riñón, otro del páncreas, otro del pulmón, otro de los huesos y otro de la uretra, no se da cuenta de que todo eso va junto, pues es que nos perdemos.

Los médicos, como todo el mundo sabe, somos tontos y desconocemos la unidad del cuerpo y de la persona humana. Cuando recetamos un fármaco para curar un órgano, no nos preocupa que podamos fastidiar a otro órgano. Desconocemos las interacciones y los efectos secundarios de los medicamentos. Menos mal que está Palacios para advertirnóslo.

El interlocutor:

De hecho, ¿cuánto hace que no se escucha que se descubre, de verdad, la cura de algo? La cura de verdad.

Aquí estoy del todo de acuerdo con él. La Medicina que, hasta la revolución científica estaba dividida en multitud de escuelas, cada una de las cuales la practicaba según ideas preconcebidas suyas, se unificó y experimentó su mayor desarrollo con la teoría celular de Schleiden y Schwann y los estudios de Virchow en Patología, Claude Bernard en Fisiología, Leeuwenhoek en Microbiología, Mendel y Watson y Crick en Genética. Estamos hablando del siglo XIX y principios del XX. Esto fue un cambio radical de la Medicina que elevó exponencialmente su eficacia a la hora de cumplir su objetivo, que es la curación de la enfermedad. Culminó este desarrollo con el descubrimiento por Fleming de la penicilina y, con el advenimiento de los antibióticos, la Humanidad pudo ver cómo un grupo de enfermedades, las infecciones bacterianas, hasta entonces muchas veces mortales, se convirtieron en enfermedades leves. Es verdad, sin embargo, que, desde entonces, no hemos asistido a un avance tan determinante y continúa habiendo muchos grupos de enfermedades que no podemos tratar de manera definitiva no obstante los avances técnicos que han sucedido desde entonces.

Pero, hete aquí que Palacios le contesta y completa la idea de una manera insospechada:

Es que las curas las censuran… Es que al que descubre algo le crucifican.

Y aquí vuelvo a lo que afirmé antes: Palacios es cientificista. Cree en la omnipotencia de la ciencia. Cree que su desarrollo será infinito y llegará un tiempo en el que, gracias a ella, la Humanidad será feliz. Si esto no sucede, hoy por hoy, es porque alguien “lo censura” y… el problema está en el Colegio de Médicos.

Y no es así: en ningún sitio está escrito que la ciencia sea capaz ni de saberlo todo, ni de poderlo todo, ni de resolver todo a nuestro gusto. Ni de que su avance haya de ser exponencial. El hecho de que tuviera un momento esplendoroso en el siglo XIX y que ese momento deslumbrara a la Humanidad, no quiere decir que la carrerilla que tomó durante él vaya a durar para siempre.

Habla Palacios:

Llegando casi a prohibir que una persona se sane a sí misma… llegando a obligarnos a meternos un veneno en nuestro cuerpo.

No hay nada de esto. Es otro concepto estrambótico de la Medicina del que también participa Celades. La Medicina no obliga a nadie a nada. Una persona, cualquier persona, bien informada, es absolutamente dueña de sí. La Medicina le aconseja, le informa, acerca de lo que, por su conocimiento actual, piensa que es mejor para ella. Pero obligarla, no la obliga a nada.

Otra cosa es, y estoy de acuerdo en esto, la utilización que gobiernos de tendencia totalitaria hagan del miedo a la enfermedad por parte de la población y utilicen de manera más o menos torticera argumentos médicos o argumentos científicos. Por eso insisto tanto en la diferencia meridiana que tiene que haber entre la crítica al peligro totalitario real que entraña la izquierda y la crítica a una supuesta conspiración por parte de los científicos, mezclando ambas en un totum revolutum.

Voy acabando:

Para mí el progreso es una cosa peyorativa; es la degradación del ser humano ―dice Palacios.

y lo presenta mostrando cómo, desde la Revolución Francesa, el Estado se nos mete hasta en la sopa.

También estoy de acuerdo, pero vuelvo a lo mismo: si un señor que nos dice estas cosas, que son ciertas, nos dice al mismo tiempo que la cura para el coronavirus está en la artemisa, vamos mal.

***

Con todo esto no quiero decir ni que la OMS, ni la coalición de gobierno socialista-comunista que gobierna en España no hayan sido responsables de multitud de negligencias, ni que éste último esté aprovechando la catástrofe para dar un golpe de estado totalitario en España.

Lo que digo es que, utilizar los argumentos pararracionales que utiliza Palacios desacredita la denuncia de tales negligencias y de tal golpe de Estado.

Vínculos:

Charla con el gran Rafael Palacios. Opinatubers. YouTube.
España. Personalismo y crisis de la razón católica. Magnífica exposición de David González Alonso en la que desarrolla la identidad del pensamiento católico hasta el Concilio Vaticano II con el pensamiento clásico y a ambos con el racional frente al irracional emotivo propio del subjetivismo. Canal TLV1.
Historia de los heterodoxos españoles
. Marcelino Menéndez Pelayo.
Cientificismo. Miguel de Unamuno.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

8 junio, 2020 at 14:40

El ‘Soneto a Jesús Crucificado’ de Sánchez Mazas

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Flor de Pretericiones

 
Rafael Sánchez Mazas

 

 

A Jesús Crucificado

 

Delante de la cruz, los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando
y sin ellos quererlo estén llorando
porque pecaron mucho y están fríos.

