Acentuación del pronombre demostrativo
Es regla básica de la Ortografía la que manda acentúar los pronombres demostrativos para distinguirlos de los adjetivos.
Así, escribimos:
"Esta casa."
Sin acentuar por ser aquí "esta" el adjetivo que complementa al substantivo "casa".
En cambio, escribimos, o deberíamos escribir:
"Ésta es mi casa."
Pues, aquí, "ésta" es pronombre demostrativo que substituye al sustantivo "casa" y evita su repetición como sucedería en:
"Esta casa es mi casa."
No traería aquí a colación este asunto que, en principio, puede parecer irrisoriamente pedante, si no fuera porque, desde hace tiempo, vengo notando cómo, invariablemente, la práctica totalidad de nuestros escritores se saltan dicha norma a la torera, de forma que parece como si la no acentuación del pronombre demostrativo se hubiera convertido en práctica universal y regla ortográfica, hasta el punto de haberme hecho dudar de si el equivocado no sería yo.
Es como si la proximidad, dentro de la frase, del sustantivo al que reemplazan, confundiera al escritor y tomara por adjetivo lo que no es sino pronombre. Así, invariablemente, en nuestros días se escribe "Esta es mi casa" por "Ésta es mi casa".
Los ejemplos son infinitos:
"Este es el caso del señor Rodríguez Zapatero", escribió Mariano Rajoy en su discurso del Pleno Extraordinario sobre la política antiterrorista el 15 de este mes, sin darse cuenta de que lo que quería decir era "Este caso es el caso del señor Rodríguez Zapatero" y que, para no repetir tanto la palabra "caso" utilizaba el pronombre "Éste", con acento.
No tardó Zapatero en incurrir en el mismo error pues, en su discurso del mismo pleno nos dijo:
"Este es el gran reto, esta es la gran oportunidad y espero que todos sepamos estar a la altura que las circunstancias exigen."
Se me dirá que no hay que mirar con tanto escrúpulo los escritos de los políticos (especialmente los del señor Presidente del Gobierno) pero, insisto, no es falta que pueda atribuirse a descuido de personas que, al fin, no se dedican de manera fundamental a la escritura. Sin querer aburrir, pondré algunos ejemplos más sacados de, por lo demás, pulcros escritores:
"Si ese es el sentir mayoritario de los políticos más representativos del PP." (Alberto Recarte: El gobierno del PSOE reinicia el enfrentamiento civil en España, 27 de marzo del 2006).
"Pero estas son creencias, lo reconozco." (Cristina Losada, Todo por la paz, 30 de marzo del 2006).
"Todos esos son asuntos menores." (Agapito Mestre, El PP y la bestia, 4 de abril del 2005).
"A mi juicio, esta es la estrategia real de los enemigos de España y de la Libertad." (Federico Jiménez Losantos, El abismo del 11-M y el golpe parlamentario del 20-S, 24 de septiembre del 2006).
"Este es un punto de partida y a la vez su motor. (Filosofía y cristianismo, Julián Marías).
El mismo Amando de Miguel, en su columna "Lengua viva", incurre en el error:
"También está la fórmula inglesa: ‘Esta es Pili’". (Amando de Miguel, De los errores se aprende, 17 de enero del 2007).
La muchedumbre de ejemplos que precede no pretende aburrir sino mostrar, como digo, la universalidad de esta mala praxis que ha llegado a convertirse en norma en nuestros días, siendo prácticamente imposible encontrar construcciones de este tipo en las que el pronombre lleve la tilde que le corresponde.
Intrigado por el asunto y, ya digo, llegando incluso, ante semejante unanimidad, a dudar de que el error fuera mío, he investigado sobre el tema en los clásicos.
Veo que la vacilación existía ya en el siglo xvii, aunque, entonces, era sólo vacilación entre la forma correcta y la incorrecta, utilizándose unas veces la una y otras la otra.
Podemos ilustrarlo con algunos ejemplos de El Quijote. Cervantes acentúa en:
"–Ésta es cadena de galeotes," (Primera parte, cáp. XXII).
"–Éstos, pues –dijo el cura–, fueron los que nos robaron;" (Primera parte, cáp. XXIX).
"Éstas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario" (Primera parte, cáp. XXXIII).
Pero, otras veces, cae en el error que, al final, se impondría y deja de hacerlo en:
"Por adquirir estos que llaman bienes de fortuna." (Primera parte, cáp. XXXIII).
"Estas y otras razones dijo la lastimada Dorotea." (Primera parte, cáp. XXXVI).
"De poder entregar su voluntad a otra que aquella que, en el punto que sus ojos la vieron, la hizo señora absoluta de su alma." (Primera parte, cáp. XLIII).
Si bien, en este último ejemplo, me queda la duda de si, al ser el segundo "que" de "otra que aquella que", pronombre relativo, no cabría considerar, entonces, a "aquella", a su vez, adjetivo, con lo cual no debería llevar tilde.
Respuesta de don Amando de Miguel en Libertad Digital.


Estimado amigo, me presento: soy Adriana León, Licenciada en Letras de Caracas, Venezuela. Me permito escribirle pues por casualidad entré en su espacio y estuve leyendo sobre la acentuación del pronombre demostrativo, y al respecto (aunque soy de la antigua escuela que defiende la acentuación diacrítica en casos como éste) hago de su conocimiento que La Real Academia Española de la Lengua hace ya varios años dejó como opcional el acentuar o no los pronombres demostrativos, así que hoy en día quien les acentuase o dejare de hacerlo, no incurriría en ninguna falta ortográfica. Cabe destacar que comparto con Ud. la preocupación por los "desastres ortográficos y de redacción" (no hay otro calificativo) en los que incurren personajes de la vida pública, periodistas y hasta personas de renombrado currículum académico, pero lamentablemente con el paso del tiempo sólo seremos testigos de cómo nuestra lengua, verbal y escrita, se va deformando… es una lástima.
Por lo pronto me encantó toparme con su espacio, el cual encontré muy interesante, reciba Ud. mis más cordiales saludos.
Adriana León de Moschiano
Adriana
19 febrero, 2007 a 14:16