Y estos labios que dicen mis desvíos
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos querer estén rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.

Y así con la mirada en vos prendida
y así con la palabra prisionera,
como a la carne a vuestra cruz asida,

quédeseme, Señor, el alma entera
así clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así cuando queráis me muera.

***

Rafael Sánchez Mazas
 
 

Nota: En mi antigua entrada, Los ‘Episodios Nacionales’ de Pedro J, relato el disgusto que me causó ver que este precioso soneto de Sánchez Mazas había desaparecido de una reedición moderna de Las mil mejores poesías de la lengua castellana, de la Editorial Iberia para ser substituido por un engendro de Rigoberta Menchú.

La anécdota, no lo recuerdo con precisión, debió suceder por los años ochenta y, ya fuera el hecho debido a que la editorial considerara decadente este soneto, ya fuera uno de tantos detalles ominosos que se nos aparecían en aquellos años, anunciadores del desastre de los tiempos que en estos vivimos o fuera por lo que fuera, el caso es que el soneto desapareció de aquella reedición.

Por ello lo  incluyo hoy en esta Flor de Pretericiones.

Vínculos:

Rafael Sánchez Mazas. Julián Pérez Porto. Poemas del Alma.
Rafael Sánchez Mazas. Biografías y Vidas.
Rafael Sánchez Mazas. Poetas Siglo XXI. Antología mundial.

Volver a Flor de Pretericiones.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

7 junio, 2020 at 8:42

De las "Orientaciones morales ante la nueva situación de España"

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Me voy a referir aquí a un documento que la Conferencia Episcopal Española (CEE) redactó en 2006 y que alcanzó, y aun tiene, cierta notoriedad y celebridad entre los curiosos del asunto: las Orientaciones morales ante la situación actual de España.

No lo busquen ustedes en la página web de la Conferencia Episcopal. Como tantas otras cosas, ha desaparecido.

La Iglesia, que siempre ha sido por antonomasia la custodia de documentos, sobre todo de los referidos a ella, lo ha hecho desaparecer de su presentación digital.

Con la página oficial del Vaticano, La Santa Sede, está sucediendo algo parecido.

Me he dado cuenta de ello esta mañana cuando he revisado y actualizado el formato de mi antigua entrada Si la Iglesia se mundaniza… en la que presentaba el vínculo a ese documento y a otro, inspirado en él, titulado Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del 2008, en el que los señores obispos nos venían a decir a los católicos, ante aquellas elecciones, que

no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública

y que también ha desaparecido de la página de la Conferencia Episcopal. Afortunadamente, se conserva en otros lugares que vinculo abajo, pero el caso es que, en la página de la CEE brilla por su ausencia.

Me he llevado, por supuesto, un disgusto. Uno más ¡y ya van tantos!, porque de ninguna manera considero esto casual sino muestra de cómo la jerarquía católica española se avergüenza de lo que dijo en su día, se desdice y, lo que es peor, quiere borrarlo de la memoria para que no tengan acceso a él los fieles de las nuevas generaciones.

Más o menos, como los socialistas, ¡vaya!

Y digo que me he llevado un disgusto aparte de por lo que entraña de cobardía, porque, en su día me pareció un documento brillante y hasta valiente.

Aunque, como sucede con la Nota ante las elecciones…, puede encontrarse en otros sitios de Internet, me ha dado tanto coraje que me he pasado la mañana haciendo una edición digitalizada del mismo (que pueden descargarse aquí ustedes en formato pdf). Eso me ha hecho releerlo y reflexionar otra vez acerca de él hoy, catorce años después y, quiero creer, con una comprensión mucho más cabal por mi parte de lo que es el cristianismo y el catolicismo en particular.

Es acerca de esta reflexión sobre lo que quiero seguir escribiendo:

Hubo un tiempo en el que los Concilios de Toledo contribuyeron a configurar lo que sería la Nación española y, como esta instrucción pastoral del 2006, quisieron incidir en la res publica. Baste recordar cómo, con ellos, se abominó del arrianismo y el reino visigodo alcanzó su unidad religiosa.

Los tiempos son muy otros, claro está, pero aquella pastoral de los obispos españoles en plena embestida de Zapatero con su Educación para la ciudadanía, su matrimonio homosexual, la amenaza separatista en ciernes y tantas otras abominaciones que empezaron a tomar forma en su tiempo y que hoy vemos perfectamente asentadas, me pareció muy atinada, muy pertinente y muy valiente.

Como ha debido de parecérsela a los señores obispos de hoy, que, quizá, creyéndola excesivamente osada y desatenta con el error liberal y con la herejía marxista, han decidido eliminarla de su página.

Su relectura digo no me ha parecido tan atinada como me lo pareció en su día, pues veo en ella el germen de lo que hoy es evidente dejación del deber de los obispos de enseñar la Ley de Dios, evidente entrega a la herejía liberal y evidente complacencia con la marxista.

No es, tampoco, que las cosas vengan de entonces. Como venir, vienen del maldito Concilio Vaticano II, responsable de la descristianización de Europa y, aunque ya hubo gente que lo notó muy pronto recordemos lo de Tarancón al paredón, que en su tiempo nos parecía tan facha otros, con menos luces, nos hemos ido dando cuenta poco a poco.

Paso, pues, a exponer los puntos que me han llamado la atención como premonitorios del desastre actual.

1. Ya en los puntos quinto y sexto celebran los obispos la llegada de la democracia admitiéndola como mejor forma de gobierno. O, mejor dicho, aplaudiéndola con las orejas sin entrar en más honduras filosóficas y contraponiéndola a lo que, púdicamente, llaman el régimen político anterior de cuarenta años de duración al que no critican abiertamente, pero sí dicen que, sin añoranza del pasado, la Iglesia colaboró decididamente para hacer posible la democracia. Pues sí, esto es cierto y hubo gente que se dio cuenta y gritaba aquello de Tarancón al paredón.

2. Se dan cuenta de que el proceso de descristianización y deterioro moral de la vida personal, familiar y social, se ve favorecido por la escasa formación religiosa de muchas personas, creyentes y no creyentes y por la debilidad moral de todos nosotros, en lo cual llevaban muchísima razón pero de lo que podríamos decir al respecto, viendo cómo han evolucionado las cosas en catorce años, aquello de “mucho miedo, pero muy poca vergüenza” o, de otra forma, hacen acto de constricción pero, enmienda, no han tenido ninguna. Al revés, cada vez andan menos preocupados por la formación religiosa de sus rebaños y adolecen cada día de mayor debilidad moral, por no decir que les importa todo un carajo.

3. En el punto sexto hablan de la reconciliación y de la superación del enfrentamiento que ha dividido a los españoles. Bien. En 2006 quizá se podía pensar todavía así. Hoy se nos aparece claro que el enfrentamiento franco y de cara con la herejía y con el error es algo de lo que un católico no puede hacer dejación.

4. En el punto 29 vuelven a la carga y consideran a la democracia y a la libertad religiosa como uno de los logros de nuestro tiempo. No hacen mención de que es el libre albedrío el que permite al hombre elegir el bien o el mal y que la elección del mal es contraria a la Ley de Dios. No: ya en 2006 consideraban a la democracia un logro de nuestro tiempo.

5. Nos dicen que la resurrección de Jesucristo fue como una explosión de luz, una explosión de amor que rompió las cadenas del pecado y de la muerte. Su resurrección inauguró una nueva dimensión de la vida y de la realidad, de la que brota una creación nueva, que penetra continuamente en nuestro mundo, lo transforma y lo atrae a sí. Nos hablan de una humanidad iluminada con la luz de la fe y enriquecida con los dones del Espíritu Santo.

Todo esto está muy bien pero, ¿entiende el hombre de hoy lo que tanta palabrería quiere decir? ¿Por qué no hacen un esfuerzo y lo explican a la luz de la Historia, de la Ley Natural y de la Apologética cristiana? Es cierto que el cristianismo vino a iluminar a una Humanidad embrutecida:

Un niño cristiano que sepa bien el Catecismo, sabe más acerca de las grandes cuestiones y problemas de la vida que todos los sabios de la antigüedad y que todos los filósofos del paganismo

Esto lo decía Jouffroy en el siglo XIX, cuando los niños estudiaban el Catecismo.

6. Nos hablan de la caridad cristiana. Es cierto que la consideran relacionando el amor al prójimo con el amor de Dios pero queda la sensación que lo hacen sólo de boquilla y que, más que de caridad, están hablando de filantropía. En ningún momento mencionan que tal caridad implica corregir al que yerra y que el marxismo es un error. Es el catolicismo tipo madre Teres de Calcuta o Padre Ángel que nada tiene que ver con el de Santa Teresa. Es el catolicismo de nuestros días que apela a la emotividad, no el catolicismo clásico que se asentaba en la razón

En fin, son muchas cosas.

El documento, sin embargo es interesante y valioso, sobre todo en un punto: el que hace referencia a la unidad de España. Es falso que, como se cree, hablen explícitamente de ella como un bien moral, pero sí lo vienen a decir implícitamente. Nos hablan de una unidad cultural básica de los pueblos de España, de una cierta comunidad de intereses e incluso de administración como consecuencia de la romanización de nuestro territorio que favoreció el anuncio de la fe cristiana. Nos dicen que ninguna de las regiones actualmente existentes, más o menos diferentes, hubiera sido posible tal como es ahora, sin esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España.

Sin embargo, olvidan lo más importante: el catolicismo ha sido, durante dos mil años, el desarrollo de la doctrina de Jesucristo ajustándola a las vicisitudes de los tiempos y, entre los siglos XVII y XVIII, España, toda España, fue su principal defensora.

Sucede que, en nuestro tiempo, contaminado por la filosofía subjetivista, hay gentes que niegan la existencia de una Ley Natural, o sea Ley de Dios que llamamos los católicos. Habiendo, pues, sido España unos de los mayores adalides de la religión católica, es claro que España es un bien moral, al menos para quienes pensamos que sí existe un orden natural, y, por contraposición, un mal para quienes piensan que tal orden no existe, lo que explica su odio hacia ella.

A los obispos se les olvidó mencionar este detalle en su pastoral.

Pero, en fin, esto son meras reflexiones al margen.

Lo que me importaba era recuperar el documento desaparecido de donde debiera estar y señalar cómo los mismos que lo escribieron nos lo han escamoteado.

Aquí lo dejo para su descarga:

Vínculos:

Orientaciones morales ante la situación actual de España. Está borrado de la página de la Conferencia Episcopal Española.
Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante elecciones generales 2008.
Puede encontrarse en la Enciclopedia Hispano-Católica Universal. En la página de la Conferencia Episcopal Española la han borrado..
Si la Iglesia se mundaniza… Conceptos Esparcidos.
El Cardenal Cañizares y ‘MásLibres.org’. Conceptos Esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

31 mayo, 2020 at 14:52

Cayetana Álvarez de Toledo vs. Iglesias

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¡¡¡Memorable la intervención de ayer en el Congreso de Cayetana Álvarez de Toledo!!!

Y memorable su enfrentamiento con el comunista Pablo Iglesias.

En una reciente entrada, criticando un discurso reciente de Ana Oramas en el que esta señora venía a distanciarse de la situación y a considerar de ella igualmente responsables a las llamadas dos Españas, quise señalar la diferencia radical entre ambas e intentar enfatizar el odio que inspira a una y la mansedumbre de que adolece la otra.

Indiqué también cómo esa mansedumbre tiende a aminorarse, ma non troppo, cuando la ponen entre las cuerdas..

Durante la sesión de control al gobierno de ayer, venía éste con su habitual perorata meliflua con la que trata de disimular el odio ancestral de la izquierda a España y a sus símbolos y a hacer como si no estuviera enfrascado en destruir el actual orden constitucional en aras de implantar un régimen bolivariano en nuestra patria.

Criticó Cayetana al comunismo y este imbécil, como, a falta de argumentos lógicos es maestro en el manejo de la falacia, recurrió al ad hominem y, con retintín, empezó la faena aludiendo a la condición de marquesa de Álvarez de Toledo para rematarla insinuando que el Partido Popular forma parte sólo un poquito de España:

Señora Marquesa, el Partido comunista forma parte de España y de su Constitución y ustedes solamente un poquito, aunque a usted le duela, señora marquesa.

con lo cual, y prescindiendo de la enormidad de que un partido comunista pueda formar parte política activa de ninguna nación civilizada, vino a remachar las palabras, mucho más crípticas, pero no menos aberrantes, del presidente Sánchez cuando, en la sesión de su investidura, se atrevió a aludir a los cordones sanitarios:

Cualquier cordón sanitario que se establezca, no se va a dirigir a las personas: se dirigirá a las ideas.

Y así, nos comunicó, sin mudar el semblante, que, en el Gobierno que aspiraba presidir se iba a perseguir las ideas.

Como decía antes, quedando en España restos de aquella que defendió la primera a la civilización cristiana, los símbolos españoles inspiran una adversión inconmensurable a la izquierda. Como, al menos hoy por hoy, no lo pueden manifestar explícitamente, prosiguió El Coletas con su argumento habitual para eludir el trance:

Defender España no es agitar una bandera muy grande apara agredir a los demás; defender a España es defender la sanidad pública… la educación pública… la vivienda…

como si fuera incompatible el amor a los símbolos nacionales con el deseo del bienestar material para nuestro pueblo. El argumento, como todos los suyos, es un sofisma y un ejemplo hilarante de cómo el comunismo busca el poder a través de la mentira pero, pareciéndole, a lo que se ve, exiguo y sin poderse contener, se vino arriba y lo remachó con lo que ellos llaman la bandera del aguilucho:

Se ven últimamente muchas banderas de la sociedad ornitológica; esa bandera con el pollo ibérico que revela un inconsciente que sigue existiendo entre ustedes

aludiendo, bien se entiende, al eterno reproche de considerar franquista a la derecha de nuestros días, condición, para ellos, abominable. Antes había mencionado, mintiendo una vez más, que Alianza Popular se opuso a la Constitución del 78, cuando lo que sucedió es que se abstuvo, lo hizo, solamente, por disconformidad con título VIII, de las Autonomías y, en realidad, recomendó votar .

Remató la faena con un:

Ni ustedes ni sus socios ultras nos van a dar ninguna lección de lo que significa ser patriota, ser español y defender a España.

Y así fue transcurriendo la llamada sesión de control al Gobierno como viene sucediendo en todas: el Gobierno, en vez de contestar a lo que se le pregunta, las utiliza para lanzar diatribas e ir abriendo camino.

No es que Cayetana no conozca de qué va el percal pero ayer, al oírse llamar marquesa y harta de tanta mentira y disparate, contestó con brillantez y contundencia:

Ha hecho usted referencia a mi título de Marquesa… los hijos no somos responsables de nuestros padres… por eso se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista; a esa aristocracia pertenece usted; a la del crimen político.

El Coletas, raquítico y encorvado, la escuchaba desde su escaño con una sonrisa pero muy atento.

Mirándolo a él tan sofista, sentado en el escaño con su porte de misántropo ―casposo, en palabra de Cayetana― y mirándola a ella, tan guapa, tan vital, tan contundente y con esa solvencia intelectual desbordante que tiene, me preguntaba lo que muchas veces antes me he preguntado: ¿qué subyace en el fondo del alma de las personas de izquierda? ¿Por qué abrazan esas ideologías tan aberrantes, tan inhumanas, tan contrarias al orden natural? ¿Acaso por resentimiento inconsciente debido a no se sabe qué injusticia atávica? ¿Por un complejo de inferioridad?

Lo ignoro pero, en cualquier caso, si la prestancia de Álvarez de Toledo ya inspira algún recelo en su propio partido, ya sea por creerla demasiado radical, ya sea por celillos personales ―notemos a este respecto cómo Iglesias ha tuteado a Casado mientras a ella le hablaba de usted― qué ampollas no levantará en la piel del enemigo político.

El incidente, para más ignominia, finalizó con la Presidenta del Congreso, Meritxell Batet, pidiendo a Cayetana que retirara del diario de sesión la alusión al padre de Iglesias y, como Cayetana dijo que no lo retiraba, la Batet decidió que no constara en acta porque, para los socialistas, la Historia es así: en ella figura sólo lo que ellos quieren y como quieren.

En fin, la faena de ayer de Cayetana lidiando al Coletas fue de las de dos orejas, rabo y salida a hombros por la puerta grande.

***

El incidente de la hija del marqués con el hijo del terrorista fue muy significativo en cuanto que representa la imagen de que las derechas nos vamos quitando el miedo de decirles a estas bestias lo que son.

Sin embargo, no dejó de ser una anécdota en la soberbia intervención parlamentaria de Álvarez de Toledo referida a la gravísima situación por la que atraviesa España hoy y centrada en el señalamiento del peligro comunista que nos acecha.

Dejo aquí la transcripción completa de dicha intervención:

Discurso:
Señor vicepresidente segundo. Pacta son servanda. Efectivamente lo pactado obliga y el primer pacto que nos obliga a todos, y a usted en particular por la responsabilidad que ostenta, es el pacto constitucional: el ejemplar acuerdo democrático cuyo artículo dos establece que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español. A usted ese pacto le gusta poco. Ahora se pasea con una Constitución en la mano recitando artículos como un predicador. Pero no; usted no es un converso; es un impostor.
Vamos a los hechos. Primero los más recientes. El pasado jueves usted se erigió en doble portavoz de los máximos agresores de la democracia española. Por un lado salió raudo y desafiante en defensa del acuerdo suscrito en esta cámara con Bildu para liquidar la reforma laboral; por otro, volvió a remeter contra la justicia y defendió el indulto para dos condenados por sedición. Es decir, en el mismo día usted promovió un doble indulto: el indulto judicial del nacionalismo golpista y el definitivo indulto moral y político del nacionalismo filoetarra.
En realidad, señor vicepresidente segundo, más que el indulto de los Jordis o de los Oteguis, lo que usted debería solicitar es su propio indulto.
Porque vamos a la hemeroteca. Es su cruz, lo sé, y eso que, de momento, ni siquiera voy a citar sus vínculos con la dictadura venezolana.
Analicemos su relación con la democracia española. Así podremos comprobar, ―también usted―, hasta qué punto la superioridad moral que exhibe frente a mi partido y otros es puramente irrisoria. La suya, en realidad, es una inferioridad moral. Esta mañana clamaba usted que nos jugamos la democracia. Sí, sí, pero por usted. Usted es el que ha jugado y sigue jugando contra la democracia.
Primero. El terrorismo.
Usted tiene una larga relación intimidante antidemocrática con el inframundo de ETA. Conferencias, entrevistas, twits, charlas. A usted el terrorismo nunca le ha causado la repugnancia que causa a un demócrata, de izquierdas o derechas. Al revés, usted ha manifestado siempre una insólita condescendencia con la violencia. Algunos ejemplos. Dos mil ocho: su tesis doctoral. Ahí escribió que la kale borroka, esto que volvemos a ver en Navarra ataques a sedes de partidos, cajeros quemados, disturbios, es una gimnasia, un entrenamiento, ¿para qué exactamente señor vicepresidente? No lo sabemos.
Dos mil once, en , aquí ya se erige usted en abogado defensor del terrorista Otegui. “¡Qué escándalo que se le condene a diez años de cárcel ―decía―”. Unos años después celebraba eufórico su liberación, “una buena noticia para los demócratas, porque nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”. ¿Por sus ideas, señor vicepresidente? Si en España se condenaran las ideas, usted estaría en la cárcel. Esto se lo he explicado varias veces al diputado Rufián que está en proceso de entenderlo.
Prosigamos. Dos mil trece, en la televisión, su medio predilecto: “cualquier demócrata ―decía― debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA no deberían ir saliendo de las cárceles”. Lo más chocante de la frase es el uso la palabra “demócratas”. Para ser un demócrata, ¿hay que desear la libertad del terrorista Entonces, los que pedimos simplemente justicia, un castigo proporcional al crimen, ¿qué somos? ¡Ah! Fascistas. Eso.
Con estas ideas tan avanzadas se ganó usted un merecido prestigio en el civilizado ambiente de las erriko tabernas. Allí le invitaban y allí comparecía. Esto es lo que dijo usted una tarde en Navarra: “por mucho procedimiento democrático que haya en España, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad. Quien primero se dio cuenta de ello fueron la izquierda vasca y ETA”.
Lo elaboró un poquito más en el Ritz. “Si me preguntaran en el Parlamento Europeo por ETA ―dijo― diría que ha causado mucho dolor pero que tiene una explicación política. En esa sucia adversativa está la clave de su posición. Usted considera que la asesinato político es un derecho derivado del derecho de autodeterminación y, por eso, en aquella misma taberna navarra, se ofreció usted para una misión especial: “me gustaría ―dijo― que me dejarais ser como vuestro embajador”. En eso exactamente se ha convertido usted, señor Iglesias, en embajador de ETA Batasuna en el gobierno de España; en el burro de Troya de la democracia. En el burro de Troya de la democracia y, también, tras el último pacto con Bildu, en la principal amenaza para los más vulnerables.
Dirá usted, “pero Bildu es un partido legal”. Sí, pero no es un partido democrático; es un partido que justifica el asesinato; un partido racista que rinde homenaje a terroristas que han matado en nombre de un proyecto totalitario; un partido que ni siquiera condena el ataque al domicilio de la señora Mendía el mismo día en que el partido socialista se exhibe con ellos. Señorías del PSOE, mediten por favor, mediten. Y, señorías del PNV, prepárense: Durango, Galdácano, Rentería… la próxima parada es el gobierno vasco, y de ahí a Cataluña, a repetir la operación ahora con Serra. Señor vicepresidente segundo, usted dice “yo defiendo derechos de autodeterminación”, y yo le contesto dos cosas: no existe el derecho a exigir un derecho que no existe y, menos aún, a imponerlo, y, segundo, no es verdad que usted defienda un derecho anulado. Lo que usted defiende es la anulación de los derechos vigentes. El presunto derecho de autodeterminación es una agresión; una agresión a la igualdad de los españoles con la que a usted se le llena la boca.
Hoy ha acusado a mi partido de alentar una insubordinación. ¡Usted hablando de insubordinación! ¡El gran valedor de los golpistas de octubre de dos mil diecisiete! Esto es risible. ¿No sea cuenta de que es risible? Su calificación de aquel golpe a la democracia como una manifestación política legítima; sus críticas contra la ejemplar actuación de la policía y la Guardia Civil frente al golpe. Por cierto, ahí estaban con el señor Pérez de los Cobos, purgado ahora en una operación propia de una dictadura. Su visita, dos, al ya condenado Junqueras en la cárcel para intentar pactar los presupuestos y para impulsar la mesa de negociación. Sus presiones al Tribunal Supremo, anticipando juez y parte, “no fue rebelión”. Sus críticas a la justicia española frente a tribunales europeos. Este documento de once de mayo en que con Bidu, Esquerra y otros reclaman excarcelaciones con la excusa del covid: el estado de alarma, instrumento para sacar a terroristas y golpistas de la cárcel y meterle a usted en el CNI, y, por último, lo de ayer: el voto de Podemos a favor de la comparecencia del prófugo Puigdemont en la comisión de reconstrucción en calidad de experto europeo. ¡En fin! El escudo social con Puigdemont. Realmente no cabe mayor ofensa a los veintiocho mil víctimas de la pandemia y al conjunto de los españoles.
Señor vicepresidente segundo, usted tiene un plan, es verdad. Es un plan, como he dicho, contra la democracia. Contra la democracia en sentido recto, porque violenta los derechos de los españoles, y contra la democracia también como la entiende usted. Usted dice: “más estado”. Falso. Usted apadrina a los que buscan la destrucción del estado. Esa es su paradoja: quiere mandar un régimen autoritario de izquierdas a la vez que erosiona la base de esa misma autoridad. Y esta es su mentira: sin estado no puede haber estado social, ni escudo, ni pensiones, ni nada. En realidad, señor vicepresidente segundo, todo su corpus doctrinal, si lo podemos llamar así, es contrario a la razón democrática y a la razón sin más.
Otra vez la hemeroteca.
Usted ha dicho, no de adolescente universitario, rebelde y tal, ya casi cuarentón, cosas como las siguientes:
“Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que disputo en la tele. Quizá, cuando acabemos esta charla en vez de mariconadas del teatro, nos vamos de cacería a Segovia a aplicar la justicia proletaria”.
“Me gusta quien moviliza al ejército para decir a los mercados: ¡cuidado, que las pistolas ahora las tengo yo!”
Otra: “el astuto Mao Tse-tung decía que el poder nace de la boca de los fusiles y así sigue siendo”. Lo de astuto es formidable tratándose del mayor asesino de la historia. Y esa obsesión con las armas, ¿de dónde le sale?
Aquí, otra vez: “estamos construyendo ese contrapoder social que hace que a un joven, si hace una pintada, si tira un cóctel molotov o, incluso, si saca una pistola, le proteja una parte de la sociedad”.
El siguiente se lo vamos a dedicar a la ministra igualdad:
“Uno puede afrontar las elecciones de una manera masculina, por cojones. Le decimos al poder: ‘aquí estamos yo y mis pelotas frente a ti’”. Muy bonito.
El último; éste es definitivo: “la democracia es incompatible ―dice― con el monopolio de la fuerza por parte del estado”. Está diciendo que la violencia contra el estado o entre particulares es legítima. Usted, señor vicepresidente segundo, legitima la violencia. Incluso, a veces, la practica: el escrache a Rosa Díez en la Complutense; jarabe democrático para dirigentes del PP; su apoyo a Rodrigo Lanza, aquel que mató a un hombre por llevar tirantes con la bandera de España, y ya, la semana pasada, sus amenazas a la presidenta Ayuso y al señor Abascal. Como el señor Torra, usted pretende ahora mantener un pie a las instituciones y el otro a los escuadrones. Pensará, supongo, que es más fácil hacer la revolución desde el poder. Desde luego, más cómodo, seguro que es. Yo quiero decirle que no hay ningún gobierno de Europa, un dirigente del que pueda citarse semejante arsenal de expresiones y hechos contra los valores de la Europa democrática, pacífica, moderna y civilizada. Barufakis español: ¡Ojalá! Usted es una anomalía europea; sus posiciones son de una marginalidad radical y no sólo por comunista. Como comunista, ciertamente, debería usted pedir perdón por los millones de muertos que hermanan a sus ideas con el nazismo. Sus posiciones son marginales, sobre todo por su vinculación con la violencia. Liquidar la Transición que en su momento fue el monumento a la reconciliación y la obra política más importante en nuestra historia. Acabar con la Constitución, que es la paz civil española, el marco que nos permite vivir juntos los distintos. Nada de eso puede hacerse contra la otra mitad de España por vías democráticas y pacíficas. Usted sólo podría imponer su proyecto por la fuerza o en circunstancias muy particulares y lo sabe. Lo reconoció en dos mil trece: “cuando hay elecciones ―dijo― en condiciones de normalidad, los comunistas nunca ganan. Los comunistas han tenido éxito en momentos de excepcionalidad, de crisis. Eso es. Usted, aprovechando la pandemia, la tragedia española para hacer avanzar sus proyecto que, en definitiva, no es otro que el fracaso de la España constitucional, la más justa y fértil de la historia. Y, por eso, yo no debería dirigirme tanto a usted hoy como a los socialistas, es verdad. Quizá no a la tercera fila, hoy primeras filas. ¿Qué puedo decirle yo a la señora Lastra, la infeliz firmante del pacto con Bildu, o al señor Simancas, que aceptó la humillación de tener que culpar de dicho pacto al PP? Pero sí a la bancada, y sobre todo a los votantes. Hay, es verdad, una España atávica, cuartelaria, autoritaria; una España bravía y sanguinolenta; una España que se regodea en el racismo, el conflicto, el odio, la violencia. Esa España ha tenido, además, su proyección en América latina. En la figura del caudillo, militarista, pendenciero, incluso un punto ridículo si las consecuencias no fueron dramáticas. Un Chávez, un Maduro, usted me entiende. El señor vicepresidente segundo enlaza perfectamente con esa tradición. Es la versión contemporánea del caudillo iberoamericano que tantos prejuicios enciende en el mundo anglosajón y que tantos estragos ha causado cíclicamente a la libertad y el bienestar de los españoles de ambos hemisferios. En mil novecientos setenta y ocho la tercera España enterró sus dos peores versiones y una España nueva, tolerante, abierta y luminosa, se puso en pie. Esa España es la que los socialistas deberían cuidar y promover, junto a esa inmensa mayoría de españoles que defiende la libertad, la igualdad y, sí, la fraternidad y, por eso, a modo de estímulo, ya para acabar, y a ver si me atienden, acabaré con unas palabras de la autoridad competente.
El hoy presidente del gobierno dijo en dos mil quince:
“Pablo Iglesias ha hecho de la mentira su forma de hacer política. Miente más que habla”.
Estoy segura, señor vicepresidente, que no le molestará la cita. Pensará que, viniendo de Pedro Sánchez Castejón, es un elogio. También en esto es usted el número dos. Muchas gracias.

Réplica:

¿Cómo era aquello, señor vicepresidente, del himno de España cutre pachanga fachosa? Defender a España. ¡Venga, vamos a descender a España! Los comunistas, efectivamente, fueron útiles cuando, a diferencia de ustedes, dejaron de ser comunistas. No vamos a hablar de su veneración y apego a los comunistas. El otro día, en el homenaje a Julio Anguita, que en paz descanse, escribió usted: “se nos va nuestro mejor referente político. Hasta siempre”. Pero es que, unos años antes, decía usted, en un acto, se quejaba de que mucha gente quiere resucitar a Anguita que es como el cadáver del Cid a caballo y deseaba que se fuera, literalmente y perdóneme, señoría, la expresión, a la mierda. Este es su apego a los referentes comunistas y al comunismo, su hipocresía radical.
Hablemos ahora de los padres la constitución. Sí, tenemos varios. Usted ha citado a Fraga, a la dictadura. ¿Usted me va a hablar de dictaduras? ¿El discípulo de los ayatolás de Irán? ¿El prohijado de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? Es que, a mí, no me tiene que contar, a mí y a muchos en esta cámara, no nos tienen que contar los resultados de esas políticas en Venezuela. Yo lo he visto con mis propios ojos: hambre, represión, violaciones, miseria. Sólo desde una infinita condescendencia con la violencia y sólo desde un racismo visceral, se lo diré, se puede mantener respecto a la dictadura venezolana la actitud que mantiene usted. Y una cosa más: sólo cuando su padre político Nicolás Maduro sea capaz de hacer una constitución como la que hizo Manuel Fraga podrá usted venir aquí a decir algo al respecto. Ahora esto de defender España, la sanidad pública, la educación, todo eso, se ha puesto muy campanudo usted, ¿no? Hablemos de eso: escudo social ―dice― protección de los débiles ―afirma―. Vamos a ver. Le voy a contar una cosa. Se lo voy a decir suavemente para que no duela mucho. La prima de riesgo española lleva su nombre, Pablo Iglesias Turrión es la prima de riesgo española, espantajo de los inversores, argumento irrefutable de los recelos europeos; sus posiciones hacen imposible un rescate en condiciones razonables, asumibles, que no supongan un brutal quebranto a los más débiles de este país. Sus posiciones destruyen empleo, sus frases amenazan las pensiones, los sueldos de los funcionarios, alejan la recuperación. A usted eso, claro, puede que le importe poco, ¿no?, el comunismo, al final, es el reparto de la miseria y todas estas cosas, pero que al conjunto de los españoles, sí. Cuando a usted los vulnerables y los débiles le escuchan, tiemblan. No tiemblan de veneración, como le gustaría a usted, que temblaran de veneración; tiemblan de pánico.
Tercero. Yo le he hablado… con atención hice un llamamiento a los socialistas pero, después de escucharles, yo creo que hay que hacer un llamamiento al conjunto los españoles. Yo pido a los españoles que recuerden los famosos versos de Gil de Biezma, ¿no?: “De todas las historias de la historia la más triste, sin duda, es la de España, porque termina mal”. Pero yo, sobre todo, les pido que recuerden la segunda parte, ahí donde asoma la esperanza, dice: “A menudo he pensado en otra historia distinta y menos triste; en otra España donde ya no cuentan los demonios. Pido que España expulse a esos demonios; que sea el hombre el dueño de su historia”. Efectivamente expulsemos a esos demonios; seamos dueños de nuestras historia. Huyan, españoles, de la sumisión, también de la trampa del asistencialismo que usted reparte, de esa gran mentira gubernamental que usted encarna, que se resume en más estado y que lo paguen otros, que lo pague Europa. España se va a recuperar, sí. Habrá que pedir ayuda, desde luego, no sólo para levantarnos, no para mantenernos en pie ni siquiera y, desde luego, no para mantenernos de rodillas como pretende el vicepresidente segundo. Podemos, ustedes, son en realidad un no podemos, una forma de abdicación política y social. España no está condenada a repetir sus errores históricos; no está condenada a la marginalidad ni al enfrentamiento. La España constitucional es reconciliación, algo que usted no entiende, y también es responsabilidad, algo que usted tampoco entiende, y esfuerzo, y capacidad de ser modelo. Como la Transición, sí. Y para eso no necesitamos a caudillitos carismáticos que nos tutelen, que nos traten como menores de edad. Me ratifico en que usted realmente es el pesimismo y la caspa.
Y una cosa más ya para acabar: Vamos a hablar de esto de la aristocracia. Ha hecho usted referencia a mi título de marquesa. A la clase social, la aristocracia, una y otra vez en definitiva, ¿no? Como usted muy bien sabe los hijos no somos responsables de nuestros padres, ni siquiera los padres somos del todo responsables de lo que vayan a hacer nuestros hijos por eso se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista. A esa aristocracia pertenece usted. A la del crimen político. Muchas gracias.

Protesta: Considerando magnífica esta intervención, no puedo menos que demostrar mi absoluto desacuerdo con la parte en la que afirma la existencia de una España atávica, cuartelaria, autoritaria, sanguinolenta que se regodea con el racismo, el conflicto, el odio, la violencia. Tal España ni existe ni ha existido nunca. Esto es error que critiqué hace unos días aquí a Oramas y que le critico a ella. Como es también un error la afirmación de Gil de Biedma de que la Historia más triste es la de España pero esto es harina de otro costal.

Vínculos:

Sesión parlamentaria completa. 27 de mayo de 2020.
Entrevista a Cayetana Álvarez de Toledo en RAC1. Abril 2019.
Alianza Popular recomienda el “sí” a la Constitución. El País, 31 de octubre de 1978.

Conceptos esparcidos | Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 mayo, 2020 at 17:30

Je m’apelle Françoise. Les Françoises

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Être Françoise au quotidien c’est un défi chaque matin.

 

 

 

Les Françoises, fue un grupo improvisado que se formó para representar este Je m’apelle Françoise, en la edición de  el festival de música Les Printemps de Bourges que se celebra cada mes de abril en esa ciudad.

Lo formaron Rosemary Standley, Emily Loizeau, Camille Dalmais, Jeanne Cherhal, Olivia Ruiz ―de ascendencia española― y Sophie Huriaux, La Grande Sophie, que fue quien compuso para la ocasión Je m’appelle Françoise, canción pegadiza, con estribillo encantador y fugaz, pero que envuelve una letra que reflexiona sobre la identidad francesa y no deja de tener su profundidad.

Es, en fin, una de las escasas pruebas de que, en la estética de nuestro tiempo, dominado por la fealdad, de vez en cuando surge algo bonito creado por la genialidad de alguien joven:

Sí, yo nací
después de la guerra
y de la descolonización;
pero llevo el nombre
de mi abuela orgullosa…

Vínculos:

Rosemary Standley. Wikipedia.
Emily Loizeau. Wikipedia.
Camille Dalmais. Wikipedia.
Jeanne Cherhal. Wikipedia.
Olivia Ruiz. Wikipedia.
Sophie Huriaux. Wikipedia.

Les Françoises au Printemps de Bourges. Le Palindrome.
Les "Françoises" au Printemps de Bourges. aufeminin.
Les Printemps de Bourges. Sitio oficial.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

27 mayo, 2020 at 8:49

Testamento político de S. M. C. Carlos VII

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Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto.
 
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Vínculos:

Apartados del Testamento. Wikisource.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

26 mayo, 2020 at 17:43